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¿La presión es buena o mala? Tres expertos hablan de ella en el mundo emprendedor

Si le ha pasado que le exigen más de lo que tiene previsto o, planteado de otra forma, cuando las expectativas superan nuestros limites conocidos, este texto es para usted.

01 de mayo de 2026 - 09:00 a. m.
Unos dicen disfrutar la presión porque los hace llegar a lugares no pensados, pero no siempre cuentan a qué costo.
Foto: Pexels
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Este texto parte de una duda que tuve después de escuchar repetidamente una palabra, en los últimos años, cuando hablo con emprendedores y también entre quienes trabajan para esos emprendedores. Pocas veces se la he escuchado a esos empresarios de muchos muchos años construyendo compañías de las que crecían gracias al ciudado de los clientes, a las ventas equilibradas y al crecimiento prudente. Sí, aunque estoy seguro de que todos los que estamos en el mundo empresarial la hemos escuchado y vivido, no es frecuente hablar públicamente de ella.

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Y sale a flote cuando les hago preguntas fuera de la caja, porque para lo demás el libreto está muy bien escrito. Dicen que pagar la nómina, cumplir el presupuesto de ventas, lograr la tan anhelada utilidad, responderle al fondo de inversión, todo eso les genera esa llamada presión. Poco cuentan de la presión familiar, de la que genera el fracaso en su entorno, o incluso tampoco se refieren al dilema del éxito, el que tras conseguir las metas, lo único que nos empuja es a más y más y más, como en un bucle que nos va cargando de más y más presión.

Unos me dicen que esa presión los lleva a sacar lo mejor de sí mismos. Otros me cuentan que los ha llevado a una cama, a un tratamiento médico, a perder amigos o familia. Claro, cada caso es único, pero sí resulta común que hacer negocios sea la autopista por donde viajan tantas variables, tanto positivas como negativas, como en cansancio, el agotamiento, el odio, la angustia…

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Foto: Cortesía Nutresa

Pero no me quería quedar con mis impresiones o, precisamente, con las de ellos, los emprendedores. Busqué, como siempre, un poco más de información, sin embargo la que encontré iba direccionada por el mundo de la sicología. Bruce McEwen la define como una “amenaza real o supuesta a la integridad fisiológica o psicológica de un individuo”. Richard Lazarus y Susan Folkman hablan de algo llamado “Teoría de la Evaluación Cognitiva”. Creen que cuando se habla de estrés, la presión se interpreta como lo que surge cuando el cuerpo hace una evaluación de una situación. Y si al hacer esa evaluación lo que se nos exige supera lo que tenemos disponible para dar, ahí es cuando se experimenta la llamada “presión”.

Buscar ganar, por ejemplo, nos genera mucha presión. Ganar y defender ese primer lugar sí que eleva esa presión. O no fracasar, para decirlo de otra forma, nos mantiene el tacómetro de la presión en alto, solo para hacer una analogía con el mundo de los motores en los carros. Entonces pregunté a tres expertos cómo manejar la presión cuando se es emprendedor y esto fue lo que me contestaron:

“La presión es un elemento natural e intrínseco en los emprendedores. El problema no es la presión en sí misma, sino cómo nos relacionamos con ella. Este tipo de presión se puede volver manejable cuando se deja de verla como una señal de peligro y empieza a verla como una señal de responsabilidad. Emprender implica tomar decisiones que afectan a otras personas: Socios, clientes, empleados y familia. Esa responsabilidad pesa, claro, pero también puede convertirse en una fuente de energía”, me contestó Mario Manzi, profesor asociado del departamento de administración de empresas de la Universidad Javeriana.

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Foto: Unidad de Video

Tal cual, esa dualidad de muchas variables en las que vive el emprendimiento. La misma píldora que puede ser la que los lleva por el ducto del sótano es la que los eleva como un propulsor capaz de asomarlos hasta el cielo. “En la práctica, manejar la presión puede manejarse efectivamente a través de la construcción de buenos equipos, compartir las decisiones difíciles, de saber delegar, de tener momentos de pausa y recordar que un emprendimiento es una carrera de resistencia, no de velocidad”, apunta Manzi.

