En medio de todo, el país salió medianamente beneficiado luego de la más reciente modificación en la política arancelaria de EE.UU. Esto al menos de cara a otros competidores en renglones claves, como el café y las flores.
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Sin embargo, la incertidumbre se volvió el escenario base para el comercio internacional. ¿Cómo navegar estas aguas? Javier Díaz, presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex) habla sobre este tema.
¿Cómo está Colombia en este momento crucial en el comercio exterior global?
Todo el comercio exterior está siendo de una u otra manera afectado por la política comercial
de los Estados Unidos. El tema de logística, por ejemplo, se ha visto impactado porque, como Trump había dado una pausa en materia de aranceles hasta el 1 de agosto, la gente en Estados Unidos empezó a importar, a anticipar la temporada navideña. Y entonces las importaciones crecieron y la demanda por buques, por transporte creció y los fletes empezaron a subir nuevamente. Los tiempos de servicio están muy afectados, es decir, las frecuencias, los horarios. Entonces estamos viviendo una coyuntura muy particular.
En el caso concreto de Colombia, diría que nos fue relativamente bien el primero de agosto porque nos dejaron en un arancel de 10 %, a pesar de que nosotros tenemos un TLC los Estados Unidos y tenemos negociado un 0 % de arancel para nuestras exportaciones hacia ese país. Eso nos permite quedar en una mejor posición frente a algunos de los competidores: Ecuador, por ejemplo, tiene 15 % y ellos son fuertes en flores y frutas; Brasil quedó con 50 % y eso es un golpe mortal para sus exportaciones de café. Diría que, en medio de las circunstancias, nos fue bien.
¿Aparte de las flores y el café, qué otros sectores son competitivos en este escenario de diferencias arancelarias?
Yo creo que hay negocios de oportunidad, porque se supone que estos aranceles son temporales. Entonces, yo no voy a hacer una inversión de largo plazo cuando no sé qué va a pasar mañana. Pero le doy un ejemplo de un exportador colombiano que me dice: “Mire, yo me fui a hablar con mi comprador en Estados Unidos porque hice un análisis y el impacto de este arancel realmente es de 7,5 % sobre el precio del bien final. Entonces me fui y le planteé, oiga, ¿por qué no le pasamos 2,5 % al consumidor, usted asuma 2,5 y yo asumo 2,5”. Y el señor estuvo de acuerdo, pero, adicionalmente, le dijo al exportador “¿usted es capaz de producirme esta otra cosa y esto a otra cosa que estoy trayendo de China?”. Entonces, no solamente, dice el exportador, resolví mi problema sino que salí con dos negocios adicionales. En toda crisis hay oportunidades y uno tiene que estar pendiente de ver cómo las aprovecha y cómo le saca beneficio a esa ventaja arancelaria que por ahora tenemos.
En el marco más grande de las cosas, ese nivel de incertidumbre ¿qué termina haciendo con el sistema de comercio internacional?
Es muy grave porque uno necesita certeza. Estas actividades de exportación necesitan inversión y esas inversiones no se recuperan rápidamente, son de mediano o largo plazo y entonces uno necesita saber qué va a pasar mañana, dentro de un año. Y hoy no lo sabemos, todos los días nos están cambiando las reglas de juego. En todo caso, lo que nos dicen es que estos aranceles que se dispusieron ahora no van a cambiar rápidamente.
Pero, por ejemplo, ¿qué va a pasar con la logística? Porque Trump quiere recuperar parte de la actividad que la industria naviera de los Estados Unidos tenía. Entonces, ha anunciado ponerle unos impuestos a los buques de origen chino o a los armadores chinos o a los puertos que utilizan infraestructura, grúas y montacargas, de origen chino.
Que sería básicamente poner a tributar a toda una industria, ¿no?
Claro, porque es que hoy en día más del 65% de esa infraestructura y de esos buques son de origen chino. Los containers nada más. Entonces, eso llevaría a que los fletes suban. Pero también. La incertidumbre es la variable en este momento. Es el piso base.
¿Qué tantas oportunidades reales tenemos de comenzar a mirar hacia otros mercados para tratar de hacerle un poco el quite a estas arenas tan inciertas y volátiles?
En esa tarea estamos todos los países, mirando cómo diversificar mercados, cómo buscar mercados alternativos, sin abandonar a Estados Unidos, porque Estados Unidos es un mercado muy importante: nuestro principal socio comercial, el 30% de nuestras exportaciones van hacia allá. Uno no lo reemplaza fácilmente. Pero, indudablemente, hay que buscar mercados alternativos.
Colombia básicamente tiene como mercados para sus manufacturas a los Estados Unidos y los países de la región. Nos falta explorar áfrica y Asia-Pacífico, a pesar de que nosotros tenemos frontera física con toda la costa del Pacífico. Realmente no hemos mirado allí. Tenemos un acuerdo con Corea y lo hemos aprovechado. Pero esa región no es un mercado que hayamos explorado detenidamente como sí lo hicieron Perú o Chile, que generaron, particularmente en el sector agroindustrial, una oferta exportable dirigida a esos países, hacia donde exportan mucho más que a Estados Unidos.
Entonces nosotros deberíamos armar esa oferta exportable a Asia-Pacífico, particularmente pensando también en China., que urbanizó al 2025 cerca de mil millones de personas, que estaban en el campo produciendo alimentos y que ahora fueron a las ciudades. Y uno dice, y esa gente que estaba produciendo alimentos, ¿ahora quién la va a alimentar?: América Latina, Brasil, Argentina, Uruguay, ¿por qué no Colombia? ¿Por qué no Colombia que tiene posibilidades de ampliar su frontera agrícola? Pero tenemos que definir cuáles son los productos, cuáles son los volúmenes: porque cuando uno habla de China son volúmenes apreciables, no pueden ser producciones desarrolladas en minifundio.
