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Crecimiento personal: la mejor productividad empieza fijando objetivos desafiantes

Capítulo de “Hábitos de alto impacto”, sello editorial Aguilar, el más reciente libro del fundador de la Academia para el Alto Rendimiento y autor del bestseller “El mensajero millonario”.

25 de febrero de 2025 - 11:00 a. m.
El estadounidense Brendon Burchard, de 47 años de edad, se ha convertido en uno de los expertos en motivación e instrucción personal más importantes del mundo.
Foto: Cortesía Penguin
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Una de las peores sensaciones del mundo es la de estar increíblemente ocupado, pero sentir que no estás progresando nada. Estás luchando en el lado correcto, pero tu planteamiento te está destrozando la salud o comprometiendo tu bienestar. Los proyectos parecen no acabar nunca. El progreso llega demasiado lento. La felicidad es siempre un horizonte lejano que nunca se alcanza. Athena se sentía así. La mayoría de nosotros nos hemos sentido así en algún momento.

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A veces ser eficiente no basta, porque el logro puede ser inútil si no está en sincronía con quien eres, con lo que quieres hacer en verdad, con lo que eres capaz de hacer. Hay que aprender la diferencia entre simplemente hacer las cosas y alcanzar una productividad de alto rendimiento.

Las personas de alto rendimiento tienen un planteamiento muy consciente para planear sus días, sus proyectos y sus tareas en comparación con las personas de bajo rendimiento. Como la mayoría de las personas productivas, las de alto rendimiento califican alto afirmaciones del tipo: “Soy bueno estableciendo prioridades y trabajando en lo que es importante” y “Me mantengo concentrado y evito distracciones y tentaciones” (cuanto más de acuerdo estén con estas afirmaciones, mayor es la calificación en alto rendimiento). La diferencia es que cuando se comparan con sus colegas, las personas de alto rendimiento son más productivas y, además, también más felices, menos estresadas y se sienten más recompensadas a largo plazo.

La búsqueda de la felicidad es especialmente relevante, ya que muchas personas creen que no pueden hacer más sin comprometer su bienestar o su sensación de equilibrio. Pero eso no es cierto. Las personas de alto rendimiento han encontrado un modo de producir más y a la vez comer más sano, hacer más ejercicio y, aun así, sentir un mayor aprecio por aceptar nuevos retos que sus pares. Y no sólo consiguen sacar adelante más trabajo improductivo en el sentido de que se ensucian las manos; sino que terminan más actividades e informan sentirse más enfocadas en la excelencia que sus colegas. Mis entrevistas con numerosas personas de alto rendimiento y sus colegas en la última década confirman sus declaraciones.

Nada de esto se debe a que las personas de alto rendimiento sean superhumanos o tengan una sobredosis de cafeína. Tampoco se debe a los ideales de sentirse bien que nos suelen vender hoy en día para llegar a ser más productivos. Creer que uno da más que sus colegas o que está marcando la diferencia puede aumentar la sensación de motivación y satisfacción, pero, repito, esos aspectos no siempre llevan a un aumento de la productividad. Sólo porque seas generoso no significa que seas bueno para establecer prioridades o evitar distracciones. Las personas generosas pueden ponerle mucho corazón a todo, pero no siempre terminan lo que empiezan.

Entonces, ¿por qué las personas de alto rendimiento producen más, pero también mantienen su bienestar y su equilibrio? Es porque practican muchos de los hábitos conscientes que aprenderás en este capítulo.

Para sacarle el máximo partido a este capítulo es importante que dejes a un lado cualquier idea preconcebida sobre el equilibrio entre el trabajo y la vida o si buscar logros tangibles en la vida es un objetivo que merezca la pena o no. Mantén la mente abierta, porque dominar este hábito puede tener consecuencias mucho más amplias en todos los aspectos de tu vida, sobre todo en la forma en la que te percibes a ti mismo y al mundo en general. Nuestras investigaciones mostraron que si sientes que eres más productivo, entonces tienes más probabilidades de sentirte feliz, con más éxito y más confianza. También tienes más probabilidades de cuidarte más, de que te asciendan más a menudo y de que ganes más que las personas que se sienten menos productivas.

Estas no son mis opiniones; son resultados vitales importantes y cuantificables que descubrimos tras numerosas encuestas y estudios. En mi experiencia de coaching, me quedó claro que las personas de alto rendimiento también son las más valiosas y mejor pagadas de una organización. Las empresas quieren líderes de alto rendimiento porque están centrados, gestionan bien las tareas y tienen éxito más veces en llevar los proyectos hasta su final. Se abruman con menor frecuencia y trabajan en sus objetivos durante más tiempo, con un mayor sentido de alegría y camaradería que otros.

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Está claro que dominar esta área de tu vida te dará poder. Vamos a examinar primero los fundamentos para pasar después a los hábitos avanzados.

FUNDAMENTOS DE LA PRODUCTIVIDAD

“El día es siempre de quien trabaja con serenidad y grandes objetivos”. —Ralph Waldo Emerson

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Los fundamentos para volverse más productivo son fijarse objetivos y conservar la energía y la concentración. Sin objetivos, sin concentración y sin energía… estarás hundido.

