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La iguana que adelgazó: el estado de Ecopetrol en tres años de la administración Roa

La compañía atraviesa uno de sus peores momentos en términos de imagen, a la vez que sus resultados financieros vienen en declive desde 2022. ¿Para dónde transita la petrolera?

07 de abril de 2026 - 01:00 p. m.
Ricardo Roa llegó a la presidencia de Ecopetrol en abril de 2023.
Foto: Katerine González Clavijo
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El 27 de marzo pasado, en el auditorio de Corferias de Bogotá, el ambiente era tan denso que parecía que las nubes de la capital se hubieran condensado en ese recinto.

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Ese día, Ecopetrol citó a sus accionistas a la asamblea general para presentar los estados financieros y asuntos de rutina. Pero el tema central tenía nombre propio: Ricardo Roa.

Y no era sorpresa para nadie. Ni para él mismo. El presidente de la empresa más grande del país llegaba con tres años en el cargo, investigaciones abiertas en la Fiscalía, resultados financieros en deterioro y una presión creciente de sindicatos y accionistas que ya no preguntaban por cifras, sino por rumbo.

Desde temprano, la sala acumulaba horas de espera y una tensión difícil de maniobrar. Cuando el ministro de Hacienda, Germán Ávila, tomó el micrófono, intentó ordenar la discusión. Habló durante 10 minutos. O intentó hacerlo. Los abucheos lo interrumpieron una y otra vez.

Había algo persistente en ese aire cargado de molestias, más importante aún que los resultados: la sensación de que la empresa se estaba discutiendo sin nombrar sus problemas de fondo y las consecuencias no sólo las sentía el accionista mayoritario —la Nación— sino aquellos que invirtieron sus ahorros y herencias en una empresa que ha mermado su reputación.

Ávila miró el reloj, ofreció un minuto —un minuto exacto, con el cronómetro en la mano— para que el auditorio hiciera todas las expresiones que quisiera.

Esa mañana se discutía no solo la permanencia de un presidente cuestionado por la justicia. Más importante aún, la pregunta que Colombia posterga de tanto en tanto y que el precio del barril de crudo, cuando baja, vuelve urgente e inapelable: ¿en qué punto está Ecopetrol?

La respuesta no cabe en un minuto. Para entenderla, hay que ir más atrás, a aquel abril de 2023 en que un ingeniero mecánico de 62 años, experto en el sector eléctrico y gerente de la campaña presidencial que llevó a Gustavo Petro al poder, cruzó las puertas de la petrolera más grande del país con la promesa de una transición energética justa. Y hay que ir más adelante, a lo que viene: el gas que no hay en el momento, la exploración que quedó a medias, la desazón entre accionistas y el sinsabor de que el Norte de la principal empresa dejó de ser un asunto corporativo para volverse un botín de campaña.

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El ingeniero mecánico

El hombre que administró la campaña presidencial ahora administraría una porción del dinero del país. Ya no la caja chica del presidente. La caja grande. La empresa que en 2022 transfirió a la Nación COP 42,2 billones en dividendos, regalías e impuestos; la dueña de ISA, Cenit, Hocol, Ocensa; la que sostiene, en buena medida, el peso muerto de las finanzas públicas del país.

Roa no era un hombre del petróleo. Su experticia declarada era el sector eléctrico y su carrera una trayectoria de ascensos. Con los conservadores en Santander ocupó la gerencia comercial y general de la electrificadora del departamento, en reemplazo del exsenador José Vicente Villamizar; con los ingenios azucareros, la gerencia de energía de la Organización Ardila Lülle; con Petro en la Alcaldía de Bogotá, la gerencia del Grupo Energía Bogotá. También trabajó en la Transportadora de Gas Internacional y la Empresa de Energía de Honduras.

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Ecopetrol siguió el protocolo institucional: convocó a la firma cazatalentos internacional Heidrick & Struggles, evaluó 60 candidatos, los filtró, los entrevistó, y el 11 de abril de 2023, emitió un comunicado. El elegido, dijo la junta, fue escogido “por consenso”.

El exsenador Jorge Robledo preguntó públicamente cuánta plata se había gastado en esos falsos cazatalentos para “embellecer” a alguien que ya estaba designado. La pregunta no tuvo respuesta oficial.

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Voces de hoy señalan que el consenso fue más una medida para congraciarse con el presidente, pues había al menos tres votos en la junta directiva que se inclinaban por otros nombres, con mejor puntuación en el examen.

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En su momento quedó registrado el respaldo de expertos y gremios. Mientras tanto, la junta que debía supervisarlo era la misma junta bajo el gobierno que lo había elegido a él: ocho de sus nueve miembros llegaron con Petro.

