Hace apenas un par de semanas, un grupo internacional de científicos publicó un informe en el que aseguran que los “signos vitales” del planeta han llegado a extremos, lo que indica que “el futuro de la humanidad” está en una especie de balance entre ser o no ser, para utilizar la famosa frase.
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La advertencia extrema llega en momentos en los que Bogotá completa meses de racionamiento de agua potable, la Amazonía se enfrenta a un estrés climático sin parangón y el nivel de los embalses para energía eléctrica del país lleva meses haciendo que todo el ecosistema energético cruja los dientes, por decir lo menos.
En algunos de los momentos más críticos de los embalses (tanto de agua potable, como los de electricidad), las autoridades han recomendado reforzar o incentivar las medidas de teletrabajo.
Después de la irrupción de la pandemia, con la adopción del trabajo remoto casi como una solución existencial, las nuevas formas de laborar entraron en una suerte de tensión con el popular “business as usual”: presencialidad porque sí.
Sin embargo, un reciente estudio de las firmas WeWork y Michael Page reveló que, en Colombia, 59 % de los trabajadores prefiere el trabajo híbrido por sobre las otras modalidades, ya que esto les permite tener un balance entre su vida personal y laboral.
Para poner las cosas en perspectiva, hay que tener en cuenta que existen por lo menos tres modalidades de trabajo. La más tradicional es la presencial que, según el mencionado análisis, continúa siendo indispensable en 20 % de las actividades que se realizan en el país. También está la remota, que es la que se hace de forma 100 % virtual; y la híbrida, que es una combinación de ambas.
Parte de los grandes impactos que trajo la pandemia fue demostrar que, con la tecnología actual, la mayoría de los trabajos se pueden hacer de forma virtual, lo que permite a las personas realizar el grueso de sus actividades desde casa (o desde cualquier parte del mundo), con beneficios en temas como vida personal, menores desplazamientos y, a la vez, menores impactos ambientales.
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Según lo explicado a El Espectador por Isabel Nieto, quien es consultora gerencial en Michael Page, la adopción del trabajo híbrido y remoto ha sido tal, que ya dejaron de ser un diferencial de valor en las empresas; es decir, lo normal es que ahora estas las ofrezcan. Las que no lo hacen, comenta, dejan de ser atractivas para quienes buscan trabajo.
Lo que señalan los analistas en la materia, así como los estudios que se han adelantado, es que generalmente el impacto de estas modalidades de trabajo ha sido positivo, tanto para las empresas, como para los trabajadores.
Según lo detallado por el director comercial de ManpowerGroup en Colombia, Jorge Macías, los trabajadores están valorando mucho la flexibilidad que ofrecen las empresas, lo cual no solo aumenta su bienestar, sino también el compromiso y la lealtad que sienten hacia esta.
“Un reciente estudio de ManpowerGroup dice que 18 % de los empleados estaría dispuesto a aceptar un salario menor a cambio de una mayor flexibilidad y equilibrio entre su vida laboral y familiar”, detalla el directivo.
Nieto resalta que para los trabajadores la eliminación de los desplazamientos diarios reduce considerablemente el estrés asociado al tráfico y la congestión, lo que contribuye a una mejor salud mental.
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Las empresas, a su vez, se benefician porque en promedio tienen trabajadores más productivos. Información manejada por Microsoft, en su reporte anual sobre el futuro del trabajo, muestra que un número mayor de trabajadores se siente más productivo (37 %) frente a los que se sienten menos productivos (32 %) en las modalidades de trabajo remoto; la mayoría argumenta que en casa tienen menos distractores, lo que favorece la concentración. Otros indicadores apuntan a que la implementación del trabajo híbrido puede aumentar la productividad de las empresas en aproximadamente un 30 %.
Diego Acevedo, socio en Holland & Knight, también resalta que las empresas se han beneficiado por la reducción en sus costos de funcionamiento, toda vez que han bajado los gastos relacionados al alquiler y mantenimiento de las oficinas.
