De un mes para otro, los alimentos pasaron de estar en el terreno negativo de la inflación a ser los que la impulsaron en Colombia para junio de 2026. Este hecho trae consigo varias alertas y también explicaciones particulares para cada producto, que solo pueden entenderse si se mira lo que ha pasado con la comida desde hace un año.
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La división de alimentos y bebidas no alcohólicas registró una variación mensual de 0,67 % y fue la mayor de todo el sexto mes del año, de acuerdo con los datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Y ocupó el segundo lugar en contribución con 0,13 puntos del total, que fue de 0,39 puntos. Esto quiere decir que representó un tercio de la inflación general.
Antes de comenzar, hay que decir que se trata de un asunto esencial. Que sea la canasta básica la que más impulse el encarecimiento de precios es un motivo de alarma, ya que afecta en mayor medida a los hogares con menores ingresos: los pobres y vulnerables. La razón es que son ellos quienes gastan un mayor porcentaje de su dinero en este tipo de productos.
De este modo se explica por qué el encarecimiento por nivel de ingresos, en la variación mensual de la inflación de junio de 2026, fue mayor para los vulnerables y pobres (0,45 %), seguidos por la clase media (0,4 %) y alta (0,3 %).
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La receta que encarece la comida
De entrada, el comportamiento del renglón de los alimentos es volátil, difícil de predecir. Aunque tiene sus ciclos, acordes a los procesos de siembra y recolección, en él también confluyen presiones inflacionarias que van más allá de los límites del territorio colombiano.
Mientras que en mayo, la comida apenas rozó el terreno negativo de la inflación debido al debilitamiento del dólar y una mejora en el abastecimiento de las centrales de abastos, ahora la historia es otra.
Carlos Duarte, miembro del Instituto de Estudios Interculturales (IEI) de la Universidad Javeriana de Cali, explica que el fenómeno surge de un cambio drástico en el ciclo de oferta. En mayo, los alimentos habían alcanzado cierto punto de estabilización, gracias a las cosechas acumuladas y una tregua climática.
“Sin embargo, en junio confluyeron dos factores. Uno fue el efecto rebote, pues alimentos que venían muy baratos (como la papa) sufrieron una ‘corrección de precios’ en el mercado.
Y el otro fue el agotamiento de ciclos de cosecha, con dinámicas estacionales que provocaron menor disponibilidad de productos en las principales centrales de abasto del país”, asegura Duarte.
Otro ingrediente que se le suma a la receta es el encarecimiento del gasto. La inflación del país ha estado tensionada porque la economía ha crecido gracias al consumo, tras el aumento del salario mínimo. Cuando crece el consumo, pero no la oferta, se tienen problemas de precios, en palabras de Jorge Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC).
Otro sabor amargo lo dan las fallas estructurales en las vías, que se ven afectadas y restringidas por las fuertes lluvias, e impiden el acceso a los sitios de comercialización, dice Jaime Alberto Rendón, director del Centro de Estudios e Investigaciones Rurales de la Universidad de La Salle.
El último elemento, para finalizar el plato, viene por cuenta de la guerra en Oriente Medio.
El cierre en el estrecho de Ormuz ha dificultado el tránsito marítimo, por lo que se han encarecido productos como el petróleo (que se ha trasladado al de la gasolina y lo relacionado con el transporte) y los fertilizantes, ya que buena parte de estos proviene del Golfo Pérsico (con compuestos el nitrógeno, la urea y el amoniaco). Y aunque se había hablado de un acuerdo que permitiría normalizar el tránsito por el estrecho, el reciente intercambio de ataques rompió la frágil tregua entre Estados Unidos e Irán.
Aunque la guerra viene desde finales de febrero, es ahora cuando los sobrecostos que tuvieron los productores se le trasladan a los productos, de cara a los consumidores, agrega Rendón.