La iguana antes del diagnóstico

Para entender en qué está Ecopetrol hoy, hay que recordar en qué estaba cuando Roa llegó. El 2022 fue el mejor año de la historia de la compañía: utilidad neta de COP 33,4 billones de pesos, el barril Brent a USD 99,04, la tasa de cambio en COP 4.810, según cifras de la empresa. El barril, traducido a pesos colombianos, valía cerca de COP 470.000. Era una fiesta que parecía permanente.

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Las empresas, como los cuerpos, pueden aguantar mucho tiempo viviendo de la inercia de sus mejores momentos. Roa encontró capital, una empresa que necesitaba reinventarse y un enfoque gubernamental de transición energética.

El deterioro financiero ha sido importante, en medio de un entorno internacional que no ha favorecido para nada las cuentas de la empresa. Hablamos acá de factores que en nada tienen que ver con gestión interna, pues son temas atados a contextos internacionales: el precio del crudo y la tasa de cambio.

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En 2023, primer año completo de Roa, las utilidades cayeron 42,9 % respecto a 2022. Roa dijo que era el segundo mejor año de la historia. En 2024 cayeron otro 21,7 %. En 2025, otro 39,5 %. Las utilidades del año pasado fueron las más bajas en ocho años, con la sola excepción de 2020, cuando el mundo entero estaba detenido por una pandemia y el precio del petróleo llegó a cotizarse en negativo.

La lectura trimestral es aún más pesimista. Desde el primer trimestre de 2023 hasta el cuarto de 2025, no hubo un solo periodo en el que las utilidades crecieran frente al mismo trimestre del año anterior. Once trimestres, 11 caídas consecutivas.

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El propio Roa ha reconocido que cada dólar de variación en el precio del barril representa medio billón de pesos en la utilidad neta de la empresa. El impacto del menor precio del Brent en 2025 fue de COP 6,1 billones.

Para este año, la petrolera estimó un Brent en USD 60 y una tasa en COP 4.050. Es decir, el promedio por barril rondaría los COP 243.000.

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Si se suman los efectos de la inflación, la tasa de cambio y los bloqueos de orden público, la empresa calcula que sin esas variables exógenas hubiera alcanzado prácticamente la misma utilidad que en 2024. Pero hay quienes señalan que estos números cuentan, en todo caso, una historia parcial. Y, de fondo, la falta de nueva exploración responde en parte por los números decrecientes.

Los dividendos —pagos regulares a los inversionistas que se distribuyen según las ganancias— han entrado en una fase de corrección para los accionistas. Tras un pico de COP 593 por acción en 2023 —sobre resultados de 2022—, la senda ha sido descendente: COP 312 en 2024, COP 214 en 2025 y COP 110 en 2026. En el último año, la caída es cercana al 49 %, y frente al máximo reciente, supera el 80 %.

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“Le manifestamos a la junta directiva de la empresa la necesidad de que tome una decisión de fondo sobre la permanencia en el cargo como presidente de la compañía”, insistió Martín Ravelo, presidente de la USO, durante la reunión de accionistas de marzo.

La anatomía del escándalo

Los líos judiciales de Roa están atados a dos investigaciones clave. La primera, en la Fiscalía General de la Nación, por presunta violación de topes electorales. Él se declara inocente.

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Todo se remonta a la campaña presidencial. Las autoridades investigan si se gastó más dinero del permitido y si parte de esos recursos no fue reportado oficialmente. El Consejo Nacional Electoral ya lo sancionó con una multa, pero ahora el foco está en posibles responsabilidades penales.

La segunda investigación conecta su vida personal con su rol como presidente de Ecopetrol.

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Se trata de la compra de un apartamento en el norte de Bogotá. La Fiscalía analiza si el inmueble fue adquirido por debajo de su valor real y si detrás hubo personas interesadas en hacer negocios con la petrolera.

Ahí aparece la sospecha más delicada: un posible cruce entre intereses privados y decisiones dentro de la empresa.

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“La compañía tiene dos problemas estratégicos: la mayoría de la junta directiva es antipetrolera (…) y el segundo es usted en persona”, dijo uno de los accionistas durante la asamblea de marzo.

La junta directiva respondió en vivo: “Sobre la situación de Ricardo Roa frente a las autoridades competentes, (la junta) ha activado un protocolo que permite realizar esta evaluación pertinente, objetiva y documentada”, afirmó Ángela María Robledo, presidente del órgano. Subrayó que la diligencia de la Fiscalía “no equivale a una condena”.

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La tensión de la transición

Ecopetrol es una empresa petrolera, pero desde el gobierno Petro la compañía recibió la instrucción directa de dejar de ser lo que es, aunque sin poder abandonar del todo esa identidad pues sería el fin de las finanzas nacionales. Al mismo tiempo, se le pidió ser la líder en nuevas energías, aunque con plazos, tensiones y recursos que no respaldan del todo una misión tan ambiciosa.

La Estrategia 2040, bautizada “Energía que Transforma”, fue diseñada en 2021 por Felipe Bayón, entonces presidente de la compañía. Roa la adoptó bajo estandartes de transición justa, soberanía energética y cero emisiones netas al 2050.

