Hay marcas que se adueñan del significado de los colores. El rojo puede ser refrescante; el azul, deporte, y el verde, energía. Hay otras que venden tiempo, y Mercado Libre tiene un lugar en esa gaveta de recuerdos.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta?
A 30 minutos de la salida por la calle 80 de Bogotá, en la intersección Funza-Mosquera, una caja de 52.000 metros cuadrados sirve como centro de distribución full para la compañía argentina.
A nivel nacional, Mercado Libre despacha 400.000 envíos semanales, más de 1,6 millones al mes. En diciembre, por ejemplo, la cifra rondó los dos millones. Es como si casi cada uno de los habitantes de Barranquilla hubiera recibido un pedido. Y es que la empresa ve en Colombia un actor clave para sus operaciones: en 2025 invirtió USD 470 millones, equivalentes a más de COP 1,6 billones, una cifra superior al presupuesto del Ministerio de Comercio de ese mismo año.
Esta proporción es un síntoma de una realidad económica. Que una sola empresa despliegue en años una infraestructura de conectividad comercial que el Estado no ha logrado (o priorizado) pone en tensión los límites en la gestión de los recursos públicos frente a los privados, y, sobre todo, en el desarrollo de soluciones tecnológicas y la apertura a la innovación.
La llegada de Amazon, Shein y otras plataformas no ha sido un problema, según el brasileño Rafael Peretti, gerente de Mercado Envíos para Colombia, Perú y Ecuador. “Cada una tiene su valor”.
“Al final, estamos enfocados en el envío rápido. Creo que es parte de esa madurez del mercado”, dijo. Cuanto más se robustezca la torta, más oportunidad para todo. “Siempre habrá compradores”, agregó Peretti.
Las grandes plataformas no son las únicas que ganan. Desde Leticia a Riohacha y de Quibdó a Puerto Carreño hay 73.000 comercios que venden a través de Mercado Libre, de los cuales 30.000 son pequeñas y medianas empresas que fabrican en el país y generan, en promedio, seis empleos cada una.
El enfoque está en que el vendedor se encargue de vender, porque “de la logística nos encargamos nosotros”, subrayó Diego Cordero, cabeza de Fulfillment en Mercado Libre.
En Colombia la empresa se ha afianzado, pues la operación cubre casi todos los rincones del país, y si se escapa de sus manos, surge una tercera que completa el envío del paquete.
En Funza, el gélido clima de la sabana traspasa como fantasma las blancas paredes del centro de distribución. Allí se congregan unos 270 operadores vestidos con chaquetas reflectivas y guantes de látex, que se mueven como hormigas bajo las órdenes de cumplir con las decenas de miles de pedidos diarios contra el reloj.
El edificio, de 14 metros de altura, organiza más de un millón de productos en cuatro pisos de andamios: colchonetas, ollas, hula-hulas, cocinas para niños… Un festín delirante de tonos y texturas, cada uno un banquete para el consumidor ansioso. Los operadores validan, pesan y registran cada característica con el fin de que los productos cumplan al pie de la letra lo prometido.
Cada operador empaca 200 unidades por hora. Es decir, en promedio, uno cada 20 segundos. La presencia de mujeres en el piso de operaciones, un entorno comúnmente masculino, es notable. Los directivos de la compañía reconocen que su incorporación masiva no respondió inicialmente a una política puntual de diversidad, sino a la necesidad práctica de mano de obra.
Pero ningún sistema funciona sin fricción. La métrica de los 20 segundos por paquete es el ritmo cardíaco de la productividad y de una transformación digital medida al milímetro. La empresa destaca políticas de bienestar, como pausas activas cada dos horas, tapetes antiestrés y rutas de transporte.
Sin embargo, la naturaleza repetitiva y métrica del trabajo de alta velocidad, con sus sistemas de monitoreo constante y metas de productividad agresivas, configura un entorno de riesgo laboral complejo para esta industria. Un estudio de la Universidad de Syracuse recoge la experiencia de trabajadores de Amazon (la más grande a nivel mundial) que describen precisamente esa presión como generadora de desgaste psicológico y la percepción de ser tratados “como un número más que como a una persona”.
La escala logística
El centro de distribución sirve de despacho para más de 3.500 comercios. Un producto recibido en la bodega de Mercado Libre puede permanecer hasta 120 días sin costo para el vendedor. Si durante ese tiempo se daña por cualquier motivo, la compañía le paga al vendedor según el valor de la publicación.
