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Fábrica de sueños bajo el sol

Con este megaproyecto de la Fundación Mario Santo Domingo, Barranquilla busca solucionar las necesidades de 20.000 familias de los estratos más bajos.

12 de junio de 2010 - 03:00 p. m.
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Los zapatos manchados de barro no dejan de golpear contra el piso. Saúl trata de desviar la mirada, pero el nerviosismo y la impaciencia lo delatan. A pesar del aire acondicionado, que hace olvidar los más de 30 grados centígrados de la mañana, la intranquilidad y el sudor no lo abandonan.

El hombre, que puede estar sobre los 40, de bigote poblado y entradas pronunciadas, saca del bolsillo trasero del jean su más preciado tesoro: la primera consignación en su nueva cuenta de ahorro programado, el primer paso que lo llevará a su casa propia.

No es el único. Por esa oficina ya han pasado más de 100 personas que, como él, no están afiliadas a una caja de compensación familiar, no cuentan con una vivienda propia y que, aún siendo trabajadores formales, no perciben más de dos salarios mínimos al mes.

 Todos acuden con la esperanza de convertirse en beneficiarios de la urbanización Villas de San Pablo, el megaproyecto adelantado por la Fundación Mario Santo Domingo, que busca la construcción de 5.000 viviendas de interés social (VIS) para la población vulnerable de Barranquilla.

 “Buscamos que esto no sea sólo una solución de vivienda, sino que las personas tengan una vivienda digna, que ellos mismos generen sus propias herramientas de desarrollo”, dice Martha de Moya, asesora social del programa.

Villas de San Pablo nació como idea en 2000 y tenía por objetivo solucionar el déficit habitacional en la capital del Atlántico, que actualmente es de 30.000 unidades. Fue un proyecto que arrancó con el pie derecho, pues los terrenos donde se construye fueron recibidos mediante donación.

Además, fue un directo beneficiario de la Ley 1151 de 2007, que le dio vía libre a los megaproyectos de vivienda, sobre todo a aquellos enfocados en la población vulnerable. Con esta medida, el Gobierno delegó en los constructores la entrega de subsidios a los beneficiarios.

Es el caso de Ana Mercedes Ayala, quien se enteró del proyecto, irónicamente, gracias a una caja de compensación familiar. Para convertirse en beneficiaria presentó en las oficinas de la Fundación el comprobante de su cuenta de ahorro programado, sus documentos de identificación y la afiliación al Sisbén.

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Luego de un año, durante el cual fue beneficiaria del subsidio, inició la construcción de su vivienda con un sueño particular: “Cuando llegamos a averiguar por el proyecto, ya teníamos en mente montar una tienda”. Ella, como los demás beneficiarios, recibió la asesoría de Martín Hernández, arquitecto de la urbanización, en temas como sismorresistencia y construcción del inmueble. Además, por medio de la Fundación recibió un crédito de $6 millones para abrir su tienda. “Comencé con poquitos productos y, poco a poco, voy aumentando el surtido”, comenta.

Cada una de las 92 familias instaladas ha seguido el programa del área de Sueños y Oportunidades que promueve la Fundación. Éste consta de dos partes: la primera busca que cada beneficiario construya su propia vivienda. A través del Sena reciben capacitación en construcciones para que construyan o supervisen la edificación.

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 Y para evitar los sobrecostos, Villas de San Pablo cuenta con su propia central de materiales. “Cuando un proveedor se vincula, lo primero que debe entender es que éste es un proyecto social”, comenta José Luis Yarzagaray, gerente de la central. Por medio de alianzas estratégicas, pueden ofrecer elementos de primera calidad a precios preferenciales; en esta iniciativa participan empresas como Argos, Eternit, Pavco, Corona, Refocosta y Tablemac, entre otras.

Pero la construcción no es la única materia de capacitación. El Sena también instruye en preparación de alimentos, diseño de interiores, redes hidráulicas y mucho más. La meta es que cada uno adquiera las herramientas para desempeñar un oficio formal o desarrollar una actividad para el beneficio de sus vecinos.

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“La Fundación nos dio un crédito para obtener la maquinaria y los materiales”, dice Rodolfo Silvera, representante legal de la Bloquera San Pablo, la microempresa que produce 1.800 bloques de cemento al día, con los que se construyen las viviendas.

También es el caso de Luz Dary Canchano, quien se capacitó en primera infancia y hoy, como madre comunitaria, cuida a los niños del barrio, mientras sus padres trabajan. “Me encargo de que los niños se nutran bien, de acuerdo con sus edades”, explica.

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 Villas de San Pablo se convirtió también en uno de los proyectos estrella de la administración del actual alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, quien ha integrado a los barrios cercanos para que se beneficien con sus bondades. Fue así como el megaproyecto amplió su capacidad a 20.000 viviendas.

El siguiente paso de Saúl será esperar al próximo concurso, que debe celebrarse en tres meses. Si resulta beneficiario, recibirá un subsidio que cubriría hasta el 45% de su nueva morada.

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Medio siglo capacitando colombianos

La Fundación Mario Santo Domingo nació hace 50 años, cuando Mario Santo Domingo y su hijo Julio Mario, junto con un grupo de empresarios barranquilleros, dieron forma a una institución con el objetivo de formar los recursos humanos requeridos en Colombia promoviendo la creación de instituciones de educación formal.

Así nació el Instituto Experimental del Atlántico José Celestino Mutis, que recibe a jóvenes sin recursos y además de graduarlos como bachilleres los forma en áreas técnicas.

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En años recientes la Fundación se ha enfocado en apoyar iniciativas de microempresas para dar forma a los sueños de miles de colombianos de bajos recursos. A través de un programa de generación de ingresos ha desembolsado $256 mil millones en créditos para ayudar a 133 mil microempresarios. En 2004, el programa recibió el Premio a la Excelencia en Servicios Empresariales, otorgado por el Banco Interamericano de Desarrollo.

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