Si usted paga una suscripción a una plataforma de streaming en dólares, realizó una compra internacional recientemente o está tomando un curso virtual facturado en moneda extranjera, probablemente ya lo notó: el dólar le está dando un respiro a su bolsillo.
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Al 20 de enero de 2026, el dólar se ubica alrededor de los COP 3.700. Solo la semana pasada, llegó a tocar los COP 3.663, un nivel que no se veía desde hace cuatro años y medio y que sirve para dimensionar el punto en el que está hoy la divisa en el mercado cambiario.
Pero, ¿qué tan barato está el dólar realmente? ¿Qué oportunidades abre el nivel actual de la moneda estadounidense? ¿Y si no todo lo que brilla es oro y también hay riesgos detrás de un dólar en mínimos de varios años? En un 2026 que se anticipa volátil e incierto en el frente global, estas son preguntas inevitables.
Antes de sacar conclusiones, conviene precisar algo básico: en Colombia el dólar se observa a través de tres referencias distintas. Tener claro ese punto es clave para leer el momento actual, evitar interpretaciones apresuradas y entender por qué el precio del día puede responder a fuerzas diferentes según el indicador que se esté mirando.
Cómo leer el precio actual del dólar
- La Tasa Representativa del Mercado (TRM). Es la referencia diaria para múltiples operaciones, como al hacer una compra internacional. Al 21 de enero de 2026, se ubica en COP 3.682,97. Es el número que más se cita porque estandariza la referencia, aunque no refleja el sube y baja de la jornada ni los movimientos que pueden darse con noticias o flujos puntuales.
- La cotización spot, que es el precio que se negocia durante la jornada y puede cambiar minuto a minuto según la oferta y la demanda. Tras el cierre del martes, el dólar se ubicó en COP 3.673, después de que el pasado viernes cerrara en COP 3.697,1.
- Los valores de las casas de cambio en Colombia, es decir, el precio de compra y venta de divisas al público. El valor promedio de compra de dólares actualmente se ubica en alrededor de COP 3.637 y la venta promedio en COP 3.803. Estos precios suelen moverse con rezago frente a la TRM y al mercado spot, e incorpora los márgenes de ganancia, costos operativos y coberturas frente a la volatilidad de estos establecimientos.
Con estas referencias en mente, el paisaje de comienzos de 2026 muestra un peso claramente más fuerte que hace un año.
Según el más reciente informe del mercado cambiario de Bancolombia, el peso se apreció cerca de 14 % durante 2025, favorecido principalmente por la debilidad global del dólar.
En ese mismo periodo, el índice DXY (que mide el desempeño del dólar frente a una canasta de monedas fuertes) cayó cerca de 9 %, por cuenta de un entorno de alta incertidumbre asociada con las actuaciones del presidente de Estados Unidos Donald Trump; los inversionistas redujeron su apetito por activos estadounidenses y buscaron refugio en otros instrumentos, como el oro, lo que terminó favoreciendo a varias monedas emergentes, entre ellas, el peso colombiano.
Y es que, desde los máximos del dólar que superaron los COP 5.000 en los episodios de alta volatilidad de 2022 y 2023, la tasa de cambio ha venido a la baja de forma sostenida.
El nivel actual de la TRM (alrededor de los COP 3.700) no solo está muy por debajo de esos picos, sino también entre un 8 % y 10 % menos frente a los promedios de los últimos cinco años.
Pese a ello, el mercado hoy está dividido entre quienes ven espacio para una mayor apreciación del peso en el transcurso de 2026 y quienes anticipan una corrección gradual al alza de la tasa de cambio en los próximos meses.
Las fuerzas detrás de los movimientos del dólar
Detrás del fortalecimiento reciente del peso colombiano no hay una sola causa, sino una combinación de factores externos y locales que venían de 2025 y cuya influencia se mantiene en las primeras semanas de 2026.
Uno de los principales catalizadores locales ha sido el flujo de dólares asociado a las operaciones de financiamiento del Gobierno. “En las últimas jornadas ha influido la expectativa de monetización de dólares por cuenta de las operaciones que viene haciendo el Gobierno nacional en materia de canjes de deuda”, explica Laura Clavijo, directora de Investigaciones Económicas de Bancolombia.