Mercado Libre se fundó en 1999 bajo el ingenio de Marcos Galperín, luego de plantarle cara a la idea del negocio cuando cursaba su MBA en Stanford, Estados Unidos. El logo amarillo llegó a Colombia un año después. Para la época era un marketplace con un objetivo concreto: montarle competencia a eBay, que para entonces ya era una de las gigantes del comercio electrónico. Hoy, la escala es otra.
La compañía tiene una nómina global de 115.000 trabajadores y espera llegar a 130.000 al finalizar este año. En Colombia, el engranaje opera con 6.100 personas, casi 4.000 de ellas dedicadas a la tecnología. A su lado opera una flota de 300 vehículos para recoger productos (primera milla) y 700 para llevarlos al consumidor final (última milla), una coreografía precisa entre personas, datos y asfalto.
La empresa también ajusta los desbalances del mercado. “Curioso que en Cali nos falte un vendedor de comida de perros; curioso que los vendedores de proteína no estén en Medellín, que es el mayor mercado consumidor”, dijo Peretti a El Espectador.
¿Cómo posicionarse en la plataforma?
El directivo resume la fórmula para ganar visibilidad: precios competitivos, velocidad de entrega y reseñas positivas. El sistema prioriza lo que llega más rápido y recoge datos sobre desempeño, desde entregas a tiempo hasta calificaciones y productos dañados. “Hay reputación roja, amarilla, verde, verde gold y verde platinum. Cuanto más, mejor estarás en el buscador”, explicó.
Para ser mejor vendedor en la plataforma no basta con activar opciones de entrega: se requiere leer el mercado, entender hacia dónde se mueve la demanda y qué categorías están creciendo. La clave está en asegurar a un proveedor que garantice volumen y precio preferencial, y en construir reputación con velocidad y consistencia. “Para mí es eso”, resumió Peretti.
De mano en mano
El tramo aéreo está en manos de Latam Cargo desde 2024. A la fecha han enviado 500.000 paquetes en una operación conjunta; 350.000 de ellos, el año pasado.
Antes de moverse de una ciudad a otra, la logística tiene que ser milimétrica. Previo a que un pedido salga del centro de despacho al aeropuerto, Mercado Libre reúne una canasta de ellos, los pesa, triangula la especificidad del tipo de envío (full o normal) y, con base en horarios específicos, determina a qué hora tiene que prender el motor para que el trancón de Bogotá no atrase la entrega.
La odisea es el caos del tránsito. A veces los aguaceros caen en cortinas de agua tan densas, que los coordinadores apuran el ritmo. En tiempos normales, de Funza a El Dorado de Bogotá suele tardar una hora y media; cuando se acumula en el cerro el chubasco repentino, el tráfico se atasca como si el tiempo se congelara y solo en cortos fragmentos, cuando los vehículos por fin se mueven, retorna la sensación del tiempo y el espacio, y el bochorno es el único acompañante al volante.
Una vez en El Dorado, las cajas pasan por controles antinarcóticos y de objetos prohibidos. Una banda negra las conduce al cubículo de rayos X. El aparato desnuda cada maquillaje, cada computador, cada frasco de vitaminas, y traduce su interior en colores y densidades para el operador.
Si no hay alertas, los paquetes serán paseados en una furgoneta bajo un sol picante, entre el vaivén de aviones y vehículos de pista, hasta alcanzar una plataforma elevadora donde hombres y mujeres de rostros apretados por las orejeras antirruido y la luz del mediodía los organizarán en la panza de un avión de pasajeros.
Cuando llega a las manos del cliente, el paquete ya ha pasado por, al menos, 10 pares de manos. “Aquí todo mundo pone su granito de arena”, dijo uno de los operadores de Latam. Y es cierto: no hay cuerpos quietos, no hay productos sin vigilancia.
Comparados con la figura que los rodea, cada uno de ellos calza con el tamaño de una hormiga. En la sombra, cuando por fin descansan, recuperan de nuevo la verdadera forma de un solo cuerpo, un leviatán que carga con la responsabilidad de que todo lo que la mayoría compra en sus hogares y empresas llegue a tiempo.
Es ese esfuerzo el que sostiene buena parte de lo que hoy se compra, se espera y se da por hecho. Hace siete años una compra podía tardar de cuatro a cinco días, pero “hoy lo hacemos llegar al día siguiente o una parte representativa el mismo día”, subrayó Peretti. Y agregó: “Hay gente que vendía muy localmente, hoy se le abre el abanico de posibilidades. Eso es lo que hacemos en Mercado Libre”.
💰📈💱 ¿Ya te enteraste de las últimas noticias económicas? Te invitamos a verlas en El Espectador.