El banquero, el constructor, el agroindustrial, el hotelero: el hombre más rico de Colombia —número 64 en la lista de Forbes, con una fortuna avaluada en US$12.400 millones— contó hace poco que la clave para hacer negocios es siempre desarrollar estudios muy cuidadosos antes de realizar una compra.
Por ejemplo, hacer la debida diligencia para conocer la situación real del negocio que piensa comprar, y contar con estudios generales de mercado para medir bien las expectativas. E igualmente importante es la planeación financiera. Algo que, en sus justas proporciones, fue lo que hizo con la Casa Editorial El Tiempo (CEET), la organización de medios de comunicación más grande del país.
Lo hizo bajo absoluta reserva, porque cuando se le preguntaba sobre el tema dejaba claro que existía un contrato de confidencialidad que no le permitía hacer ningún comentario. Y como todo buen hombre de negocios, cumplió. Tenía razón. Su objetivo era obtener el 55% de las acciones del CEET, propiedad del Grupo Planeta, y quedarse, después de sumar el 33,37% que ya estaba en su poder, con el 88,37% del total de la organización.
Lo logró, como cuando en los años 80 se quedó con el Banco de Bogotá, después de ganarle la mano a José Alejandro Cortés. Ahora es el accionista mayoritario del grupo mediático, con las familias Santos y Espinosa como socios minoritarios, de quienes aún no se tiene conocimiento si venderán su pedazo de la torta.
En términos concretos, el banquero, que antes era noticia por sus jugadas financieras, por sus edificaciones visionarias, por su olfato para concesionar magnas transacciones de infraestructura, ahora lo es porque entre sus propiedades no sólo estará el tradicional periódico El Tiempo, que acaba de celebrar sus primeros 100 años y es la empresa más productiva del paquete, sino con el canal Citytv y las compañías Leadersearch, Metrocuadrado.com, Multirevistas Editores, Témpora Ltda., Media 24, Magazines Culturales, Círculo de Lectores (Colombia, Venezuela, Ecuador) e Intermedio Editores.
La compra significa, nada más ni nada menos, llegar pisando fuerte y con el pie derecho al negocio mediático, como lo han hecho otros grupos económicos en el país. Una compra de 128’848.905 acciones que, con seguridad, no le rentarán como lo hacen sus demás empresas.
Se tratará de institucionalidad, pues él mismo respondió, después de comprar el primer paquete de El Tiempo, que lo hacía porque lo consideraba “fundamental para defender la institucionalidad y la estabilidad de nuestra patria”. ¿Por qué uno de los grandes banqueros y empresarios del país incursionó en un negocio en el que aún no había hecho presencia?
La realidad y lo que está claro es que el 17 de septiembre de 2007 el Grupo Planeta formalizó la alianza estratégica con la CEET, después de invertir US$180 millones al comprar el 55% de las acciones, con el fin de hacer de la organización “un moderno grupo de medios de comunicación nacional e internacional”. Ahora, lo que se dice en los pasillos de El Tiempo es que los españoles en parte tomaron la decisión de vender porque el negocio del tercer canal no tuvo el final que estaban esperando y, además, porque los ingresos de los medios impresos han caído tanto que ahora la pelea podría darse en internet.
Confirmada la compra del banquero, y como sucede cada vez que llega otra administración, El Tiempo inicia una nueva era, quizás como en 1913, cuando Eduardo Santos Montejo se lo comprara a Alonso Villegas Restrepo y comenzara a construir una empresa familiar que en pleno siglo XXI sigue más pujante que nunca, reinventándose y con pocas ganas de detenerse.