La escalada en Oriente Medio ya no se siente solo en el petróleo. También empieza a filtrarse en los costos del campo colombiano.
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Un informe de la ANIF advierte que el conflicto ha encendido una señal de riesgo sobre el mercado global de fertilizantes, con efectos que pueden trasladarse a la inflación de alimentos en Colombia.
El punto crítico está en el estrecho de Ormuz, un corredor por donde pasa cerca de un tercio del comercio marítimo de fertilizantes. Cualquier interrupción ahí no solo afecta el flujo físico de insumos, también encarece su transporte y aseguramiento.
El resultado ya se empieza a ver en los precios. La urea, uno de los fertilizantes clave para la producción agrícola, ha subido 37,4 %, impulsada por el encarecimiento del gas natural —insumo base en su fabricación— que en Europa ha aumentado 69,1 % en el mismo periodo.
“Un choque combinado de costos y oferta”, señala el análisis, que advierte efectos persistentes si se mantiene la tensión geopolítica.
Colombia entra a ese escenario con una vulnerabilidad clara: depende de importaciones para más del 75 % de su consumo de fertilizantes. En 2025, esas compras superaron los USD 1.100 millones, con la urea como principal producto.
Ese nivel de dependencia amplifica cualquier movimiento externo. Aunque los principales proveedores del país son Rusia, China y Norteamérica, el mercado funciona como un sistema integrado.
“El hecho de que se suban todos los precios internacionales les impacta a todos los países”, explicó Jorge Enrique Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC). Solo en la referencia de Nueva Orleans, la tonelada pasó de USD 485 a USD 625 en cuestión de semanas.
Según la FAO, “América Latina se enfrenta a pérdidas de ingresos por cereales superiores al 7 %” por las perturbaciones en el estrecho de Ormuz. “Es necesario estabilizar los mercados, redirigir el comercio y apoyar a los agricultores y a los países dependientes de las importaciones”.
En el campo, el impacto es directo. Los fertilizantes representan cerca del 23 % de los costos de producción en cultivos como el arroz, según Fedearroz, con posibles aumentos entre 40 % y 50 % en insumos nitrogenados, aunque en Colombia el traslado aún es parcial.
Ese desfase tiene fecha de vencimiento. Inventarios acumulados han contenido el golpe, pero el margen es limitado. A medida que se renueven existencias, los precios más altos empezarán a reflejarse en la estructura de costos agrícolas.
El Gobierno ya anticipó ese frente. El presidente Gustavo Petro planteó la creación de un sistema de fertilizantes subsidiados, financiado con recursos de Ecopetrol, en respuesta al encarecimiento de estos insumos.
El presidente Gustavo Petro señaló que “la escalada del precio del petróleo en mayo nos obliga a construir un sistema intensivo de fertilizantes subsidiados”, dijo en X.
Y no es el único. Estados Unidos también ha movido fichas frente a los fertilizantes, al decidir suavizar sanciones a Venezuela para permitir que más empresas operen en su sector petrolero y energético, buscando aumentar la oferta global de crudo y derivados, incluidos insumos para fertilizantes, ante la presión de precios causada por el conflicto.
El trasfondo es más amplio. El mismo corredor que tensiona los fertilizantes también ha impulsado el precio del crudo, que se mantiene por encima de los USD 90 y ha llegado a superar los USD 100 en episodios recientes.
Para el agro colombiano, la ecuación es delicada: insumos más caros, costos de producción al alza y una posible transmisión a los precios de los alimentos.
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