Los impactos también son positivos para el medio ambiente (aunque esto es relativo, pues depende de cosas como la configuración del consumo energético de cada hogar). Según un estudio realizado por Greenpeace, en Madrid y Barcelona se pueden ahorrar más de 1.000 toneladas de CO2 con tan solo un día de teletrabajo a la semana, lo que se traduciría en una mitigación de 3 % en las emisiones.
“A primera vista, un 3% puede parecernos poco. Sin embargo, estamos hablando de importantes cantidades de CO2 que se podrían ahorrar con un solo día más a la semana: una medida de bajo coste, cuya implementación ya se ha visto acelerada por la pandemia y que, en un escenario de emergencia climática, contribuiría a acercarnos a los objetivos del Acuerdo de París”, informa la organización.
Los desafíos del teletrabajo
Hasta aquí, todo parece perfecto. Sin embargo, se han identificado desafíos tras cuatro años del boom de estos modos de trabajo.
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Macías, por ejemplo, precisa que parte de las zonas de fricción se concentran en los directivos, pues muchos siguen atornillados a los viejos modelos de trabajo y han demostrado su insuficiencia para liderar de forma remota. “Según nuestros estudios, teleliderar se ha convertido en una habilidad esencial para los altos cargos”, dice.
En la mencionada publicación de Microsoft también se alerta que estas modalidades han afectado la falta de creatividad en grupos de trabajo, lo que se traduce en una amenaza al desarrollo de la innovación en las empresas.
“La llamada serendipia (hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual) sigue siendo difícil para los grupos distribuidos. La charla informal y oportuna es más complicada para los equipos remotos e híbridos, pero es crucial para el intercambio de conocimientos, la confianza y la moral”, se lee en el documento.
También se han generado problemas como “la fatiga por videoconferencia”, que se define como un agotamiento somático y cognitivo por el uso intensivo de estas herramientas, del que se pueden derivar síntomas como cansancio, preocupación, ansiedad, incomodidad, estrés y dolores de cabeza.
Otras investigaciones, como las realizadas por la Universidad de Valencia y la Universidad de Bolonia, alertan sobre el aislamiento social que implica la modalidad del trabajo remoto que, a largo plazo, podría generar falta de motivación y reducción en el rendimiento del trabajador.
“Para evitar la influencia negativa de la sensación de aislamiento social, las organizaciones que estimulan el teletrabajo deberían implementar prácticas tales como programar reuniones informales en línea que permitan mantener y desarrollar las relaciones sociales”, afirma Vicente González Romá, quien es catedrático del Departamento de Psicología Social de la Universidad de Valencia.
Todos estos cambios también han demandado cambios en las leyes. La directora de Personal de Endava, Leticia Chajchir, explica que el grueso de estas normativas se han concentrado en la Ley 2088 de 2021, que es la que regula el teletrabajo y establece sus condiciones para su implementación.
En la mencionada ley, por ejemplo, se abordan temas como la desconexión laboral, que es el derecho que tiene el trabajador a cesar toda actividad relacionada a su trabajo una vez concluida su jornada; el deber que tiene el empleador de proveer los equipos que necesita el empleado para la realización de sus actividades; así como el auxilio de conectividad, que es un ingreso equivalente al auxilio de transporte, el cual se le otorga por ley a todos los colaboradores que devengan hasta dos salarios mínimos mensuales legales vigentes.
En suma, en estos cuatro años de estallido de trabajo remoto e híbrido han sido muchas las lecciones que se han aprendido para avanzar hacia empresas más productivas y empleados más satisfechos. Si bien es cierto que no todos los sectores pueden adoptarlas (pues la virtualidad no es una opción en muchas labores) un grupo importante sí lo ha hecho.
En muchos casos, esto implica cambios estructurales en las organizaciones, y hasta en características propias de las generaciones (entre los que aún se resisten al cambio y quienes lo normal es la posibilidad de trabajar en casa o en cualquier parte del mundo).
Pero, de fondo, esta es una transformación que no se puede dejar en el aire, y que demanda una constante supervisión de los directivos y empleados para entender qué tan positiva ha sido para sus organizaciones, y cuáles los desafíos que se deben solucionar.
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