El stand de Muebles El Cid quedó ubicado en el pabellón 17 del gran salón del Corferias, en Bogotá. Fue el primero al que tuvo acceso el público en la Feria del Hogar tras pasar por protocolo de bioseguridad, que incluía algunas de las medidas más populares por estos días, como toma de temperatura, aplicación de gel antibacterial, desinfección de zapatos, además de un sistema de cámaras que medía el aforo máximo de 7.300 personas en simultáneo.
“Este año Muebles El Cid está cumpliendo 65 años. Ha tenido varias crisis, como la de 2004, cuando el fundador Tomás García tuvo que cerrar las fábricas de producción y los puntos de venta. Cuando volvió a empezar, don Tomás incorporó tecnología de control numérico y sistemas de pintura ecológica de secado ultravioleta”, dijo Carmenza Sandoval, subgerente de la compañía, quien agregó que García es uno de los pioneros de la Feria del Hogar, uno de los eventos anuales más populares en el recinto ferial.
La crisis que causó la pandemia fue una más de las que ha enfrentado García, quien empezó a los 17 años con 25 empleados y tuvo que volver a comprar su marca en 2011 por problemas internos. De acuerdo con Sandoval, a causa de la pandemia tuvieron los puntos de venta cerrados por seis meses y se vieron afectados por las cuarentenas sectorizadas. “Participamos en esta feria con mucho esfuerzo, la vemos como la feria de la esperanza. Sentimos que podemos resurgir de esta crítica situación. Sin embargo, es evidente la diferencia, porque no hay masas de gente y las ventas han sido regulares. No hemos alcanzado la meta”.
Como muchas otras empresas, tenían las redes sociales y la página web en un segundo plano, pero por la pandemia fueron los canales que les permitió mantenerse. “La empresa se ha levantado de unas duras batallas y esta es una más porque 65 años no se pueden tirar a la basura y con el apoyo de eventos como este, tenemos la convicción de que vamos a salir adelante”.
La Feria del Hogar es el primer evento presencial que se realiza durante la pandemia. Esto fue posible gracias a las autorizaciones del Gobierno nacional y distrital, y a que Corferias cuenta con el sello internacional SafeGuard, otorgado por la compañía global Bureau Veritas y la certificación de bioseguridad Check in Certificado, del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo.
El evento también es piloto para los demás de su tipo. Es evidente el cambio, pues en versiones pasadas participaban entre 700 y 750 expositores, mientras que este año fueron 350. También se notó en el refuerzo de seguridad, con 150 zonas de desinfección y más de 450 puntos para el lavado de manos instalados por todo el recinto.
La plataforma Bazzarbog, creada por la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB) para visibilizar a las micro, pequeñas y medianas empresas del sector de la moda, también contó con un espacio gratuito en la feria. La tienda de ropa Perla Negra tenía un stand para contarles a los asistentes su propuesta de una marca de moda consciente. “Tenemos algunas referencias con diferentes materiales realizados con hilos reciclados de botellas PET o sublimamos con tintas ecológicas que no requieren agua en el proceso. No somos sostenibles porque se requiere tecnología y mucha inversión, pero sí procuramos reducir el impacto que genera la industria”, explica el dueño del emprendimiento, David Guzmán.
Además de esas innovaciones, la marca le mostró al asistente la colección mediante una pasarela en 360 y con animaciones en 3D. La idea era que el cliente conociera la textura, el patronaje y las características de la prenda en formato digital. “Fue la primera colección que lanzamos. Íbamos a lanzar la marca y llegó la pandemia; entonces, empezamos con la moda digital. Tuvimos la oportunidad de participar en la feria y mostrar el producto. Ha tenido muy buena acogida y la gente entiende el valor de cada prenda”.
En otros tiempos, cuando no existía la pandemia, los eventos que se realizaban en Corferias reunían a una gran cantidad de personas e ir de un pabellón a otro tomaba varios minutos o incluso en un día no se alcanzaba a recorrer toda la feria. En la “nueva normalidad” sí es posible. Juan Becerra, empleado de Industrias Lariplast, es de los pocos que atrajo a varias personas en su estand porque mostraba con trozos de masa las propiedades del producto que estaba ofreciendo. Hizo una empanada, una arepa y una arepa de huevo con ayuda de moldes plásticos causando asombro en los espectadores. “Fabricamos aquí en Colombia y son artículos que prestan funcionalidad en la cocina y en las fábricas. La gente nos ha apoyado y esos ingresos son un beneficio para la empresa y para nosotros los empleados”.
A pesar de los protocolos que se implementaron y de la disposición de los expositores para ofrecer sus productos, las lluvias y el miedo que persiste en la gente de asistir a eventos presenciales dificultaron sus ventas.
Una muestra de que algunos esperaban más fue el caso de Óscar Ramírez, dueño de Naab Coco, una comercializadora y distribuidora de aceite de coco, ubicada en el pabellón de belleza y bienestar. “Ofrecemos productos como jabones personalizados para la piel, perfumes y exfoliantes. También les damos trabajo a madres cabeza de familia que hacen balacas para desmaquillar”.
Ramírez contó que la pandemia ha sido difícil y que decidieron participar en la feria con la esperanza de recuperar las ventas. “Fue escasa la afluencia y los organizadores no se preocuparon por difundir información para que la gente nos visitara. Los protocolos fueron extremos, pero las ventas no compensaron la inversión que hicimos para estar allí”.
En esa misma línea estaba la empresa de pijamas Clonhadas, en el pabellón de ropa, calzado y marroquinería. “Estuvo muy sólo por el aforo. En nuestro estand el límite es de 17 personas, pero estuvo flojo y la lluvia no ayudó. En nuestras tiendas funcionó la reactivación y asumimos que iba a estar mejor”, aseguró Alejandro Huertas, empleado de la empresa que lleva más de 20 años en el mercado.
Afuera del pabellón expoindígenas se encontraba Hecho D’Raíz, un emprendimiento creado hace 20 años por Paul Díaz Granados y su padre, en el que hacen muebles con los troncos de los árboles. “Le damos uso a una madera que se vuelve basura. Sabemos que nuestro producto no es para todo el mundo, tanto por el precio como por el gusto, no hemos tenido grandes ventas. No hicimos ni el 1 %, pero sí esperamos posventa”, dice Díaz.
Karen Rodríguez, asistente de la feria, señaló que sintió una soledad en comparación con los años anteriores. “Fue triste ver a los emprendedores tratando de vender y no tener a quién. Me gustó una máquina tecnológica que saca empanadas y cosas novedosas para cortar verduras”.
Ricardo Barbosa, jefe de proyectos de ferias, quien estuvo al frente del evento durante cuatro versiones, afirmó que la feria dejó muchos aprendizajes. “Entre lo positivo están más de 335 empresarios que le apostaron a reactivar el país y generar empleo, los visitantes que vinieron a apoyar y comprar colombiano y la cultura ciudadana. Enviamos un mensaje de que sí se puede. En cuanto a las cosas por mejorar, necesitamos que las personas salgan más y tengan confianza”.
Los organizadores esperaban 30.000 visitantes e implementaron descuentos en la compra de las entradas para motivar a la gente. Aunque aún no se tienen cifras oficiales de asistentes y ventas, el evento permitió que las demás ferias supieran a lo que se van a enfrentar y la importancia de seguirle apostando a los eventos virtuales, pues la Feria del Hogar seguirá disponible en la plataforma Econexia.