A esto se suman datos por debajo de lo esperado revelados por grandes economías como la estadounidense; por ejemplo, el índice de desempleo, que se ubicó en agosto en 8,1%, cifra que continúa siendo decepcionante, no sólo para el mercado sino para la clase media, y de cierta manera para el presidente Barack Obama en busca de su reelección.
Noticias como éstas han generado desconfianza sobre la mayor economía del mundo, algo que se refleja en las cantidades considerables de inversionistas que salen del dólar hacia otro tipo de monedas, como el euro, ahora convertida en una de las más atractivas después de la divisa estadounidense.
Además, el hecho de que la Corte Constitucional de Alemania diera vía libre para la participación de ese país en el Mecanismo Europeo de Estabilización (Fondo Permanente de Rescate) ha hecho retornar la confianza hacia el mercado, ya que a su vez se ve reforzada por la posibilidad de que la Reserva Federal de Estados Unidos anuncie el día de hoy un nuevo esquema de relajamiento cuantitativo (QE3) y a su vez extienda un horizonte en el que las tasas de interés se mantengan en un nivel cercano a cero, tras el débil reporte de empleo reportado al término de la semana anterior.
En medio del optimismo, el euro llegó a tocar ayer los US$1,2936, su máximo desde mediados de mayo. Para Juan Santana, analista de la firma Profesionales de Bolsa, “la situación se ha tornado especulativa, y más después de los anuncios hechos por el BCE, que fueron el detonante para que la moneda única iniciase con este repunte alcista, pero se debe tener en cuenta que si la Fed no anuncia nuevas medidas, como lo espera el mercado, el euro puede llegar a frenar su tendencia. De no ser así, podría acercarse al nivel de US$1,30 en los próximos días”.