1. La disciplina empieza con encontrar un propósito
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El propósito es aquello que nos saca de la cama todos los días. Marco Aurelio creía firmemente que todos tenemos un propósito, algo para lo que fuimos creados y es nuestro deber perseguirlo. Si entendemos las metas con claridad, y cómo lo que hacemos está contribuyendo a alcanzarlas, las probabilidades de conseguirlas incrementan. Por ejemplo: si uno quiere ser escritor, debería escribir todos los días sin pensar que cada vez está produciendo una obra maestra. Esto aplica para cualquier cosa en la que queramos mejorar. El simple acto de repetición, aun cuando no estamos motivados a hacerlo, nos va volviendo más hábiles y diestros. (Recomendamos: Otro capítulo de otro libro de Julián Torres Gómez).
2. Tener un plan de acción y comprometerse con él
Para Marco Aurelio, después de tener un propósito claro hay que comprometernos a seguir todos los pasos que sean necesarios para cumplirlo. Podemos escribir un plan de acción en el cual detallemos todas las acciones, por pequeñas que sean, que vamos a realizar para llegar a esa meta sin importar qué obstáculos se nos atraviesen en el camino ni nuestro estado mental o emocional. Todo lo que queremos en la vida depende de esto. La clave consiste en escribir el plan y dividir la meta en hitos pequeños que percibamos como fáciles de alcanzar; y lo más importante es comprometernos con cada uno de estos hitos. Esto nos pone en control y nos da pequeñas victorias cada vez que alcanzamos uno de ellos.
Dean Karlan, profesor de Economía del Comportamiento de la Universidad de Yale, y su equipo descubrieron, a través de una investigación académica y personal, que las personas podían alcanzar sus propósitos con más éxito si firmaban un contrato que los obligara a conseguirlos26; esto era aún más efectivo si hacían público el contrato. Entonces, una buena forma de cumplir con este punto sería escribir el plan para alcanzar lo que queremos y compartirlo con alguien, puede ser un amigo, nuestra pareja, o hacer una publicación en redes sociales. Según la investigación de Karlan, una vez lo hacemos público, la probabilidad de cumplirlo incrementa.
3. Constancia todos los días
Aun cuando tenemos un propósito y un plan de acción, el 95% de nosotros no alcanzamos nuestras metas; fallamos porque no somos constantes. Mi abuelo solía decir una frase con frecuencia: “La constancia vence lo que la dicha no alcanza”. El simple acto de hacer algo cuando lo habíamos planeado, así todo el cuerpo y la mente digan que no, nos ayuda a ejercitar la resiliencia; este acto consciente de direccionar el día a día hacia lo que nos proponemos hace que podamos tomar el control de nuestras acciones y que no vivamos a merced de las emociones y el estado de ánimo. Nos muestra que la fuerza de voluntad prima, y que podemos forzarnos a hacer cosas aunque todo nos trate de convencer de lo contrario. El problema surge cuando nos juzgamos constantemente. Esta charla mental que nos dice “hoy no quiero”, “lo estoy haciendo mal”, “como no estoy de ánimo, el resultado no va a ser el que quiero” es la raíz de la procrastinación; estas son las excusas más peligrosas que podemos encontrar en nuestro camino.
4. Practicar dificultades voluntarias
Marco Aurelio afirma que deberíamos disciplinarnos en cosas pequeñas al principio e ir aumentando la dificultad por el simple hecho de mantenernos entrenados. Someternos a dificultades voluntarias nos ayuda a entender que la vida no siempre es fácil y que nos pone a prueba con frecuencia. Obligarnos a volver nuestros días un tanto incómodos hace que construyamos una especie de escudo que nos ayudará a estar bien equipados el día que necesitemos enfrentarnos a una gran dificultad.
Es muy importante entender que el proceso de cada persona es diferente y único. Para algunos, tomarse una ducha fría puede no ser una dificultad, sino algo que han hecho de manera natural toda su vida. El concepto de dificultad o reto es relativo para cada ser humano, pero la idea detrás de todo esto es empujar un poco nuestros límites, incomodarnos con el fin de lograr mayor bienestar a largo plazo. Las dificultades voluntarias nos hacen entender cómo se sienten la escasez y la dificultad, y nos ayudan a comprender que se puede vivir en estas condiciones sin problema. La sociedad moderna sí que necesita practicar esto. Cada vez nuestra vida se vuelve más cómoda y hay que hacer menos esfuerzos; la tecnología nos está maleducando, nos tiene con un sinnúmero de comodidades y deseos satisfechos y esto hace que nos volvamos menos disciplinados.
