Imagine que una mañana llega a su oficina, enciende su computador y un mensaje alarmante aparece en la pantalla: su información ha sido secuestrada y, para recuperarla, debe pagar un rescate. Ahora imagine que no es un caso aislado, sino que lo mismo ocurre en todos los equipos de la empresa, paralizando por completo la operación.
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A este tipo de ataques informáticos se les conoce como ransomware, una modalidad de ciberdelito en la que los atacantes bloquean o cifran la información de una empresa y exigen un pago para devolver el acceso, muchas veces bajo la amenaza adicional de filtrar datos sensibles.
Recientemente, Eset, empresa de seguridad informática, informó sobre una de estas amenazas que viene creciendo en diferentes países de la región, especialmente en Colombia, México, Chile y Argentina. Su nombre es The Gentlemen.
Para el caso colombiano, las cifras muestran una tendencia sostenida en el crecimiento de estas amenazas. De 2023 a 2025, el número de ataques aumentó de manera constante, alcanzando su punto máximo el año pasado, con la mayor cantidad de incidentes registrados. En suma, hace años que el ransomware dejó de ser una amenaza aislada en Colombia.
Son varias las características que encienden las alarmas. La primera es su presencia en múltiples casos dentro de sectores críticos de la economía, como la manufactura, la construcción, la salud, los seguros y los servicios financieros.
La segunda es que se trata de ataques dirigidos. Es decir, no se lanza la amenaza al azar esperando que algún trabajador, por descuido, la instale en los equipos de la empresa. Por el contrario, los atacantes invierten tiempo y recursos en conocer a fondo a sus potenciales víctimas y en identificar las formas más efectivas de vulnerarlas.
La tercera es su modelo “as a service” o bajo demanda. En la práctica, los desarrolladores del malware lo ofrecen —generalmente en la web oscura— a otros ciberdelincuentes, quienes lo adquieren o alquilan para lanzar sus propias campañas de ransomware. Esto lo hace especialmente peligroso, pues reduce las barreras de entrada: más actores pueden acceder a estas herramientas y escalar los ataques con mayor rapidez.
Cifras manejadas por Eset revelan que The Gentlemen ha atacado a más de 250 víctimas en 17 países. La firma de seguridad informática no titubea al decir que, con esta amenaza se inicia una nueva era de ataques personalizados y ultraadaptativos.
“Es un grupo emergente de ransomware as a Service que irrumpió en la escena cibercriminal a mediados de 2025. A diferencia de otros grupos con estéticas más descuidadas o rústicas, The Gentlemen destaca por una identidad de marca pulida. Al punto que posee un sitio de filtraciones en la dark web con un logotipo profesional y un lema que refuerza su imagen de organización disciplinada y muy orientada al detalle. Este profesionalismo no es solo estético, sino que se refleja en la precisión de sus ataques y en la calidad técnica de sus herramientas.”, menciona Martina Lopez, investigadora de seguridad informática de ESET Latinoamérica.
Con The Gentlemen suele emplearse una táctica de doble extorsión: no solo cifran los archivos de la empresa —exigiendo un pago para recuperar el acceso—, sino que también extraen información confidencial con la amenaza de hacerla pública si no se paga el rescate. “Esta estrategia ejerce una presión masiva sobre las empresas, especialmente aquellas que no pueden permitirse una brecha de datos pública”, explica ESET.
Los riesgos para una compañía ante este tipo de ataques son múltiples. Por un lado, está el impacto operativo: al quedar la información secuestrada, muchas organizaciones no pueden continuar con sus procesos. A esto se suman las pérdidas económicas derivadas de la interrupción de la actividad. Y, en tercer lugar, el daño reputacional, especialmente por las consecuencias que puede tener la filtración de datos sensibles de clientes o usuarios.
La forma de expandir la infección de este virus informático es la siguiente: comienzan aprovechando accesos expuestos en internet, o usando credenciales previamente robadas (usuarios y contraseñas). Posteriormente, despliegan herramientas para explorar la red interna, así como comprender cómo está organizada la empresa e identificar a los usuarios que cuentan con permisos elevados, especialmente aquellos que cuentan con acceso total.
“Para moverse dentro de la red y escalar el ataque, utilizan herramientas que les permiten ejecutar acciones en múltiples equipos de forma remota y modificar configuraciones clave. De esta manera, logran distribuir el ransomware de forma simultánea en todos los dispositivos conectados, debilitando además los mecanismos de seguridad para facilitar el acceso y control remoto”, detalla Eset.
Finalmente, ejecutan las acciones críticas como robar la información sensible, bloquear los sistemas mediante técnicas de cifrado y borrar las huellas digitales que pudieran mostrar su actividad. Esto último dificulta las posteriores investigaciones que adelante la empresa con profesionales en seguridad informática.
¿Qué hacer?
Se recomienda reforzar los mecanismos y cultura de prevención en las compañías. Este tipo de casos suele demostrar que el eslabón más débil en las organizaciones siguen siendo los trabajadores.
Formarlos en temas de seguridad informática es clave, con conceptos tan básicos como la importancia de tener una contraseña robusta que se cambie de forma frecuente; no descargar archivos de fuentes desconocidas ni acceder a los sistemas de la empresa desde dispositivos que no se encuentren protegidos.
También se sugiere invertir en capacidades de monitoreo y detección temprana, pues esto hace que se reduzca el impacto y se contenga el avance de estos ataques.
“No alcanza con intentar prevenir. Las organizaciones deben contar con un plan de respuesta a incidentes que esté probado y actualizado, que les permita actuar con rapidez y minimizar el impacto operativo y reputacional”, concluye Eset.
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