La reciente crisis diplomática con Estados Unidos, aunque breve, dejó en claro algo que ya se sabía, pero para lo cual no hay un plan B certero: las decisiones de nuestro principal socio comercial inevitablemente sacuden a la economía colombiana.
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Si antes del impasse entre Gustavo Petro y Donald Trump la relación con Washington se asumía en terreno estable —incluso en medio del afán reformista del mandatario estadounidense—, ahora Colombia se sumó al club de países (junto a Canadá y México) que, de aquí en más, deberán escuchar la palabra “aranceles” cuando las cosas con Estados Unidos se tuerzan; un “cinturón sobre la mesa” si las tensiones se elevan.
Mientras los ánimos se enfrían y las amenazas de aranceles —de parte y parte— se las lleva el viento, el impasse de ese atípico domingo 26 de enero es un recordatorio de que, aunque Estados Unidos ha sido un pilar para el comercio exterior colombiano, no se puede depender de un solo jugador.
Con corte a noviembre de 2024, Estados Unidos fue el principal destino de las exportaciones colombianas, acumulando el 29,1 % del total en millones de dólares exportados; le siguieron Panamá (8,6 %), India (5,6 %) y China (4,8 %).
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Para pisar el acelerador en la tarea inconclusa de la diversificación del comercio exterior, Colombia debería mirar más allá del norte y apostar de manera más decidida al sur. Ahí es donde entra China. Luego de décadas de crecimiento en materia comercial, la pregunta ya no es si China debe ser parte de la ecuación, sino cómo y hasta dónde aprovechar las oportunidades derivadas de las relaciones bilaterales con el gigante asiático.
¿El comercio entre Colombia y China se podría equiparar algún día al que se tiene con Estados Unidos? Los crecientes acercamientos con el país asiático hacen que la idea no parezca tan descabellada, aunque no será de ejecución inmediata.
Así está el comercio con China
Datos provistos por la Cámara Colombo China de Inversión y Comercio indican que, desde los años 80, el comercio entre Colombia y el gigante asiático se ha expandido unas 700 veces.
Entre enero y noviembre de 2024, las exportaciones colombianas a China dejaron US$2.148 millones. Los combustibles y sus derivados tienen el mayor peso (más de 60 %) y representaron US$1.392 millones. Le siguen fundición, hierro y acero (US$254 millones), según el DANE. Resalta la dinámica de café, té, yerba mate y especias, categoría que representó ventas por US$135 millones a noviembre del año pasado, lo que refleja un crecimiento de 30 %.
En la otra vía, China es el segundo socio de importaciones de Colombia, con una diferencia en volumen menor al 1 % en los últimos dos años con Estados Unidos, el primero en la lista, de acuerdo con Íngrid Chaves, directora ejecutiva de la Cámara Colombo China de Inversión y Comercio.
Del país asiático se traen teléfonos móviles, maquinaria, neumáticos y motocicletas, principalmente. Además, si se suman exportaciones e importaciones, este intercambio comercial mueve de US$15.000 a US$17.000 millones al año. El pico más alto se alcanzó en 2023.
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Hay que tener claro que esta relación comercial es desigual: mientras Colombia importa grandes volúmenes de productos con alto valor agregado, sus exportaciones a China están dominadas por materias primas, lo que genera un déficit en la balanza comercial (es decir, Colombia compra mucho más a China de lo que le vende).
¿Qué debe pasar para que China se convierta en un socio comercial de talla mayor para Colombia? Estas son las oportunidades sobre la mesa.
Mapa de oportunidades
Un mercado de más de 1.400 millones de personas, en donde los hogares de clase media-alta (de ingresos entre US$16.000 y US$34.000 al año) ya llegan al 54 % de la población total; consumidores cada vez más interesados en sabores exóticos como los de las frutas y verduras colombianas, 35 rutas aéreas en conexión, 95 rutas marítimas y más de una decena de acuerdos comerciales vigentes conforman el telón de las relaciones comerciales Colombia y China. Pese al enorme potencial que estos datos sugieren, la realidad es que la participación de China en el comercio exterior colombiano sigue siendo baja. Para David Castrillón Kerrigan, profesor e investigador de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia (y columnista de este diario), Colombia está rezagada en su relación con China en comparación con otros países vecinos, los cuales tienen más tiempo, mayor integración y más mecanismos compartidos con el gigante asiático.
De fondo, los estrechos lazos entre Estados Unidos y Colombia, entre otros factores como la percepción de inseguridad, frenaron por varios años una cooperación más profunda con China.
Así lo cree Íngrid Chaves, de la Cámara Colombo China, quien destaca los avances que se han dado en el último lustro en productos no tradicionales, con el café como uno de los renglones con mayor margen de crecimiento, que “está creciendo de manera exponencial y hay otros productos como el cacao, las flores y la pulpa de fruta congelada que también lo están haciendo. Nos sorprendió ver al presidente Petro firmando un acuerdo para la exportación de quinoa”, afirma.
La Cámara Colombo China proyecta un crecimiento sostenido en las exportaciones de proteínas animales. “Ya se exportó un primer contenedor de carne de res a China (a mediados de 2024) y detrás vendrán la carne de cerdo y el pollo, que aún no cuentan con la admisibilidad, pero el proceso está muy avanzado”, afirma Chaves. Además, la directora ejecutiva adelanta que, en marzo de este año, representantes del ente de salubridad de China visitarán Colombia para inspeccionar plantas que procesan estas tres carnes. Un paso clave para el envío de contenedores.
