Cuando se trata de rendir al máximo, la conciencia de uno mismo es esencial. Determinar tu posición en la curva de un momento a otro y de una tarea a otra puede ser fundamental para tu éxito. «Cuando observamos todas las diferencias individuales relativas a la resistencia al estrés y las reacciones a diferentes entornos —afirma el eminente neurocientífico Wolf Singer—, puede que la tarea más importante en la vida sea averiguar de buen principio cuáles son las virtudes y flaquezas y trabajar las primeras». Una vez que eres consciente de las situaciones en las que te encuentras en tu mejor momento, puedes adaptarte a tu entorno para aprovechar tus virtudes y perfeccionar las condiciones para poder alcanzar tu punto óptimo cuando sea necesario.
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¿Ya tienes una cuenta?
Tómate la temperatura
Por supuesto, nadie mantiene un nivel constante de excitación. Hacerlo sería insostenible. O aburrido. Nuestros niveles de excitación suben y bajan a lo largo del día, impulsados por diversos factores de nuestro entorno, así como por elementos de nuestro temperamento individual. ¿Las reuniones semanales de personal te vuelven loco de aburrimiento o estrés, mientras que las reuniones individuales te hacen sentir alerta y con más energía? ¿Te gustan los grandes debates y las discusiones animadas, pero te horroriza rebuscar en documentos y prestar atención a los detalles? Como hemos visto, en lo tocante a las reacciones a tareas cotidianas, no todo el mundo reacciona igual. Las partes del día en las que estás en tu mejor momento pueden ser las mismas en las que tu compañero del despacho contiguo se siente abrumado.
¿Qué cosas te ponen nervioso? ¿Qué cosas te tranquilizan? Para tener una idea más clara de tu perfil de rendimiento máximo, empieza por confeccionar una lista de tus tareas y actividades a lo largo de una semana laboral típica. A continuación, valora cada una según cómo te haga sentir: sobreexcitado, infraexcitado o en plena forma.
Si elaborar una lista detallada no es tu estilo, puedes probar el método que a menudo utilizan los psicólogos. Empieza configurando una alerta en tu teléfono móvil a intervalos de noventa minutos durante la jornada. Cada vez que suene la alarma, haz un inventario rápido de tu nivel de rendimiento actual. ¿Te sientes aburrido, sin inspiración o apático? Si es así, añade una B de «bajo» (el extremo inferior de la curva de rendimiento) al calendario para ese periodo de tiempo. Si, por el contrario, te sientes estresado o presionado, añade una A de «alto». Y, por supuesto, si estabas rindiendo al máximo cuando saltó la alerta (¡nos disculpamos de antemano por haberte desconcentrado!), pon una M de «rendimiento máximo» en el calendario.
Con independencia del planteamiento que adoptes, deberías ver que aflora un patrón y te dará una idea más clara de los factores que influyen en tu rendimiento. Cuanto más aprendas sobre las subidas y bajadas de tu semana típica, mayor control tendrás para alcanzar con precisión tu punto óptimo de rendimiento justamente cuando más lo necesitas, así como una mejor idea de si encajas bien en tu trabajo actual.
Ubicación, ubicación, ubicación
Como dice el viejo adagio, las tres consideraciones más importantes en la compra de bienes inmuebles son: 1) ubicación, 2) ubicación, y 3) ubicación. Se puede aplicar la misma idea a la búsqueda de tu punto óptimo de rendimiento. No hay nada más importante. Y cuando decimos «ubicación», no nos referimos necesariamente a si trabajas en un edificio alto, en la mesa de la cocina o en la cubierta de un yate. Estamos hablando del ambiente general de tu entorno laboral. No hace falta ser neurocientífico para darse cuenta de que Louis Pasteur habría sido un desastre como astronauta y de que Gordo Cooper habría supuesto un lastre en un laboratorio. Por encima de todo, tu éxito depende de que encuentres un entorno que se ajuste a tu perfil de rendimiento. Si te sientes constantemente sobreexcitado o infraexcitado, debes alterar el entorno o hacer un cambio serio en el tipo de tareas que llevas a cabo o en cómo trabajas. Si eres como Pasteur, no vayas a trabajar para un banco de inversiones, y si eres un buscador de sensaciones, como Gordo Cooper, trabajar en un entorno muy controlado, como el laboratorio del científico francés, probablemente hará que te sientas aburrido, frustrado o ambas cosas.
