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El tiro por la culata en el panorama del gas natural y la transición energética

De acuerdo con Naturgás, un porcentaje de industrias de diversos renglones está abandonando el gas natural para reemplazarlo por fuentes más contaminantes, en medio de un escenario de escasez nacional y precios altos por cuenta de las importaciones.

05 de marzo de 2026 - 06:01 p. m.
El puerto de Gas Natural Licuado (GNL) SPEC de Promigas, en Cartagena, es el único punto de entrada actual para el gas importado en el país.
Foto: Bloomberg - Carlos Parra Rios
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El país importa gas natural desde hace al menos una década. Pero hasta 2024, el uso de este combustible era para cubrir la demanda de las plantas térmicas, que suplen las necesidades de una parte del mercado eléctrico en el país, con especial intensidad cuando los embalses están por debajo de sus niveles de referencia (en sequías ocasionadas por fenómenos como el de El Niño, por ejemplo).

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Desde diciembre de 2024, el país importa gas natural para cubrir la demanda de comercios, vehículos y hogares, en medio de una falta de abastecimiento local que, si bien no se dio exclusivamente en los últimos cuatro años, sí se ha agravado en este periodo.

¿Qué tanto? Bueno, datos de Naturgás presentados este jueves ayudan a entender la seriedad de un escenario en el que han volado gritos y platos rotos prácticamente desde agosto de 2022, a la par de acusaciones de complots y otra serie de fantasmas de juego sucio.

De acuerdo con el gremio del sector gasífero, entre diciembre de 2025 y enero de este año, 16 % de los contratos para adquirir este combustible en el sector industrial no fueron renovados. Esto por cuenta de la falta de gas local, lo que ha hecho que el combustible suba de precio (un escenario que podría intensificarse, cortesía de la guerra en Irán).

Las industrias que no renovaron estos contratos (por unos 38 giga BTU por día) están reemplazando esta fuente de energía por combustibles más contaminantes, de esta forma, según Naturgás: el 50 % por GLP; 23 % por carbón; 11 % por bagazo; 10 % por fuel oil; 6 % por electricidad y 0,1 % cerraron y migraron a otros países.

Entre los tipos de industria que están sustituyendo el gas natural se encuentra construcción, alimentos y bebidas, metalmecánica, papel y cartón.

Lo más probable es que los industriales estén buscando mejores precios y continuidad en el suministro, teniendo en cuenta que más del 40 % de la demanda del sector está cubierta con contratos con gas que no es firme, es decir, que está sujeto a interrupciones.

Esta sustitución, de acuerdo con las cuentas del gremio, implica un aumento anual de 164.000 toneladas de CO2 en emisiones de gases de efecto invernadero. Los sustitutos con mayor impacto en emisiones son el carbón y el GLP.

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Luz Stella Murgas, presidenta de Naturgás, lo puso de esta forma durante una rueda de prensa este jueves: “El principal impacto en las grandes industrias, de la estrechez de gas por la que atraviesa el país, fue la sustitución por combustibles más contaminantes. Evidenciamos un retroceso en la transición energética”.

El pronunciamiento no es menor si se tiene en cuenta que una de las banderas de la actual administración es, justamente, el avance de la transición energética. Pero, como comentó un analista: “Esto es lo que pasa cuando usted quiere hacer una transformación de este tamaño a palazos”.

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De acuerdo con algunos estimados, la demanda nacional de gas natural ronda actualmente los niveles que se registraban en 2011. El punto no es enteramente malo, si sucedieran dos cosas: la demanda general por energía haya bajado en el país (no lo ha hecho) o se haya encontrado un sustituto más limpio, pues al final estamos hablando de un combustible fósil (tampoco ha sucedido esto).

Entonces, como comenta un analista consultado por este diario, lo que ha pasado es que, persiguiendo una agenda ambiental, las decisiones de política pública frente a la industria extractiva están generando impactos ambientales palpables, que no parecieran poder meterse debajo de la alfombra de las conspiraciones o el espejo retrovisor en el que sólo se ven los gobiernos pasados.

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El escenario que presentó Naturgás no es nada alentador si se tiene en cuenta que el renglón industrial es el mayor consumidor de gas natural, con 28 % de la demanda (le siguen la generación térmica y los hogares). Esto quiere decir que, si la tendencia observada entre diciembre y enero se mantiene o crece, se hará en una escala representativa y con el potencial de sumar pasivos ambientales.