A ello se suman las operaciones de deuda realizadas por el Ministerio de Hacienda en 2025 para sostener el Presupuesto de 2026 y el nuevo ciclo de operaciones que se abrió para 2026, mediante una mayor emisión de Títulos de Tesorería (TES) y operaciones de tesorería para cubrir faltantes de liquidez.
“Puntualmente en estos días conocimos una nueva emisión de bonos en el mercado internacional de USD 5.000 millones, que si bien esos aún no se han monetizado, el mercado empieza a recoger la expectativa”, precisa Clavijo.
En contexto: Ministerio de Hacienda abre un nuevo ciclo de deuda para sostener el presupuesto de 2026
Según la directora de Investigaciones Económicas de Bancolombia, estos movimientos se han visto reforzados por un entorno internacional favorable. “Lo primero es la debilidad del dólar global, que durante buena parte del año pasado (y creemos continuará esta tendencia por lo menos durante la mitad de este 2026) genera un fortalecimiento de monedas de mercados emergentes”, afirma.
También menciona el diferencial de tasas de Colombia frente a otros países como un elemento que ha mantenido atractiva la entrada de capitales hacia la región.
A su turno, Valeria Álvarez, head de Estrategia de Itaú Colombia Comisionista de Bolsa, coincide en que el contexto internacional ha sido positivo para una apreciación del peso, pero subraya que hoy pesan con más fuerza los factores internos.
“Hoy estamos con un DXY por debajo de los 100 puntos y eso hace que todos los ojos estén puestos en los catalizadores locales”, explica Álvarez.
La experta de Itaú Colombia también destaca el manejo de la deuda pública y los flujos asociados a la estrategia de financiamiento del Gobierno. “Definitivamente han sido muy relevantes las monetizaciones del Ministerio de Hacienda y las operaciones de manejo de deuda”, señala.
En su lectura, ese componente explica buena parte de por qué el peso colombiano se ha comportado mejor que otras monedas de la región. “El año pasado tuvimos un peso colombiano que lideró las ganancias en América Latina; cuando se hace el promedio de la región, el peso estuvo cerca de unos COP 150 desviado del resto de monedas, es decir, sí hubo un catalizador adicional (las monetizaciones de Hacienda)”, añade.
Michael Smith Ortegón, director del programa de Administración de Empresas e Inteligencia de Negocios de la Universidad Católica de Colombia, resume la tendencia a la baja del dólar como una convergencia de flujos y menor aversión al riesgo.
Ortegón explica que, a nivel global, una menor aversión al riesgo y las expectativas de recortes de tasas en Estados Unidos han debilitado al dólar, mientras que en el frente local han pesado el ingreso de capitales hacia deuda pública, el buen comportamiento de los precios del petróleo y una percepción de menor riesgo macroeconómico en el corto plazo.
En el muy corto plazo, Daniel Londoño, country manager de Global66, señala que el comportamiento del dólar ha sido especialmente sensible a datos macroeconómicos y flujos financieros, como los datos de inflación en Estados Unidos y por el ajuste de portafolios hacia monedas emergentes.
A ese telón de fondo se suma un evento clave en la agenda internacional: la próxima decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos, prevista para el 28 de enero. El mercado estará atento no solo a la decisión sobre tasas, sino sobre todo al tono del comunicado y de la rueda de prensa, en busca de señales sobre el ritmo de futuros recortes y la lectura de la Fed sobre la inflación y la actividad económica.
“Mientras se mantenga la debilidad global del dólar y los flujos hacia Colombia sigan activos, el peso puede conservar una dinámica favorable; pero cualquier cambio en el frente fiscal, político o en la política monetaria internacional puede modificar rápidamente el panorama”, advierte el country manager de Global66
Oportunidades para el bolsillo, riesgos para la economía
Que la tasa de cambio en Colombia suba o baje no es necesariamente una buena ni una mala noticia. Sus efectos dependen de quién paga en dólares, quién recibe ingresos en esa moneda y cuánto tiempo se mantenga la TRM en determinados niveles.
Por ejemplo, si bien el nivel actual del dólar abre una ventana de alivio para el bolsillo de muchos hogares (al abaratar productos importados como alimentos o bienes, por ejemplo), también plantea riesgos para distintos sectores de la economía.
En el frente de las finanzas personales, el momento actual puede ser útil para ordenar gastos que están indexados a la moneda estadounidense.