La productividad empieza con los objetivos. Cuando tienes objetivos claros y desafiantes, tiendes a estar más concentrado y comprometido, lo que lleva a sentir que estás fluyendo y disfrutando más de lo que estás haciendo. Un mayor disfrute te da esa motivación intrínseca que ha estado correlacionada con una mayor productividad, tanto a nivel cuantitativo como cualitativo.

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Lo mismo se aplica para los equipos. Los grupos que tienen objetivos claros y desafiantes casi siempre superan en rendimiento a aquellos que no tienen objetivos explícitos. Las investigaciones muestran constantemente que los objetivos grupales inspiran a las personas a trabajar más rápido y durante periodos más largos, a prestar más atención a las tareas que importan, a distraerse menos y a aumentar su esfuerzo en general.

La energía es otro factor muy importante para determinar la productividad. Casi todo lo que hagas para cuidar de ti mismo importa a la hora de aumentar tu alto rendimiento. Un sueño reparador, una buena nutrición y el ejercicio son buenos impulsores de la productividad. Y no sólo de la tuya… sino que la productividad de economías enteras puede estar unida, por ejemplo, a los hábitos nutricionales de sus ciudadanos.

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Recuerda que la Energía con “E” mayúscula no sólo se trataba del sueño, la nutrición y el ejercicio, sino también de las emociones positivas. Es indiscutible que las personas felices son más productivas. De hecho, un metaanálisis de más de 275 mil personas de más de 200 estudios mostró que las personas felices no sólo son más productivas; también reciben evaluaciones más altas por la calidad de su trabajo, su formalidad y su creatividad.

Otro estudio demostró que los estudiantes que estaban más contentos en la universidad tenían más éxito económico que sus pares una década después de graduarse. Incluso ese antiguo consejo de “sonríe y lograrás más” resulta ser cierto. Un estudio mostró que sólo con ver un video de comedia para alegrarte un poco la vida antes de hacer un trabajo serio puede aumentar la productividad.

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Por último, si vas a ser productivo, debes mantenerte concentrado. Esto no es fácil en la era moderna. El exceso de información, las distracciones y las interrupciones provocan consecuencias nefastas tanto para nuestra salud como para nuestra productividad. La sobrecarga de información provoca desmoralización y una menor calidad del trabajo.

Tratar con una constante e interminable entrada de hechos, o tener que pasarnos el día leyendo atentamente datos o buscándolos nos hace desgraciados. Por eso existe el término parálisis por análisis: nos quedamos paralizados por tantos datos y tanto tiempo que pasamos reuniendo y analizando datos. Ésta sólo es una razón por la que tu primera actividad de la mañana nunca puede ser la de abrir tu correo electrónico. Esa enorme avalancha de correos provoca agobio y reacciones negativas, y ésa no es la emoción o el estado de ánimo con los que quieres enmarcar tu día. En lugar de eso, trata de hacer algunas de las actividades de las que te hablé en el capítulo sobre la energía.

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La distracción es otro factor desalentador. Un estudio mostró que la distracción disminuye la productividad en un 20 por ciento. Es aún peor si estamos trabajando en tareas mentales muy exigentes, ya que, en ese caso, las distracciones pueden ralentizar nuestro pensamiento casi a la mitad. Muchos estudios han mostrado que el simple hecho de hacer varias tareas a la vez es en sí una distracción. Es incompatible con los estados de concentración máxima que se asocian con el alto rendimiento y el trabajo de calidad.

Cuando se hacen varias tareas a la vez, uno no se puede concentrar por completo en la tarea que está haciendo, porque el cerebro sigue procesando la última tarea sin terminar. El último gran culpable son las interrupciones. Casi todos los empleados de las grandes organizaciones reciben multitud de interrupciones durante una tarea, actividad o reunión determinadas. En esos momentos tienen problemas para volver a concentrarse y seguir con lo que estaban haciendo. No retoman su esfuerzo inicial, sino que, en promedio, les cuesta otros dos proyectos o tareas antes de reorientarse hasta alcanzarlo.

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Con mis clientes de la lista de Fortune 500, incluso aquellos con mayores logros, he advertido que una interrupción significativa en su día de trabajo puede retrasar tareas importantes y programadas unas dos o tres horas. Estos hechos deberían demostrarte que debes tomarte muy en serio el ser disciplinado sobre fijar objetivos desafiantes y mantener activas tu energía y tu concentración. Pero eso cuesta mucho trabajo y, a menudo, dichos esfuerzos se ven estropeados por nuestras suposiciones de que no es posible. Demasiadas personas dicen que no pueden fijarse objetivos más grandes o conservar la energía porque su equilibrio entre el trabajo y la vida cambiaría radicalmente.

* Se publica con autorización de Penguin Random House Grupo Editorial. Brendon Burchard colabora con regularidad en la radio y la televisión y ha sido invitado a programas tan populares como Oprah & Friends. Asimismo participa en Success, el sitio web de forbes y The Huffington Post. Ha compartido escenario con personajes de la talla del Dalai Lama, sir Richard Branson, Anthony Robbins, Wayne Dyer y Stephen Covey, entre otros.

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