La Casa de Huéspedes Ilustres, la residencia presidencial colombiana en la bahía de Cartagena, bulle de entusiasmo mientras el sol se desvanece en el Caribe. Meseros ocupados que alistan las mesas en el elegante jardín espantan una manada de loros azules, mientras detrás de la edificación marinos colombianos en uniformes blancos ensayan sus saludos de bienvenida. Marchan ante las banderas de Chile, México, Perú y la suya propia, los miembros fundadores de la Alianza del Pacífico.
Estaba previsto que los líderes de las cuatro naciones arribaran en breve y elevaran sus copas en favor del acuerdo comercial en una reunión organizada por su huésped, el presidente colombiano, Juan Manuel Santos. En las primeras horas del día acordaron, tal como lo convinieron en una cumbre presidencial un año atrás, eliminar más del 90% de los aranceles para bienes y servicios en un esfuerzo por unificar la alianza, lanzada oficialmente en junio de 2013.
“No creo que exista un proceso de integración que haya tomado decisiones tan rápidas como lo ha hecho la Alianza del Pacífico”, dice Santos, vestido con una guayabera de lino que combinaba a la perfección con el clima tropical. En su opinión, el proceso de integración era natural porque los miembros fundadores “tienen una visión común sobre el manejo de nuestras economías, actitudes comunes en lo relacionado a la inversión extranjera, al rol del mercado en la economía y al respeto por la propiedad privada”.
Esa visión les ha permitido alcanzar un PIB combinado de más de US$2 billones —aproximadamente el 40% del latinoamericano—, permitiéndole al bloque comercial un lugar entre las 10 economías más grandes del mundo. “Estamos generando sinergias y fortalezas”, afirma Santos, quien en el pasado se desempeñó como ministro de Comercio Exterior.
Esto puede beneficiar a Colombia, que cumple con los requisitos para ser parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), a la que ya pertenecen Chile y México. “Sólo falta Perú. Estamos apoyándolo para que inicie su propio proceso”, añade.
Aunque Santos cree que la Alianza del Pacífico puede ser “un proceso de integración que implica la disminución de los obstáculos al comercio, inversiones, el tránsito de nacionales y el fortalecimiento de los mercados globales”, también destaca que están “profundizando la integración”, un proceso que “va más allá del libre comercio”.
A medida de que la alianza se centra en la apertura de mercados, pareciera que los miembros buscan lazos políticos más fuertes. Su voluntad recuerda el tratado de Maastricht, que marcó el camino para una integración política más cercana entre los miembros de la hoy Unión Europea, más allá de simplemente formar un área comercial.
El mandatario colombiano anota, por ejemplo, que ya han establecido embajadas y delegaciones comerciales conjuntas en África, Asia y la región del Cáucaso. Han estandarizado grados profesionales y están fomentando un movimiento más ágil de personas entre las cuatro naciones. “Planeamos ir tan lejos como podamos”, expresa, señalando a los flujos turísticos entre su país y México. Han crecido 35% desde que se eliminó el requisito de visa de entrada.
Añade que los países miembros consideran la creación de un fondo común para invertir en infraestructura. “También estudiamos la posibilidad de estandarizar el precio de los medicamentos más allá de las fronteras”, destaca como un paso más para mejorar las vidas de los ciudadanos del bloque.
Sin embargo, todo acuerdo tiene sus límites. No hay convenio alguno de seguridad a la vista a pesar de los conflictos que mantienen tres de los Estados signatarios. México y Colombia están, con matices distintos, afectados gravemente por la violencia que genera el narcotráfico. Asimismo, Perú es el principal productor mundial de cocaína. Por su parte, Chile está en una posición más afortunada y tiene “necesidades de seguridad diferentes de las de México y Colombia”.
El mandatario no niega que podría alcanzarse un convenio de seguridad entre los fundadores. Sería otro paso en dirección a una integración sólida: “Estamos abiertos a esa posibilidad”.
De hecho, una reciente visita a Washington de una delegación del Ministerio de Defensa de Colombia llevó consigo una “propuesta para una cumbre” de ministros de la cartera de los cuatro países, además de Costa Rica, que cumple con los requisitos para convertirse en miembro de pleno derecho. Estados Unidos y Canadá se mantienen como Estados observadores de la Alianza. En el frente de seguridad doméstica, Santos ha iniciado conversaciones de paz con los rebeldes marxistas que podrían dar fin a un conflicto de cerca de cinco décadas.
Los analistas creen que la consolidación y expansión del bloque podría ir en contra del Mercosur. Conocida como el mercado común del sur, la coalición está liderada por países proteccionistas como Argentina y Brasil. “Ese sería su problema, no el nuestro”, dice Santos, mientras enfatiza que la alianza está abierta a nuevos miembros que quieran contribuir al bienestar regional: “Si a Brasil le va bien, a toda América Latina le va bien. Si a la Alianza del Pacífico le va bien, a Brasil y a América Latina les va, incluso, mejor. Nuestra actitud no es la de excluir ni competir con nadie”.
Otros creen que se generarían fricciones con el bloque izquierdista del Alba (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), liderado por Venezuela y que integra a Ecuador, que desempeña el papel de observador de la Alianza del Pacífico. “Les daremos la bienvenida a quienes quieran abordar el tren”, afirma Santos. “Pero quienes quieran hacerlo necesitan una visión y un estilo de pensamiento similar al nuestro”.