Todo esto no sale por generación espontánea, hay que inducirlo y ahí el Gobierno es fundamental, porque tiene que dar las señales, incluso tributarias, para que los inversionistas se metan en eso.
Usted habla de retos en materia de producción. Pero también hay en campos como la logística, la diplomacia sanitaria, el manejo de aduanas…
Todo el tema de diplomacia sanitaria resulta fundamental, lograr la admisibilidad al mercado de estos países, tanto los que tenemos, como los nuevos, resulta fundamental. Porque uno puede tener arancel cero, pero realmente no tiene acceso real hasta que no tenga el protocolo fitosanitario que le permita ingresar. Y eso toma tiempo. En el caso nuestro, tomamos la uchuva y nos tomó un año lograr la admisibilidad de la uchuva al mercado de los Estados Unidos. Pero el aguacate llevaba 10 años en esa tarea y no lo había logrado.
Esos procesos son fundamentales porque usted tiene que firmar un protocolo, una hoja de trabajo y usted tiene que garantizar que esos estándares, esas reglas que se ponen allí, se cumplan. Pero la contraparte aquí, ¿la institucionalidad sanitaria de alimentos? Aquí le hacemos toda la analítica desde cero. ¿Por qué no firmamos un convenio de homologación con la autoridad sanitaria de Suiza o de Europa, por ejemplo, y aceptamos que lo que ellos hacen allá está bien hecho? Yo no creo que los suizos se enfermen comiendo sus salchichas y que haya que empezar de cero. Homologuemos y aceptemos eso que hace la autoridad allá, reconozcámoslo aquí y dediquémonos a lo otro, a controlar lo que no se puede mirar fácilmente.
Porque también ocurre que usted, por ejemplo, no tiene ese control sobre el mercado local. Entonces, en muchos casos ha ocurrido que al exportador le faltó producto y entonces se va a una plaza de mercado allá a Paloquemao, a Corabastos y compra lo que le falta. Eso nos llevó a que nos cerraran el mercado Japón en años pasados. Entonces, ¿por qué no liberamos a la administración de controlar a esos países con los cuales tenemos acuerdos y podamos así tener capacidad para controlar el resto de cosas, a quienes no conocemos o a quienes no les tenemos confianza en sus procesos?
Igual ocurre en la parte aduanera. Tenemos una normativa que es muy complicada. Parte de la mala fe, es decir, usted siempre va a hacer trampa y tiene unas sanciones por cosas formales que no tienen sentido. Entonces yo digo, desregulemos, simplifiquemos, facilitemos, metámosle tecnología a esos procesos.
En vez de estar poniendo un retén allí en la esquina a ver a quién cojo, trabajemos en conocer quiénes son los que están operando, quiénes me generan confianza y quienes no. Eso lo hace EE.UU. con éxito. Es necesario contar con una aduana moderna, que tenga una plataforma electrónica transparente, que cada uno de nosotros pueda entrar, mirar que está importando la competencia, de dónde la está trayendo, a qué precios, y el sistema se autocontrola. Esto es fundamental para la competitividad porque si yo me demoro en los procesos de inspección mucho tiempo, pues simplemente pierdo competitividad.
Y le menciono el tema logístico porque nuestros costos logísticos, que estaban en 12.9 % en 2021, nos pusimos como tarea llevarlos a 9.5 %, que es más o menos donde está la competencia. Y terminamos en 17,9 % el año pasado. Mejorar eso resulta fundamental.
Ahora que se aproxima el 7 de agosto, ¿qué balance hace del comercio exterior en estos tres años de Gobierno?
El balance en estos tres últimos años realmente no es positivo en materia de comercio exterior y particularmente de exportaciones. Hay una disminución de las ventas al exterior y eso se debe básicamente al comportamiento del sector minero-energético. Sin una transición adecuada, entonces se dijo no más exploración de petróleo, no más gas, no más carbón y eso era 50 % de nuestras exportaciones.
Afortunadamente, sectores como el agrícola han tenido una buena coyuntura de precios internacionales. El ejemplo claro es el café. Las exportaciones agrícolas están creciendo. El 64 % de ese comportamiento se explica por el café. El banano también se recuperó después de un problema muy grande que tuvo de producción en 2022. Las flores han tenido buenos precios.
En el sector manufacturero nos mantenemos y seguimos con exportaciones de valor agregado. El tema de la ventanería, por ejemplo, que se exporta desde Barranquilla a los Estados Unidos. El tema de los transformadores eléctricos que salen de Pereira también a esos parques solares de los Estados Unidos. Además de productos plásticos y químicos, hemos tenido un relativo buen comportamiento debido a la coyuntura internacional, pero, indudablemente, el lunar está en que no hicimos una transición en el sector minero energético y reemplazar esas exportaciones es muy duro.
Nosotros no hemos podido pasar de US$50.000 millones en estos años. Llegamos en 2012 a una cifra récord de US$60.000 millones por los minero-energéticos, pero no hemos podido volver a esas cifras. Y Colombia exporta muy poquito. Si nosotros exportáramos lo que exporta el promedio de los países de la región en términos per cápita, deberíamos estar exportando algo más de US$100.000 millones.
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