Tratar a los seres humanos como seres humanos es algo que parece obvio, pero en el camino de la vida se olvida y existen el irrespeto, la intolerancia o incluso la violencia, que empiezan cuando se usa el lenguaje para destruir sueños o expectativas sin reparo alguno. Esta realidad es la que el presidente de Isagén, Luis Fernando Rico, intenta desarmar a diario en su organización para probar que todo objetivo empieza con palabras de confianza y aliento: “Desde el sector energético buscamos construir una sociedad con oportunidades y bienestar, basada en relaciones genuinas entre los seres humanos”.
Esa ha sido su tarea de vida. Ingeniero civil, de personalidad compasiva, nació en Bogotá en una familia de ocho hijos que crecieron con el ejemplo de un padre responsable y una madre amorosa que les enseñaron a pensar en el bienestar de quienes los rodeaban. Las mismas convicciones que desarrolló desde sus días de estudiante universitario, cuando de manera paralela a sus trabajos académicos laboraba en las noches en un colegio para adultos que no habían tenido la oportunidad de finalizar su bachillerato. “Esta actividad me enseñó que siempre hay una forma de contribuir a los demás”.
Con idéntica filosofía, a principios de los años 80, cuando empezó a trabajar como auxiliar de ingeniería en la empresa de Interconexión Eléctrica S.A. (ISA) y se involucró en un estudio sobre los recursos hidroeléctricos de Colombia, comenzó también a estudiar la situación del país para evaluar cómo desde su sector se podía ayudar a construir sociedades más desarrolladas y mejorar su bienestar. Según el presidente de Isagén, “cuando se escuchan las necesidades y los sueños de las personas, es más fácil trabajar para acompañarlas en el logro de sus objetivos”. Al mismo tiempo, en esa dinámica nació su amor por la hidroelectricidad.
Después de varios años entendiendo los secretos del sector energético, y también fortaleciendo sus vínculos profesionales, en 1995 se produjo un proceso de escisión en ISA y nació la empresa Isagén. Esta división se hizo con el propósito de incentivar la libre competencia en el sector. Desde entonces la nueva compañía representó un desafío importante para la vida personal y profesional de Luis Fernando Rico, quien asumió la gerencia de los proyectos de inversión y comercialización de energía. “Tenía la experiencia para estar en Isagén y asumí el desafío para transmitir metas colectivas y fortalecer mis conocimientos”.
Hoy, después de 20 años de esfuerzo, con el apoyo de casi 600 colaboradores, Luis Fernando Rico lidera la segunda empresa generadora de energía del país. A través de siete centrales, su compañía satisface el 16,49% de la demanda nacional. Para alcanzar esta cobertura ha recorrido un camino marcado por el trabajo en equipo. Una senda que comienza con una filosofía básica: cada vez que Isagén llega a una región a desarrollar un proyecto, investiga su cultura y posibles impactos para crear ambientes de confianza. “Cuando se involucra a todos se tejen relaciones transparentes y se generan proyectos sostenibles y de bienestar social”.
Un ejemplo contundente fue la central hidroeléctrica río Amoyá-La Esperanza, ubicada en el cañón de Las Hermosas, en el sur del Tolima, zona donde nació la guerrilla de las Farc. Era un proyecto complicado, pero había que llevar desarrollo sostenible a la región. Durante un año, Isagén se reunió con los líderes regionales y, con reglas claras de comunicación y respeto, los convenció de avanzar en inversión social y ambiental, educación y salud. Las labores se iniciaron en 2008 y cinco años después el resultado fue palpable: quedó lista la hidroeléctrica. “Llegamos juntos a la meta escuchando a la gente y trabajando con honestidad”, expresa.
Con esa misma fórmula ha impulsado otros procesos de alto impacto nacional. Hoy el rol protagónico de Isagén en el país es convincente y su liderazgo deriva de procesos de negociación con las comunidades basados en el respeto. Una gestión que desde 2001 tiene un impulsor notable: Luis Fernando Rico, su presidente, quien admite que “todas las negociaciones son complejas y que, más que destreza, es un arte que requiere líderes para dejar enseñanzas. Un objetivo que se consigue con pasión y laboriosidad, pero también fomentando buenas relaciones sobre la perspectiva de que siempre hace falta mucho por hacer en Colombia”.