La brillante carrera de Dominique Srauss-Khan comenzó a desmoronarse cuando dejó olvidado su teléfono celular en el mismo cuarto de hotel donde, presuntamente, intentó violar a una camarera. “Mi vuelo sale a las 4:26 p.m. Estoy en el terminal de Air France, puerta 4, vuelo 23”. Esa fue la primera pista que el expresidente del Fondo Monetario Internacional (FMI) brindó a las autoridades neoyorquinas, las mismas que terminaron arrestándolo en el aeropuerto John F. Kennedy.
Así se puede leer en el acta de arresto que elaboró la Policía de Nueva York el pasado 15 de mayo, y que puso en conocimiento público la Fiscalía de esa ciudad a través de su página de internet. Según el documento, la llamada se produjo hacia las 3:29 de la tarde del pasado sábado 14 de mayo, más de tres horas después del supuesto ataque sexual del alto ejecutivo a una camarera de origen africano en el Hotel Sofitel.
Tras comprobar que había dejado su celular en la escena del crimen, y tal vez confiado en que su alto cargo hubiera prevenido a la víctima de denunciar el hecho, Strauss-Khan llamó al Departamento de Objetos Perdidos del hotel y le pidió al encargado que le llevara el teléfono hasta el aeropuerto; lo que no sabía es que el empleado que contestó estaba acompañado por el detective John Mongiello. Para mantener el contacto, el alto directivo del FMI suministró un número telefónico.
Alrededor de una hora y media después, cuando Strauss-Khan se disponía a subirse al avión, fue abordado por dos hombres en la sala de espera. “¿Puedo ver su pasaporte? Nos gustaría que nos acompañara”, le dijo el detective Diwan Maharaj, quien, tras ser cuestionado por la orden, se negó a dar explicación alguna: “Este no es el momento ni el lugar para discutir. ¿Tiene equipaje a bordo?”.
Posteriormente, cuando dos detectives le informaron que su detención obedecía a un incidente en su cuarto de hotel, el ejecutivo guardó silencio; ya en la comisaría del aeropuerto, el detenido (quien se quejó por ser esposado) trató de convencer a las autoridades de tener fuero diplomático. “No está registrado en este pasaporte, sino en otro a mi nombre. ¿Puedo hablar con alguien en el consulado francés?”, preguntó, pero ante la negativa se conformó con un vaso de agua que le ofrecieron.
Hacia las nueve de la noche, Strauss-Khan se encontraba en la sede del Escuadrón Especial de Víctimas, en Manhattan, la primera prisión que visitaría tras ser arrestado. “Quiero llamar a Bill Taylor, mi abogado. Necesito mi celular”, le dijo al detective Miguel Rivera, quien se negó a la petición tras asegurar que no tenía acceso al teléfono. “¿Necesito un abogado?”, contrapreguntó el detenido, y la respuesta que obtuvo no fue para nada reconfortante: “Es su derecho tener un abogado en este país si quiere. No sé si tiene algún tipo de estatus diplomático”.
Tan pronto se dio cuenta de que su estrategia no tendría efecto alguno, el ejecutivo se disculpó: “No, no, no. No estoy tratando de utilizarlo, sólo quiero saber si necesito un abogado”. “Es su decisión”, concluyó el detective.
El documento describe cómo el interrogatorio se extendió hasta el día siguiente, la negativa de Strauss-Khan (por pedido de su abogado) a hablar sobre las acusaciones en su contra y cómo, el domingo 15 de mayo, cuando el caso se había filtrado a los medios, pidió huevos para desayunar y, más tarde, un sándwich al almuerzo.
Este es el primer detalle que las autoridades neoyorquinas difunden a los medios sobre la investigación en contra de Strauss-Khan, quien debió a renunciar a su cargo a medida que el juicio en su contra comprometió, tanto su imagen, como a la del FMI. El estudio de ADN sobre el uniforme de la víctima, que fue filtrado a la prensa y que, según algunas versiones de los medios, demostraba la culpabilidad del ejecutivo, fue desmentido por la Fiscalía neoyorquina.
Mientras tanto, el proceso para elegir su sucesor al frente del FMI avanza con las candidaturas oficiales de Cristine Lagard, ministra francesa de Finanzas, y Agustín Carstens, gobernador del Banco de México.
Ambos nominados han viajado alrededor del mundo para sumar sus apoyos, siendo la primera la que mejores resultados ha conseguido con el apoyo que el G8, la Unión Europea, los países africanos y algunas economías de Oriente Medio han expresado alrededor de su nombre. Sin embargo, el mundo espera que las principales economías del mundo en la actualidad (Brasil, Rusia, India y China) se inclinen por un nombre.
El FMI escogerá a su nuevo presidente en menos de dos meses, tiempo en el cual Strauss-Khan, junto a su abogado Benjamin Brafman, tendrá que articular su defensa contra los siete cargos en su contra, entre los que sobresalen intento de violación, abuso sexual en primer grado y forzar a una persona a mantener sexo oral. De ser declarado culpable, enfrentaría una pena de hasta 74 años de prisión.