Actualmente, las industrias que más consumen gas natural son las de productos minerales no metálicos, seguidas por las industrias alimenticias, las industrias metalúrgicas básicas, las de sustancias y productos químicos y las de papel y cartón.

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“Durante décadas el gas natural permitió que la industria colombiana fuera más limpia y competitiva. Hoy la pérdida de autosuficiencia en gas está obligando a migrar hacia combustibles más contaminantes”, aseguró Murgas.

Según cifras recopiladas por Naturgás, del total de gas que consumió Colombia en 2025, el 20 % fue importado: 12 % para la generación de energía y 8 % para hogares, comercios y vehículos.

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El problema de los precios y la oferta

De acuerdo con datos de empresas de servicios públicos, el déficit de gas natural local para este año llegará a 23 %. Y los escenarios para el futuro más inmediato (2026 y 2027) no son los más positivos.

De acuerdo con un estudio de Andesco y el Centro Regional de Estudios de Energía (CREE) el déficit podría llegar a 53 % para 2027. Esto es contemplando un panorama en el cual llueva mucho y los embalses puedan responder por la mayoría de la demanda de electricidad en el país, dejando a las térmicas en la banca, por decirlo de una forma.

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Pero si se materializa el escenario diametralmente opuesto, este porcentaje llega casi a 70 % en 2027 y supera cómodamente 50 % para este año.

La buena noticia es que, en este momento, hay al menos 14 proyectos de regasificación en marcha (bien sea en estructuración o construcción) y esto sumaría una capacidad adicional vital, pues hoy en día tan sólo opera una terminal, la de SPEC en Cartagena. También está sobre la mesa la opción de importar desde Venezuela, una alternativa en la que ha insistido el Gobierno Petro: el panorama se ha despejado con las decisiones recientes de Estados Unidos, aunque todavía no es posible para Ecopetrol negociar con PDVSA.

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La petrolera espera que desde el tercer trimestre de este año empiece a funcionar la regasificadora del Pacífico, en Buenaventura. Así mismo, proyecta que para finales de 2026 iniciaría la comercialización del gas regasificado en Puerto Bahía. Una terminal extra entraría al panorama en Coveñas para 2029.

Pero hasta entonces, si bien las nuevas opciones de regasificación le quitarán presiones a la ecuación entre oferta y demanda, lo harán a mayores precios que el gas producido localmente.

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Y esta no es una buena noticia, menos aún si se tiene en cuenta que los precios internacionales están sujetos a una serie de volatilidades que no están en el control del país. El ejemplo que ilustra este punto: la guerra contra Irán y los ataques en Oriente Medio.

Frank Pearl, presidente de la Asociación Colombiana de Petróleo y Gas (ACP), explica que aunque el país no importa gas directamente desde esa zona, el mercado del GNL es global.

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La oferta, principalmente, proviene en 22 % de Estados Unidos, 19 % de Australia y 18 % de Qatar, y toma como referencias índices internacionales, como el TTF en Europa y el JKM en Asia. Ambos han mostrado incrementos relevantes en operaciones de corto plazo (36 % y 25 %, respectivamente). La cabeza del gremio advierte que cuando aumenta el riesgo geopolítico se incrementan las primas de riesgo, lo que puede impactar el costo del gas importado, especialmente en compras de corto plazo.

¿Cuándo se sentirán los efectos? Murgas aclaró que el gas ya está contratado hasta el mes de mayo: “Hasta ese mes estamos blindados, pero si el conflicto se prolonga más allá de esa fecha, es muy probable que los precios se vean impactados”.

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Para Pearl, esta coyuntura evidencia uno de los principales riesgos que se asume con la importación: la exposición a la volatilidad internacional.

Por ahora, el camino más claro para volver a ser autosuficientes es el pozo Sirius, de Petrobrás y Ecopetrol, que entrará al mercado en 2030.

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“Como industria reiteramos la importancia de fortalecer la producción nacional para no depender de fuentes externas y de realizar los ajustes necesarios para reducir la exposición al mercado de corto plazo y acceder a esquemas de largo plazo que mitiguen la volatilidad y le den mayor estabilidad energética al país”, sostiene el presidente de la ACP.

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