Ingredientes: la dieta de la inflación
Cuando se mira el dato solo de alimentos (sin bebidas), los precios de este renglón se han incrementado un 7,12 % entre enero y junio de este año, casi un punto por encima del dato general para el mismo periodo, que está en 6,14 %. Aunque al entrar en detalles de la canasta familiar, no todos los productos se encarecen en igual medida o con la misma rapidez.
La directora del DANE, Piedad Urdinola, resalta que el incremento del grupo estuvo jalonado por las papas, cebolla, carne de res, leche, arroz y frutas frescas. Mientras que sólo restaron la carne de cerdo y los plátanos.
Pero cada ingrediente es particular. La papa es la que gana la competencia de la más costosa y eso no es de gratis. Hasta octubre del año pasado estaba en niveles muy bajos, de deflación, debido a la sobreoferta del producto. En ese entonces el sector casi sale a paro porque producía a pérdidas.
Como consecuencia, se desincentivó la siembra. Y ahora se da el efecto contrario, como hay menos producto, el precio sube. En los últimos seis meses ha llegado a encarecerse en un 50,26 %.
Otros tubérculos que están en la lista de los más cotizados son: la arracacha y ñame, y la zanahoria. Todos estos son cultivos de ciclo corto y altamente sensibles a condiciones climáticas. Y como la papa ha subido, la demanda se desplaza hacia los sustitutos, al final, el incremento termina por “contagiarse” en todo el grupo, de acuerdo con Rendón.
El combo de cebolla y tomate también ha estado al alza. La primera tuvo un aporte importante con 28,03 % en la variación del año corrido de 2026. Y el segundo ha subido un 41,51 %. Ambos casos responden en mayor medida a factores estacionales marcados por los ciclos de las cosechas y a las condiciones climáticas, que últimamente ha estado en un periodo de transición, lo que hace descender la producción.
Lo anterior aplica también para las frutas, segmento que se ha mantenido en positivo desde enero de 2023 y ya va en 23,63 % en los primeros seis meses de este año. “El crecimiento en junio estuvo concentrado en el mango, también en guayaba y lulo. El nivel de precios de este rubro ha estado por encima de los dos años anteriores”, detalla Urdinola.
Otras frutas que se miden fuera de la categoría y que también están entre los productos que más han subido este año son: tomate de árbol (47,02 %), moras (18,65 %) y naranjas (11,5 %).
Para terminar, un ingrediente que no puede faltar: la proteína. En este caso es la carne de res, que ha tenido una tendencia alcista desde finales de 2024, durante 18 meses, pese a que intentó estabilizarse en algunos momentos. La variación mensual de enero fue especialmente alta, en la del año corrido ya va en 9,12 % y en 14,9 % para el registro anual, según el DANE.
“El incremento del salario subió el consumo. Y hay un tema especulativo porque se empezó a cobrar más por la carne, aunque de todas maneras hubo un ajuste por el incremento en la mano de obra. Pero con estos precios se ha contraído el consumo y también el sacrificio se ha reducido”, relata Óscar Cubillos, jefe de la Oficina de Planeación y Estudios Económicos de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán).
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¿Mejorará la carta?
Con el menú claro, vale la pena preguntarse por el futuro.
Más que lanzar una proyección, Bedoya dice que lo que ocurra dependerá de cómo se comporten tres factores. El primero es el Fenómeno de El Niño, cuyo impacto, duración y zonas afectadas determinarán cuáles productos reducirían su oferta. El segundo es el estrecho Ormuz, pues es incierto qué tanto más se pueden subir los precios de los fertilizantes. Y el tercero es la revaluación de la moneda porque una tasa de cambio más barata implica importaciones más económicas, aunque también puede perjudicar a los productores locales porque les será más difícil competir.
De otro lado, Rendón sí espera que se mantenga la tendencia al alza en la inflación de alimentos, especialmente por lo que implica la llegada de la sequía.
Mientras la comida siga cara, los consumidores pueden seguir la dieta de la inflación. Consiste en sustituir la papa por el arroz (-1,66 % en el año corrido) o el plátano (-5,46 %) y la carne de res por la de cerdo (-3,39 %).
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