Paula Ramírez, psicóloga de orientación estudiantil de Utadeo, cree que “emprender significa enfrentarse a la incertidumbre, a altos niveles de responsabilidad y decisiones constantes y desafiantes, por lo que sentir presión es algo natural”.

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Ella vuelve sobre esas condiciones que llevan al ser humano a viajar por un mismo camino con una pared a un lado y un abismo al otro: “En muchos casos, la presión permite que la persona se movilice y realice conductas que la acerquen a cumplir sus objetivos. En otras ocasiones, cuando la presión es demasiado alta, puede generar bloqueos; en estos casos, lo importante no es eliminarla, sino aprender a regularla y actuar”.

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Foto: Archivo Particular

Y es precisamente esta sicóloga la que propone tenee en cuenta tres aspectos:

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“1: Tener expectativas realistas sobre los tiempos de crecimiento del emprendimiento y el retorno de la inversión. Es viable recibir orientación de otras personas que ya hayan emprendido o tomar cursos para emprendedores, que les permita aprender sobre la estabilidad financiera de un negocio. Muchas cajas de compensación tienen cursos relacionados.

2: Construir redes de apoyo: ya sean familiares, profesionales o de otros emprendedores, que posibiliten la solución de problemas y con ello, el crecimiento del negocio.

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3: Establecer límites entre el trabajo y la vida personal: en muchas ocasiones al tener tu propio negocio no se sabe separar la vida laboral de la personal y es cuando viene el agotamiento. Para ello es clave desarrollar habilidades de autorregulación emocional, como tomar pausas conscientes, trabajar en la organización del tiempo y reconocer cuándo es necesario pedir ayuda. La presión se vuelve más manejable cuando el emprendedor entiende que no tiene que cargar con todo solo y al mismo tiempo».

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Creo que, poniendo mi opinión sobre la marcha como emprendedor y también como escucha de los emprendedores en este espacio de Emprendimiento y Liderazgo, lo más cercano a la vida diaria de un emprendedor es hacer de todo y mezclarlo todo, es decir, mezcla todo el tiempo la vida persona con la laboral, pues muchas veces las redes de apoyo son la familia primaria y los amigos más directos. Cuando las cosas salen bien, todo es de maravilla. Pero cuando no es así, ¿qué?

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Y la tercera experta, Mariangela López, directora del Centro de Emprendimiento de Uninorte, nos contó que “diversos estudios recientes sobre bienestar emprendedor coinciden en que los emprendedores enfrentan niveles de estrés más altos que la población general debido a factores como la inestabilidad del mercado, la carga de trabajo y la responsabilidad sobre equipos y recursos”.

Por eso, desde el ecosistema académico y de innovación», explica, se recomiendan varias prácticas clave:

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Primero, construir redes de apoyo. El emprendimiento no debe vivirse en soledad. Mentores, comunidades emprendedoras, incubadoras o aceleradoras cumplen un papel fundamental para compartir experiencias y tomar mejores decisiones.

Segundo, desarrollar habilidades de gestión emocional y resiliencia. Estrategias de afrontamiento como la planificación, el enfoque en soluciones y la regulación emocional ayudan a reducir significativamente el impacto del estrés en el desempeño y el bienestar del emprendedor.

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Tercero, cuidar el bienestar personal. Incorporar prácticas de autocuidado y bienestar como dormir adecuadamente, hacer ejercicio, mantener espacios personales y organizar los tiempos de trabajo son prácticas que muchos emprendedores adoptan para sostener su salud mental y su productividad a largo plazo.

Finalmente, es importante entender que la presión forma parte del proceso emprendedor, pero no debe convertirse en desgaste permanente. Hoy el ecosistema emprendedor, incluyendo universidades, incubadoras y programas de formación, está cada vez más comprometido con promover no solo empresas sostenibles, sino también emprendedores sostenibles, capaces de innovar sin sacrificar su bienestar».