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La estructura de capital prevista era: 58 % para el negocio tradicional de hidrocarburos, 42 % para negocios de bajas emisiones. Hidrógeno verde, energía eólica offshore, solar, ISA como gran vehículo eléctrico del continente.

El dilema es que para llegar al destino hay que mantenerse vivo en el camino. Y en el camino, Colombia se quedó sin gas.

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La Contraloría General de la República lo había advertido: las reservas de petróleo y gas han caído de manera sostenida. Como explicó en este diario el columnista Luis Carvajal Basto, la política de no otorgar nuevos contratos, aplicada con distinta intensidad desde 2022, frenó la reposición de recursos justo cuando la demanda interna seguía su senda de crecimiento por la digitalización, el calor climático y la expansión de la inteligencia artificial, que consume electricidad en cantidades que hace diez años eran inconcebibles.

La Agencia Internacional de Energía lo constató en su último informe: la demanda global de electricidad crece más rápido que la economía, y el carbón —el más sucio de los combustibles— seguirá siendo la principal fuente de generación eléctrica mundial en 2030.

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El gas de Venezuela, que Petro había presentado como la solución diplomática y geopolítica, sigue bloqueado por la OFAC —la oficina de control de sanciones del Tesoro estadounidense—. Roa radicó en marzo de 2026 su tercera solicitud de licencia. La tercera.

En el mejor escenario, dijo en una rueda de prensa, la apertura geopolítica Trump-Petro convierte los riesgos venezolanos en oportunidades: el Grupo Ecopetrol, con sus 18 filiales y la presencia de ISA, sería el primer actor llamado a rehabilitar la infraestructura eléctrica y energética de Venezuela. Es una apuesta grande. Pero que por el momento está conjugada en un infinitivo remoto.

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Mientras tanto, el gas del Caribe colombiano —el offshore que prometió ser el eje de la transición— lleva años en evaluación. Cuatro áreas exploratorias con nombres que suenan a fauna tropical: Orca Brasil, Lorito, Toritos y Saltador. Ninguna en producción comercial en este momento. En el “amanecerá y veremos”, el país importa gas licuado a precios de mercado internacional y reza para que no haya un verano demasiado seco que vacíe los embalses.

La mayor esperanza en el momento es Sirius, que podría salvar el autoconsumo en el país, pero lo haría, en el mejor de los casos, desde 2030.

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La salida sin salida y lo que viene

Y así llegamos al ahora: este 6 de abril, después de al menos tres reuniones consecutivas de la junta, llegó la hora de la verdad. Aunque a medias, en este caso. Ricardo Roa no renunciará. Tomará siete semanas de vacaciones, seguidas de una licencia no remunerada, que lo llevaría a no estar en el día a día de la petrolera hasta después de las elecciones presidenciales. Cuando termine ese período, haría la transición con el siguiente equipo ejecutivo.

Por ahora, Juan Carlos Hurtado, actual vicepresidente ejecutivo de Hidrocarburos, se mantendrá a cargo.

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Lo que viene, independientemente de quién ocupe el cargo fuera del periodo de encargo, tiene la forma de una herencia complicada.

Primero, el gas y la brecha entre la demanda interna y la producción nacional.

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Segundo, el manejo adecuado de ISA, adquirida en 2021 por Ecopetrol, y que le sirve como vehículo de transmisión que conecta la energía renovable con los mercados de la región. La empresa ha tenido sus claroscuros: la junta directiva ordenó terminar el contrato de Jorge Carrillo, su presidente, luego de un fallo del Consejo de Estado que anuló su elección.

Tercero, la apuesta con Venezuela, que comienza con la rehabilitación del gasoducto Antonio Ricaurte.

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Y por último, la lupa de la SEC y el mercado de Nueva York. La imputación de Roa, quien virtualmente sigue como cara visible, genera riesgos en medio de su imputación de cargos.

Ecopetrol es Colombia en miniatura y en grande al mismo tiempo. Un país que tiene petróleo, pero restringe su futuro; que necesita gas, pero lucha por conseguirlo; que depende de su energía justo cuando decidió transformarla sin un plan del todo factible.

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Una empresa que en su mejor año generó más dinero del que algunos países producen, y que en tres años pasó de liderar el ranking de reputación corporativa al puesto 17.

Una iguana, como la llaman sus propios accionistas, que adelgazó. Y que ahora tiene que dilucidar cómo sobrevive a una transición necesaria, tanto en materia de energía, como de manejo corporativo.

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Por Alejandro Rodríguez Torres

Comunicador social y periodista apasionado por el mundo digital y la edición multimedia. Desde mayo de 2024 escribe en la sección Negocios sobre infraestructura y transporte. Le encanta la literatura y debatir hasta agotar las ideas. alejandrorodt arodriguezt@elespectador.com
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