En muchos casos, la solución no tiene por qué ser tan drástica como cambiar de empleo. Intenta averiguar qué te sobreexcita o infraexcita, y haz algo para cambiar esas situaciones. Alterar tu horario, cambiar tu entorno de trabajo o redistribuir responsabilidades con los compañeros puede ayudar. Habla de tus necesidades con tu supervisor y tus colegas de trabajo. La sencillez de la curva de rendimiento hace que sea relativamente fácil de comentar con amigos y compañeros. Como veremos en el capítulo 4, a veces, unos cambios en apariencia pequeños pueden suponer una gran diferencia.
Demasiado de algo bueno
Aunque alcanzar el rendimiento máximo debe ser tu objetivo, permanecer en la parte superior de la curva durante un periodo prolongado tampoco es deseable ni beneficioso. Debes estar a la altura de las circunstancias cuando más se necesita. Intentar mantener la mezcla óptima de dopamina, noradrenalina y acetilcolina durante mucho tiempo probablemente sobrecargaría el sistema y agotaría los neurotransmisores, lo cual provoca desgaste y agotamiento. Piensa en el virtuoso del violonchelo Yo-Yo Ma o en el destacado snowboarder Shaun White. Sería absurdo pedir a cualquiera de ellos que rindiera al máximo nivel veinticuatro horas al día, siete días a la semana. Por el contrario, practican, descansan y recuperan según planes específicos, con el fin de encontrarse en un estado óptimo cuando verdaderamente es necesario.
Encontrar un ritmo diario, semanal y mensual que nos lleve a una gestión óptima de la energía es igual de importante en el mundo empresarial, donde las exigencias para los directivos a menudo rivalizan con los retos a los que se enfrentan los deportistas profesionales en cuanto a dificultad e intensidad. «Mantenerse constantemente en un estado de alto rendimiento es perjudicial; mantenerse en un estado de alto rendimiento cuando procede es una estrategia ganadora», afirma Axel Kowalski, un psicólogo y experto en neurorretroalimentación, que utiliza tecnología informática para ayudar a los líderes empresariales a alcanzar el rendimiento máximo. «La clave es la flexibilidad», afirma. Solo los líderes que pueden conseguir los estados óptimos de excitación para la tarea que tienen entre manos están gestionando adecuadamente sus recursos neurológicos.
Perfecciona tu rendimiento
Una vez que te encuentres en el entorno adecuado, puedes utilizar potentes técnicas para afinar tu posición en la curva de rendimiento en función de las exigencias de una tarea o situación concreta. Pero antes de hacerlo, ¡cerciórate de que estás en el lugar correcto! Ten en cuenta que estos son pequeños retoques destinados a ajustar el rendimiento, no transformaciones totales concebidas para convertir un mal trabajo en uno bueno. Cuanto más equilibrado estés y mejor elijas entornos que vayan en consonancia con tus virtudes, menos necesitarás esos trucos para ajustar el nivel de excitación.
Aumenta la excitación
Con el tiempo, la mayoría de las personas adquieren un sentido intuitivo de cuándo su nivel de excitación es demasiado bajo, demasiado alto o el justo. Los que tienen dificultades para evaluar su propio nivel de estrés pueden medirlo de manera más científica utilizando la escala de estrés percibido (PSS por sus siglas en inglés), un instrumento de catorce puntos ideado por psicólogos de Carnegie Mellon y la Universidad de Oregón. Si utilizas la PSS o simplemente haces un diagnóstico mental y descubres que tu nivel de excitación es más bajo del que necesitas para ser eficaz, hay varias formas de elevarlo de forma artificial.
Imaginar un temor leve, aunque no esté relacionado con el trabajo que estás realizando, a veces puede aumentar tu nivel de noradrenalina y desplazarte más a la derecha. Cuando necesita una dosis extra de noradrenalina, a un compañero nuestro le gusta imaginar un deadline que se aproxima con rapidez y la cara de unos accionistas descontentos si no logra cumplirlo.
Si te sientes aburrido, poco comprometido o desmotivado, o si el trabajo simplemente no te parece divertido, puede que te falte dopamina. Para aumentar tu nivel de dopamina, el humor, el pensamiento positivo y cambiar de ubicación o planteamiento puede ser útil. Además, el ejercicio aeróbico no solo acaba con la desgana de media tarde, sino que también puede aportar una agradable oleada de dopamina en un día monótono.