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Esa expresión de emprendedores sostebibles, sin duda, es nueva y seguro me dará lugar para escribir otro texto al respecto, pero vuelvo a nuestro objetivo, la presión y en el cómo se nos invita, además de la reflexión, a la compañía. Yo, personalmente, soy de los que cree que hablar y soltar lo que llevamos dentro ayuda a seguir de pie mientras esa presión por ganar y sacar el negocio adelante empuja en contra. Nos hace más livianos y a la vez más fuertes.

Esa ambiguedad de la vida, un poco de la que también habla Solomon Asch, el de los “estudios de conformidad”, quien asegura que los individuos cambian de opinión para alinearse a la mayoría. El asunto radica en que si algo carateriza a los emprendedores es en que visten la camiseta de llevar la contraria, porque de no ser así, no identificarían problemas y muchos menos estarían en la capacidad de trabajar en busca de las soluciones.

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Me acordé entonces de la conversación con Juan Arboleda, el cofundaror de Startco, en Medellín, cuando me contó: “En algunas épocas estuve muy angustiado, estresado, deprimido, porque era mucha la presión y mucha la carga, y es complicado. Pero yo ya soy fan del tema del balance. Yo no le creo al emprendedor que trabaja 24/7 y el que dice que hay que trabajar sábados y domingos. Yo así soy desde la universidad. Empiezo a trabajar hacia las 7:30 de la mañana y a las 5:30 cierro el computador, tenga lo que tenga. Escasamente trabajo un sábado, muy difícilmente trabajo un domingo, tal vez llegando al evento” que organiza.

“Un balance entre el ejercicio, entre la entre la vida personal y entre el trabajo. En ese sentido hace que uno tenga mejores condiciones, porque nunca se pone fácil. Nunca, ni el primer año de emprender, ni en el año 10. O sea, con el perdón de Simón Borrero (cofundador de Rappi) y me escuchará. Pero seguro que tiene más problemas hoy que cuando empezó.¿Y qué pasa? No es que sea más fácil, es que usted aprende a manejar mejor la situación. Entonces cuando hay un problema ya tiene más calle. Usted ya dice tranquilo, venga, miremos, analicemos, usted ya sabe que no se va a morir. Nadie se va a morir. O sea, simplemente es atendamos lo mejor y uno lo coge como experiencia en el manejo de conflictos o de problemas».

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Como todo en la vida, con los años se va aprendiendo a manejar casi que todo tipo de situación. Pero está claro que la presión nunca nos va a abandonar, no solo porque hay personas que la aman y la buscan para crecer, sino porque para otros, como lo exponía Solomon Asch, es la que ha hecho que desde el año cero, nos movamos hacia donde se mueve la mayoría, convencidos de que está bien, pero tal vez se trata de una aconductada de esas que no notamos pero son reales. Y ahí, también sin notarlo, también han salido grandes emprendedores. Los que identificaron el poder de la masa y solo lo aprovecharon para su propio beneficio, el de su negocio. Bastó con encontrar una necesidad y satisfacer esa necesidad. Y ahí, seguramente, no solo sintieron la obligación de hacer algo, sino de lograrlo rápido, empujados por “la presión” de la oportunidad.

Un espacio para visibilizar ideas de negocio.
Foto: Paula Sánchez

Si conoce historias de emprendedores y sus emprendimientos, escríbanos al correo de Edwin Bohórquez Aya (ebohorquez@elespectador.com) o al de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com). 👨🏻‍💻 🤓📚

Por Edwin Bohórquez Aya

Comunicador social-periodista. MBA Inalde Business School. Premio Iberoamericano de Periodismo Económico IE Business School, Madrid (España). Premio a Mejor trabajo periodístico de Analdex, categoría prensa EBohorquez_EyL ebohorquez@elespectador.com
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