5. Practicar la dicotomía del control
Marco Aurelio dice que tenemos poder sobre la mente, no sobre los eventos externos. Si se dan cuenta de eso, encontrarán fortaleza. En la vida no podemos controlar el resultado de las cosas, solo el trabajo y el nivel de esfuerzo que le dedicamos a algo. Hay que aprender a aceptar lo que está fuera de nuestro control y recordárnoslo constantemente, repitiendo que solo podemos controlar la mente, las acciones y reacciones. De esta máxima de pensamiento sale la siguiente reflexión, que es bastante popular: ¿Tienes algún problema en este momento? ¿Puedes hacer algo al respecto? Si sí puedes, hazlo; si no puedes hacer nada, ¡no te preocupes! Estar preocupados por cosas que se salen de nuestro control es contraproducente para la disciplina y el compromiso porque la mente sale de un lugar de foco y llega a uno en el cual corre miles de escenarios sobre cosas en las que no tenemos incidencia directa, lo que genera emociones contraproducentes que nos pueden llevar a una espiral negativa. La dicotomía del control nos permite llegar a un lugar de calma, y es en estos lugares en donde podemos mantenernos más enfocados y encarrilados en lo que estamos tratando de lograr.
6. No hacerse la víctima y dar el primer paso
Este punto implica hacer lo que sea que tengamos que hacer sin quejarnos. Las quejas son una pésima excusa, y tienen el poder de retroalimentarse agresivamente en nuestra mente, generando emociones como rabia y rencor. De acuerdo con la relación que ya exploramos entre emociones y pensamientos, darles rienda suelta a estas emociones nos genera más pensamientos de cómo y por qué somos las víctimas y, por ende, terminamos encontrando argumentos muy convincentes para no hacer las cosas. La mente es muy poderosa y puede convencernos tanto de cosas buenas como de cosas malas, dadas las condiciones adecuadas. La clave está en no permitirle profundizar mucho en cosas negativas y caer en excusas, juicios y críticas, y, por el contrario, impulsarnos a ejecutar nuestros planes y ponernos en movimiento. El primer paso siempre es el más difícil, pero una vez que uno se pone en movimiento, seguir moviéndose no es tan difícil.
Cada vez que identifiquemos esos pensamientos que nos dicen que no somos suficientes, que no recibimos la educación o formación necesarias o que no somos lo suficientemente atractivos, deberíamos interceptar de inmediato este estado y tomar acción. Sin pensarlo o analizarlo mucho, solo debemos pararnos y hacer lo que sea que tengamos que hacer. Esto es tomar las riendas de nuestra vida y asumir la responsabilidad de todo, sin escondernos detrás de circunstancias externas.
7. Posponer la gratificación
Varias culturas y religiones aplican este punto de alguna manera, pero es posible que el mundo no haya entendido su gran importancia porque se sumerge en creencias y dogmas que generan choques. Posponer la gratificación es la habilidad de esperar para satisfacer nuestras necesidades, cambiar la gratificación instantánea por una más grande, más adelante. Los monjes budistas renuncian a sus posesiones y deseos en búsqueda del Nirvana o la iluminación. Los católicos no comen carne en Semana Santa, buscando acercarse un poco más a Jesús y a Dios en un acto de autodisciplina.
Los musulmanes ayunan durante el Ramadán para acercarse a Alá a través de la oración y la contemplación. Hoy en día, nuestra sociedad está llena de gratificaciones instantáneas. ¿Quieres una pizza? La puedes pedir por Rappi y te llega en unos cuantos minutos. ¿Quieres ir a algún sitio? Pide un Uber que te recoja y te lleve. ¿Quieres conocer a alguien y tener una cita? Descarga Tinder y rápidamente podrás hacerlo. No solo este tipo de servicios, sino las redes sociales en general, nos dan esa gratificación instantánea. Siempre estamos buscando la próxima historia, el siguiente post, el siguiente contenido para consumir, y lo tenemos ahí, a la mano. Insisto: esto nos está maleducando.