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Del lado de la presencia china en Colombia, algunos de los sectores con mayor potencial son la infraestructura (firmas chinas están interesadas en construir la segunda línea del metro de Bogotá, por ejemplo), la energía solar (mercado en el que China domina la producción de paneles fotovoltaicos) y la hidroeléctrica, las telecomunicaciones y el desarrollo de infraestructura digital (como las redes 5G).
“Aún estamos al inicio de todo esto. Será muy interesante ver cómo, posiblemente, se desarrollan proyectos de ensamblaje de vehículos eléctricos chinos en Colombia o la producción de partes y componentes que vayan a China, lo que nos permitiría desarrollar nuestro sector manufacturero”, estima Castrillón Kerrigan.
Y en un momento en que el turismo en Colombia alcanza cifras récord de visitantes extranjeros, China se mantiene como el mayor emisor de turistas a nivel global.
Esto abre una oportunidad para fortalecer las comunidades locales a través del turismo, alineándose con las iniciativas del Gobierno Nacional para impulsar el desarrollo sostenible en el sector.
Caminos para llegar a China
Aprovechar estas oportunidades no será rápido ni sencillo para los exportadores colombianos.
La alta competencia del mercado chino es bien conocida y, además, Colombia deberá medirse con rivales directos en la región, como Ecuador, Brasil y Uruguay, cuyas ofertas en agroalimentos no solo son similares a las nuestras, sino que ya ocupan una parte del mercado que los empresarios colombianos deberán disputar.
Como explica Camilo Defelipe Villa, experto en economía china y docente de Ciencias Políticas de la Universidad Javeriana, las barreras no arancelarias de China son un desafío a vencer si se quiere incrementar las exportaciones a ese destino.
“Es un país muy exigente con el sector agroindustrial, en lo fitosanitario. Para ingresar hay que tener en cuenta que China son varios mercados en uno solo, con sus propias reglas, cadenas de distribución, idiosincrasias y patrones de consumo. No es un mercado imposible, es más bien un tema de largo plazo, flexibilidad y paciencia”, señala Defelipe.
En palabras del docente, las vías para acercarse a China no pasan únicamente por las empresas, embajadas o la afinidad ideológica entre gobiernos. “Colombia debe llegar a China junto a la región; es decir, con bloques como la Alianza del Pacífico o la CELAC, para apuntarle al mercado Asia-Pacífico”, precisa.
Un esfuerzo en esta dirección son las negociaciones que adelanta el Gobierno nacional para la adhesión de Colombia a la iniciativa de la Franja y la Ruta, una versión moderna de la Ruta de la Seda que ya reúne a más de 150 países. Este “club de amigos” de China busca facilitar el flujo de bienes, capital, tecnología y recursos humanos entre el gigante asiático y sus miembros, y no implica la firma de tratados de libre comercio (TLC).
En recientes declaraciones a medios de comunicación, el ministro de Comercio, Industria y Turismo, Luis Carlos Reyes, comentó que el ingreso de Colombia a la Franja y la Ruta podría oficializarse en el primer semestre de este año.
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¿Reemplazar a Estados Unidos?
En el corto plazo, China no podrá reemplazar a Estados Unidos como el socio estratégico de Colombia. Sin embargo, fortalecer la relación con el gigante asiático no implica darle la espalda a Washington, sino ampliar las opciones comerciales del país. Ante la pregunta de si es viable reemplazar el mercado de EE. UU. por el de China, Javier Díaz, presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), es claro: el enfoque no debe ser de sustitución, sino de diversificación.
“Eso no significa que vamos a abandonar Estados Unidos. Tenemos que tener una estrategia frente a Estados Unidos, una frente a Europa, una frente a Asia y una frente a África. Son mercados diferentes”, afirmó Díaz en una reciente entrevista con este diario.
No es un secreto que Estados Unidos y China, potencias económicas de nuestra era, sostienen tensiones comerciales acentuadas por profundas diferencias ideológicas.
En este escenario, Colombia deberá hacer gala de prudencia para mantener su relación con Washington sin cerrar la puerta a las oportunidades que ofrece Beijing. Ahora bien, no se espera que China quiera llenar el papel que tiene Estados Unidos en Colombia. “No tiene los mismos mecanismos de cooperación que Estados Unidos. Colombia es pequeña para China. En caso de hacer apuestas, les interesa más Brasil, Argentina, Chile, Perú (país con el mayor flujo de inversión china en Latinoamérica) o México”, asevera Defelipe.
Entre tanto, puede decirse que la estrategia de acercamiento a China ha sido cautelosa y calculada, particularmente en la negociación para el ingreso de Colombia a la Franja y la Ruta. Castrillón Kerrigan destaca que este proceso, iniciado en el gobierno Duque y continuado por el gobierno Petro, permite presentar una eventual adhesión como una política de Estado y no como un giro ideológico.
Para el experto, no se trata de que Colombia quede atrapada en un ajedrez geopolítico: “No nos estamos lanzando a los brazos de nadie, sino avanzando como un país soberano, buscando el balance y las relaciones justas con todos”.
Un viejo proverbio chino reza: “El agua que fluye no se pudre, la bisagra que se mueve no se oxida”. Como el agua, el comercio exterior de Colombia debe evitar el estancamiento. Diversificar no significa romper lazos, sino fortalecer la capacidad del país para adaptarse y crecer en distintos mercados.
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