Reduce la excitación
Si estás a punto de apretar el botón del pánico, puedes emplear algunas estrategias eficaces para amortiguar la respuesta a la amenaza y desplazarte más a la izquierda en la curva de rendimiento. Es importante recordar que las experiencias estresantes suelen obedecer a una terrible combinación de altas exigencias y escaso control. Para levantar temporalmente el pie del acelerador, prueba a embarcarte en actividades diarias que puedas realizar en «piloto automático», como ordenar tu mesa o borrar correos electrónicos. Si tienes una sensación de pérdida de control, céntrate en aquellos aspectos del proceso que puedes dominar, como la dirección estratégica general de las soluciones para el cliente en lugar de la evolución del mercado de valores. Y por último está el ejercicio, una solución versátil que puede aumentar la energía y reducir el nivel de estrés. Salir a correr a la hora del almuerzo o incluso subir y bajar las escaleras puede reducir el nivel de cortisol perjudicial en el torrente sanguíneo. Si esas opciones no son viables, entonces sigue el ejemplo de Louis Pasteur y da un paseo por el pasillo de tu oficina.
Los paseos nerviosos de Louis Pasteur frente a su laboratorio de Lille acabaron dando sus frutos. Movido por un profundo deseo de mejorar la salud y la humanidad, se marcó el objetivo secreto de encontrar una cura para las enfermedades contagiosas.
Una serie de crecientes avances científicos allanaron el camino hacia su sueño. Desvelar el misterio de la fermentación abrió la puerta al descubrimiento del papel de los microbios, que a su vez condujo a sus esfuerzos por contener y erradicar las enfermedades infecciosas. Al final, eso llevó al desarrollo de una serie de vacunas eficaces contra enfermedades mortales. Y lo que quizá es más importante: su minucioso estudio de los microorganismos revolucionó los procedimientos que utilizan los cirujanos para operar a sus pacientes. Las condiciones de esterilidad que caracterizan un quirófano de hospital pueden atribuirse directamente al trabajo tenaz y entregado de Louis Pasteur.
Los problemas para el astronauta Gordo Cooper empezaron durante la decimonovena de las veintidós órbitas terrestres sin precedentes previstas, cuando el sistema eléctrico de su cápsula sufrió un cortocircuito. Una órbita más tarde, perdió todas las lecturas de altitud. Entonces, cuando solo le faltaba una vuelta alrededor de la Tierra, el sistema de control automático dejó de funcionar por completo. De repente, Cooper consiguió sin querer lo que él y sus compañeros astronautas habían exigido desde el principio: control total sobre la nave espacial. En un ejemplo paradigmático de «cuidado con lo que deseas», pasó bruscamente de pasajero a piloto.
Fue un momento de histeria para los ingenieros, que fumaban un cigarrillo tras otro en tierra firme, pero Leroy Gordon Cooper Jr., cuyo rendimiento máximo se hallaba totalmente a la derecha de la curva, estaba tranquilo, alerta y en su salsa. Como explicaba el escritor Tom Wolfe en Lo que hay que tener, Gordo estaba manejando la crisis con la despreocupación de un piloto de aviones comerciales. Aunque no podemos decir que estuviera exento de incidentes, el aterrizaje completamente manual de Cooper fue uno de los más precisos que había visto jamás el programa espacial y un triunfo del rendimiento óptimo.
Cuando recuerdas el ADN del rendimiento máximo —dopamina, noradrenalina y acetilcolina—, encontrar tu punto óptimo donde y cuando lo necesites puede parecer extremadamente sencillo. Pero la experiencia nos indica lo contrario. Para alcanzar de manera fiable el rendimiento máximo, deben superarse dos obstáculos fundamentales: 1) los altibajos de nuestro estado de ánimo, que a veces pueden causar estragos en nuestra capacidad para pensar con claridad, y 2) nuestra tendencia marcada e instintiva a distraernos, tanto mentalmente como a causa de nuestro entorno. En última instancia, para alcanzar el rendimiento máximo es necesario aprender a regular tus emociones y a concentrarte.
* Se publica con autorización de Penguin Random House Grupo Editorial. Friederike Fabritius es neuropsiquiatra y experta en el campo del neuroliderazgo. Ha trabajado con altos cargos de todo el mundo. Hans W. Hagemann es socio fundador de la consultora Munich Leadership Group, que colabora con empresas como Allianz, Bayer o BMW.