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La gran desazón: el primer año de Elon Musk al frente de Twitter

Twitter (ahora X) es una suerte de fantasma de lo que solía ser antes de la compra por parte de Elon Musk, tanto en reputación como en sus finanzas. Investigadores señalan la proliferación de la desinformación y discursos de odio como dos de los principales males.

25 de octubre de 2023 - 09:00 p. m.
Foto: Eder Rodríguez
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Esta semana se cumple un año desde que Elon Musk adquirió Twitter, en un movimiento que fue polémico y complicado en su momento y que sigue teniendo, en su mayoría, una estela bastante cuestionable.

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De cierta forma, la era de Musk en Twitter ha estado marcada por un constante declive en términos de credibilidad de la plataforma y también en asuntos financieros. La compra se puede resumir en una serie de enormes recortes: en torno al 90 % de su valor, el 80 % de su plantilla, el 50 % de sus ingresos publicitarios y hasta su nombre, puesto que ahora se llama X.

Parte de lo que Musk dijo en su momento que haría con Twitter es algo así como liberar el potencial de la plataforma como una herramienta de la libertad de expresión. Esta línea de argumentación es curiosa, cuando menos, porque, en el fondo, señala hacia una cierta represión y censura que, en boca del hombre más adinerado del mundo, no termina de cuadrar para algunos.

Poco después de que Twitter vetara al expresidente Donald Trump después del asalto al Capitolio de EE.UU. (bajo el fundamento de incitar a la violencia), Musk tuiteó: “Muchas personas van a estar muy molestas con que la alta tecnología de la costa Oeste sea el árbitro de facto de la libertad de expresión”.

Ahora bien, privatizar la empresa no resolvió, bajo prácticamente ninguna medida, el problema de moderación de contenido con el que lidian hoy en día las redes sociales. Retener control sólo garantizó eso: la posibilidad de hacer lo que sea. Y eso es justamente lo que ha pasado.

Los problemas financieros

La compra de Twitter se cerró el 27 de octubre de 2022 por un valor de US$44.000 millones e implicó que dejara de cotizar en bolsa, por lo que sus cuentas ya no son accesibles al público, pero el propio Musk ha divulgado en los últimos meses que X tiene un valor en torno a US$4.000 millones y unos 1.500 empleados, un tercio de ellos ingenieros.

Musk tomó prestados unos US$13.000 millones de bancos de Wall Street, pero respaldó la operación con capital propio y de su empresa de automóviles eléctricos, Tesla, de donde además detrajo empleados especializados para asesorarle en la plataforma, junto a ejecutivos de sus otras compañías, SpaceX y The Boring Company.

El magnate, que sigue siendo el hombre más rico del mundo, argumenta siempre como necesarios los cambios que ha impuesto para enderezar la situación financiera y facilitar la libertad de expresión, una de sus grandes obsesiones.

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No obstante, cabe ser escéptico con sus declaraciones: en verano aseguró haber recuperado a “casi todos” sus anunciantes y algunos han vuelto, como Coca-Cola, pero otros siguen marchándose, como Gilead, este último después de que su publicidad apareciera en una cuenta “verificada” de tendencia profascista.

El pasado julio, Musk dijo que X tenía “flujo de caja negativo debido a una caída del 50 % en ingresos de la publicidad y una fuerte carga de deuda”, según una conversación con una usuaria, y según datos de Reuters, esos ingresos en EEUU han bajado cada mes desde la compra del empresario.

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Los anunciantes son conscientes de las salidas de los ejecutivos que moderaban los contenidos, tarea ahora relegada en buena parte a las “notas comunitarias”, unos mensajes complementarios que aparecen en publicaciones virales y en los que los propios usuarios aportan matizaciones y contexto.

Es uno de los numerosos cambios en la plataforma, aunque el más polémico fue Twitter Blue, rebautizado X Premium, un intento de diversificar los ingresos mediante un modelo de suscripción que permite a cualquiera comprar el símbolo de verificación antes vinculado a fiabilidad e interés público, entre otras cosas.

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X Premium cuenta con cerca de 828.000 suscriptores -según datos del investigador Travis Brown analizados en agosto por medio especializado Mashable-, es decir, en torno al 0,15 % de los 550 millones de usuarios mensuales que Musk dice que tiene la red social.

Usuarios, medios y organizaciones han denunciado los efectos dañinos de este sistema, entre ellos el Center For Countering Digital Hate (CCDH), que divulgó en un informe que Twitter no eliminaba con rapidez las publicaciones de odio ni las cuentas que las emiten, y que violan sus propias políticas.

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Desinformación y amenazas en línea

En el primer año de Musk al frente de Twitter, el hombre más adinerado del mundo le ha dado un altavoz al ala política más derechista y ha permitido que la desinformación se expanda como la pólvora.

Musk no ha tenido reparos en dar voz en su plataforma a candidatos políticos como el expresidente de EE.UU. Donald Trump (2017-2021) o al gobernador de Florida, Ron DeSantis, ambos candidatos a las primarias presidenciales republicanas y que representan el ala más derechista del partido.

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“El pueblo ha hablado. Trump será reintegrado. Vox Populi, Vox Dei”, escribió Musk tras rehabilitar la cuenta de Trump, suspendida por la administración anterior de Twitter en enero de 2021 por “incitación a la violencia” tras el asalto al Capitolio.

No obstante, no fue hasta este agosto cuando Trump volvió a la red, con la publicación de una llamativa fotografía suya bajo arresto policial que le habían tomado en la cárcel del condado de Fulton, en Georgia -donde está acusado de intentar revertir los resultados electorales de 2020 en el estado- junto con un enlace para donaciones.

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Por su parte, Ron DeSantis, inició en mayo su campaña presidencial de 2024 en un evento de Twitter en el que Musk lo entrevistó y que estuvo plagado de fallos técnicos.

X también ha sido la nueva casa del ex presentador de Fox News, Tucker Carlson -un connotado periodista de la derecha más antisistema-; ahí Carlson tiene ahora programa semanal en el que, además de a Trump, ha entrevistado a otros políticos, como al candidato libertario a la Presidencia de Argentina, Javier Milei.

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En su entrevista -que tiene más de 122 millones de visualizaciones-, Milei acusó al papa Francisco de tener afinidad por los “comunistas asesinos” y de estar del lado de las “dictaduras sangrientas”.

La desinformación ha proliferado con la creación de cuentas Premium, que para algunos investigadores, son una suerte de perfiles intocables, por lo que son los preferidos para violar las propias políticas de Twitter.

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A principios de octubre, la guerra entre Israel y Hamás se convirtió en la primera prueba real de cómo X maneja ahora los acontecimientos noticiosos de última hora.

Tras el ataque de Hamás contra Israel, muchos perfiles Premium -cuyas cuentas tienen una marca verificada y obtienen una mayor participación por su pago- publicaron un comunicado falso de la Casa Blanca que afirmaba que el gobierno de Estados Unidos estaba a punto de enviar US$8 mil millones en ayuda a Israel.

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Además, publicaron videos de otros conflictos -en algunos casos hasta sacados de videojuegos- que presentaron como imágenes del conflicto actual entre Israel y Gaza, según un rastreador de Media Matters.

Foto: El Espectador

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