Lorena Gutiérrez, docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de San Buenaventura Bogotá, explica que un dólar más barato ayuda a aliviar pagos recurrentes como cuotas educativas facturadas en moneda extranjera, suscripciones digitales, servicios para teletrabajo o estudio y compras internacionales que ya estaban presupuestadas.
“En educación, incluso variaciones pequeñas de esta divisa terminan pesando cuando el pago se repite todos los meses”, señala Gutiérrez, quien añade que aunque el dólar este bajo lo mejor que puede hacer no es correr a gastar de más, sino reorganizar obligaciones que, sin importar el precio de la divisa, tendría que pagar sagradamente.
Gutiérrez aconseja evitar dos errores comunes: comprar dólares sin una necesidad concreta y adelantar gastos prescindibles solo porque la tasa está baja. “Muchas personas priorizan el gasto que más les incomoda emocionalmente, cuando deberían empezar por el que tiene mayor efecto cambiario. Con este dólar barato, el orden de los pagos importa más que nunca”, subraya la docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de San Buenaventura Bogotá.
Del lado de la economía real, el balance es más complejo. Un dólar bajo contribuye a abaratar importaciones y ayuda a moderar presiones inflacionarias, pero al mismo tiempo golpea los ingresos de sectores que venden en dólares.
Michael Smith Ortegón señala que un dólar bajo ha abaratado las importaciones y ayudado a contener presiones inflacionarias, pero también ha restado competitividad a las exportaciones no tradicionales y ha reducido las ganancias del turismo que llega a Colombia.
Esa preocupación es compartida por varios gremios empresariales, que la semana pasada, a través de un comunicado, advirtieron sobre los efectos adversos de un dólar barato sobre la competitividad. Entre los firmantes están Andesco, la Andi, Analdex, Asocolflores, Augura, Fedecafé y Cotelco, entre otros 12 gremios económicos.
En su análisis,los gremios recordaron que en los últimos 12 meses la tasa de cambio ha caído cerca de COP 750 por dólar, lo que equivale a una apreciación cercana al 17 % del peso colombiano. Esa dinámica, señalan, está afectando directamente los ingresos de los exportadores, presionando los márgenes de ganancia y desincentivando inversiones, con riesgos sobre el empleo formal en sectores intensivos en mano de obra.
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Los gremios también advierten que un peso fuerte puede incentivar la sustitución de producción nacional por importaciones y poner en riesgo la participación de la industria local en los mercados.
El rumbo del dólar
Si el presente muestra un peso fortalecido, el futuro abre un escenario mucho menos claro. Las proyecciones para 2026 revelan un mercado dividido entre quienes ven espacio para que la tasa de cambio se mantenga en niveles relativamente bajos y quienes anticipan una corrección gradual al alza a medida que se reacomoden los factores globales y locales.
En la más reciente Encuesta de Analistas del Banco de la República, uno de los principales termómetros de expectativas del mercado, el consenso apunta a que el dólar se mantendría relativamente estable en el corto plazo, pero con una tendencia moderada al alza hacia finales del año.
Para el cierre de enero, la mayoría de analistas encuestados por el Banrep ubica la tasa de cambio en un rango cercano a los COP 3.700-COP 3.750, mientras que para diciembre de 2026 las previsiones se concentran entre COP 3.850 y COP 4.000.
En su escenario base, Bancolombia prevé que el dólar promediará alrededor de COP 3.878 durante 2026.
Para Banco de Bogotá, el sesgo es ligeramente más alcista; sus estimaciones ubican la tasa de cambio en torno a los COP 3.967 en enero de 2026 y cerca de los COP 4.183 en febrero.
Detrás de estas diferencias hay supuestos clave que aún están en definición. Por un lado, la trayectoria de la política monetaria de Estados Unidos será determinante: el mercado estará atento a si la Reserva Federal confirma un ciclo de recortes más rápido o adopta una postura más cauta frente a la inflación. Por otro, en el frente local seguirán pesando el manejo de la deuda pública, las monetizaciones del Gobierno y la evolución del déficit fiscal.
En un año en el que confluyen riesgos geopolíticos, ajustes fiscales y decisiones clave de política monetaria, lo único seguro es que la tasa de cambio seguirá siendo uno de los principales termómetros de la confianza y, al mismo tiempo, de la incertidumbre en la economía colombiana.
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