La fuerte ola invernal volvió a jugarles una mala pasada a los hogares colombianos en el primer mes de 2011, pues el DANE confirmó que el costo de vida subió en enero 0,91%; según la entidad, la principal causa fue el alza en los precios de los alimentos y el transporte, dos factores que han conspirado contra el bolsillo.
“La infraestructura del país quedó en muy malas condiciones por cuenta del invierno, por lo que no hay comunicación entre los sitios productores y los sitios de venta”, explica Rafael Mejía, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), para quien el sobreprecio se debe, ante todo, a la especulación de ciertos actores en la cadena de comercialización: “Contrario a la tendencia, los precios al productor siguen bajando”.
Por su parte, el Sistema de Información de Precios del Sector Agropecuario (Sipsa) constata alzas de ciertos alimentos en las centrales mayoristas del país a causa de su baja producción. Es el caso de las verduras y hortalizas, siendo el apio (con un sobrecosto del 44%), el fríjol verde (34%), la remolacha (23%) y el brócoli (21%) los que más preocupan.
La tendencia demuestra que el precio de los alimentos se incrementó 1,61% durante enero de 2011, comportamiento que se ha acentuado en los últimos 12 meses, periodo en el que subió 4,81%.
Pero la situación empeoraría aún más en los próximos meses. “El fenómeno de ‘La Niña’ no ha acabado. Los informes meteorológicos calculan que las lluvias se intensificarán entre marzo y mayo. Además, estimamos que el costo de los alimentos subirá 5,7% en 2011, y el alza será de 2,8% en el primer trimestre”, añade Mejía.
A esto debe añadírsele el contexto internacional: los altos precios de los commodities (materias primas) empujan los precios al alza. Como el caso del maíz, del cual Colombia importa tres cuartas partes tanto para su consumo interno como insumo para las industrias avícola y ganadera, por lo cual se cree que en el futuro también se dispararían los precios de alimentos como la carne, el pollo, los lácteos y los huevos.
También está el precio internacional del barril de petróleo, que en las últimas semanas ha descendido de su precio más alto en dos años (por encima de los US$90), pero aún se mantiene por encima de la barrera de los US$80. La consecuencia más inmediata de este hecho sobre los alimentos en nuestro país es el aumento en el precio de fertilizantes, como la urea, un escollo más en esta cadena de fijación de precios.
Y por si fuera poco, todavía están por verse las consecuencias que el actual paro camionero (que se inició la semana pasada por el anuncio del Gobierno de eliminar la tabla de fletes) pueda tener en las centrales de abasto.
Actualmente, gran parte de los más de 120.000 vehículos que han acatado el cese de actividades pertenece al sector de carga pesada, por lo que se ha registrado disminución de los flujos de camiones en los puertos de Buenaventura y Tumaco.
Aún no se tienen cifras concretas de la parálisis de camiones que transportan frutas, verduras y hortalizas a las centrales de abastos, pero datos preliminares señalan que los fletes para los alimentos se han incrementado hasta 250%.