En el segundo Gobierno de Donald Trump, los aranceles, de nuevo, son un arma de negociación. Aunque a finales de enero el país esquivó las represalias del primer desencuentro entre Gustavo Petro y el mandatario estadounidense, una de las medidas que ya anunció Trump le pegaría directamente a la industria colombiana: los aranceles al acero y al aluminio.
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Trump ya había usado esta medida proteccionista en su primera administración. En esta ocasión, desde el 12 de marzo, más partidas tendrán un impuesto de 25 %, según anunció el Gobierno.
“Estamos siendo golpeados tanto por amigos como por enemigos”, declaró el mandatario estadounidense tras la firma de las dos órdenes ejecutivas que confirmaron la llegada de estos aranceles “recargados” al acero y al aluminio importado.
Cuando se piensa en el objetivo de estas medidas, China aparece en el centro de la diana. Este país, cabe resaltar, es responsable de casi el 60 % de la producción mundial de acero. Tras la desaceleración de su sector inmobiliario, con la quiebra de importantes jugadores como Evergrande, el país asiático ha incrementado sus inventarios de acero y, de paso, los envíos de este metal a un precio más bajo que sus competidores en otras latitudes, en gran parte, por el alto grado de automatización de las industrias chinas y por los subsidios que recibe del Estado.
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Para ponerlo en perspectiva, de acuerdo con Fenalcarbón, China produce en 13 horas lo que Colombia produce en un año. Para las industrias de Europa, América del Norte y América Latina es sumamente difícil competir con los precios de China, que están más de 40 % por debajo del estándar internacional.
Si bien el país asiático no figura en los primeros lugares de la lista de orígenes de importación de acero en Estados Unidos (tiene por delante a casi una decena de países, entre ellos Canadá, Brasil, México y Corea del Sur), los cerca de 1.000 millones de toneladas acero que produce al año proliferan en las cadenas de suministro globales y, generalmente, llegan a Estados Unidos como productos terminados.
El aumento de las exportaciones chinas de acero se engloba dentro de lo que se ha llamado la “sobrecapacidad” de ese país; es decir, que produce más de lo que necesita.
En el país asiático se piensa que la sobrecapacidad es una “narrativa” impulsada por Occidente y un “chivo expiatorio” para justificar la imposición de aranceles y otras medidas comerciales, como las que viene anunciando el Gobierno estadounidense.
La marcada diferencia en productividad entre las industrias de ambos hemisferios es el trasfondo de un antiguo reclamo de los productores y sindicatos siderúrgicos estadounidenses, a quienes Trump volvió a favorecer en su segundo mandato.
El impacto para Colombia
Como explica Daniel Rey, director ejecutivo de la Cámara de Productores de Acero de la ANDI, el mercado del acero se divide en dos: aceros largos (que se utilizan en la construcción) y aceros planos. Colombia exporta a Estados Unidos aceros planos, mientras que la producción de aceros largos se destina en su totalidad al mercado local.
La decisión que anunció Trump complementa las medidas que ya había tomado en 2018, durante su primer gobierno. Rey señala que, con el arancel que está vigente, el mercado de aceros planos en Colombia se deterioró “hasta el punto de perder las exportaciones tanto de aceros planos como láminas galvanizadas y tejas”. Ahora, de acuerdo con lo anunciado por Estados Unidos, se ampliarán los productos cubiertos con el arancel de 25 % para los aceros y el aluminio (el impuesto pasa del 10 % al 25 %).
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De acuerdo con Analdex, los productos colombianos cubiertos por la medida que anunció Trump sumaron US$758,8 millones en 2024. Este es el monto que quedaría en riesgo con la decisión de Trump. Hay por lo menos dos reconocidas empresas que sentirían el impacto.
Rey destaca que, hace casi dos semanas, la Casa Blanca publicó las listas provisionales de los productos que estarían en el nuevo paquete de medidas, allí se incluyen algunos derivados del acero, como accesorios de tubería y estructuras en acero. Ambos son productos que Colombia envía al mercado estadounidense.
En cuanto al aluminio y sus productos, el aumento al 25 % (antes era del 10 %) afectaría a las ventanas antihuracanes fabricadas en Colombia, las cuales se venden principalmente en el estado de Florida.
Para Javier Díaz Molina, presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), el impacto de la medida en las exportaciones es considerable. “Esas exportaciones de acero y aluminio generan miles de puestos de empleo y representan el 11 % de las ventas no mineras de Colombia a Estados Unidos y 5,3 % del total de nuestras ventas a este mercado. Son productos que se han destacado por su tecnología e innovación y compiten de gran manera ante otros orígenes”, dijo.
Además de que los aranceles harían menos competitivos los productos colombianos, Rey revela otro peligro: que los productos terminados que no entren a Estados Unidos reboten a otros mercados, particularmente a Colombia, con precios más bajos, dejando en desventaja renglones de la industria local que no se habían visto afectados.
Para mitigar los impactos del acero importado en la producción colombiana, en octubre pasado el Gobierno estableció por dos años aranceles a una porción del acero que llega a Colombia desde la Comunidad Andina de Naciones (CAN). Una investigación del Comité de Asuntos Aduaneros, Arancelarios y de Comercio Exterior (Triple A) concluyó que hay un impacto negativo de las importaciones en la industria siderúrgica nacional. Los empresarios del sector señalaban que el precio del acero proveniente de Perú, particularmente, afecta el mercado local.
Por ahora no es posible establecer a ciencia cierta cómo estos aranceles afectarán a la industria, pero la política proteccionista impulsada por Trump es un recordatorio de que necesitamos diversificar. Las exportaciones de Colombia hacia Estados Unidos representaron 28,9 % del total en 2024 y las importaciones fueron el 25 %, según el DANE.
Ese país es nuestro principal socio comercial, pero cuando la ecuación se mira al revés, somos el socio comercial número 25 de Estados Unidos, con una participación del total de compras internacionales que no supera el 0,5 %, según el Ministerio de Comercio.
En cuanto al acero y el aluminio, Rey sostiene que la ANDI ha trabajado en diversificar las exportaciones con productos de mayor valor agregado para que la industria pueda desarrollarse, como la producción de partes para barcos y aviones. Un reto clave será apostar por otros destinos.
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