Un aspecto central de la disciplina es poder posponer lo que queremos en este momento y hacer lo que nos toque hacer para luego obtener algo más grande y satisfactorio. La mayoría de gente rompe las dietas porque no son capaces de posponer la gratificación. Deciden comerse una hamburguesa doble en vez de comerse una ensalada, y no son capaces de ver que adelgazar esos kilos de más les va a traer mucha más gratificación a futuro que pegarle ese primer mordisco a aquella carne jugosa. Es la misma razón por la cual las personas son infieles, y por la cual nos volvemos esclavos de nuestros deseos.
8. Ignorar a los que les gusta decir que no se puede
En toda sociedad, grupo, comunidad o inclusive círculos familiares, nos vamos a encontrar con personas que nos juzgan, critican o sienten resentimiento hacia nosotros por lo que estamos tratando de hacer. Este tipo de personas objetan nuestras decisiones, dicen que lo que queremos no se puede, que es muy difícil o que no lo vamos a lograr; creo que esto sucede porque les da miedo el progreso y no quieren cambiar. Howard Schultz, el fundador de Starbucks, ha contado en varias entrevistas cómo sus propios socios no creían que las personas fueran a pagar altos precios por lattes y capuchinos. Algo similar cuenta Richard Branson sobre Virgin Atlantic, la reconocida aerolínea, que en sus inicios tenía bastantes escépticos y críticos, argumentando que no iba a tener éxito debido a la alta competencia de mercado.
Cuando encontramos un propósito y decidimos perseguirlo, es casi una ley natural atraer críticos. Oír sus opiniones es terrible para la disciplina, porque nos llena de pensamientos negativos que terminan generando emociones negativas y nos quitan foco. Lo más importante es aprender a volverse transparente ante estos comentarios, a menos que vengan con una crítica constructiva de la cual podamos aprender e iterar lo que necesitemos cambiar. No debemos dejar que se peguen a nosotros, sino que pasen a través, como si estuviéramos hechos de aire. Incluso los expertos y altos ejecutivos que proyectan credibilidad se convierten también en críticos, pero gracias a la vida existen innovadores que logran ignorar y desafiar estas proposiciones. Marty Cooper, director de investigación de Motorola y uno de los primeros partícipes en la invención de los celulares, dijo en 1981 que no había posibilidad alguna de que los celulares remplazaran a las líneas fijas de teléfono. ¿Se imaginan qué hubiera pasado si los innovadores de los smartphones le hubieran hecho caso?
9. Encontrar modelos a seguir
Encontrar personas que ya hayan logrado lo que estamos buscando es fundamental para la disciplina. No se trata de copiar su camino, sino de encontrar fuentes de inspiración y motivación que nos demuestren que conseguir lo que queremos es posible, que hay alguien que ya lo logró. El camino hacia nuestras metas es largo y duro, y muchas veces solitario; por eso, escoger un modelo a seguir, así sea alguien del presente o del pasado, le hace mucho bien a la mente, la llena de esperanza y le da ideas de cómo seguir enfocada en el camino y lograr lo que estamos buscando.
10. Cada noche repasar nuestro día
Este hábito, sobre el que profundizaremos más adelante, era fundamental para los estoicos y para Marco Aurelio. La idea es que, todas las noches, nos sentemos a repasar nuestro día: ¿qué hice bien? ¿Qué hice mal? ¿Cómo puedo mejorar? Pero no se trata de ser autocríticos e intentar encontrar más razones para juzgarnos, sino de hacer un repaso consciente de nuestro día y ver en qué aspectos podemos mejorar. Es un proceso de mejoramiento continuo, sin apegarse mucho a lo que ya sucedió. De hecho, es una excelente estrategia para quitarnos pesos de encima. Si somos brutalmente honestos al hacer este repaso, lograremos soltar cualquier mala energía del día, descansar mejor y prepararnos para tomar las acciones necesarias para mejorar al día siguiente. Sin esta reflexión consciente y honesta es imposible mejorar porque la mente siempre encuentra argumentos muy buenos para justificar nuestras acciones y, en ocasiones, resulta bastante convincente. La autoconsciencia, autoexaminación y autodeterminación son el terreno fértil en el cual logra crecer y florecer una mente disciplinada.
* Se publica con autorización de Penguin Random House Grupo Editorial, sello Ediciones B.