Con una pérdida estratégica recibió la familia Gómez Jaramillo el año 2012. El primer balance registraba cómo la dinastía paisa, una de las más activas en la vida empresarial del país, había perdido el 5% de propiedad accionaria en Productos Químicos Panamericanos (PQP), una de sus más estratégicas posesiones en el mundo empresarial.
En realidad, esta había sido una cesión calculada. Siguiendo los ejemplos de gigantes como Ecopetrol, Davivienda o los grupos Nutresa y Sura, los empresarios acudieron al mercado accionario para financiar su nuevo plan de negocios: expandirse por la región. La estrategia consistió en hacer una emisión de acciones por el 7,5% de su propiedad accionaria, de la cual el 5% estaría a disposición del público y el 2,5% restante para adquisiciones por parte de los actuales socios.
También significaba su regreso al parqué. “La situación ha cambiado mucho. Nosotros salimos de la bolsa hace 12 años porque no existía el dinamismo de hoy. La gente ni vendía ni compraba. Ahora pueden invertir y recuperar su dinero muy fácil”, comenta Álvaro Gómez Jaramillo, su presidente, quien revela algunas de las razones en el seno de los accionistas que motivaron la operación: “La familia ya está en su tercera generación y necesita tener una inversión líquida”.
La colocación concluyó el pasado 18 de enero con la venta de 7,5 millones de acciones preferenciales, las cuales le dejaron un ingreso de $17.107 millones.
Sin lugar a dudas una suma importante, pero para Gómez lo mejor del proceso es que estuvo basado en una de las primeras enseñanzas que su padre, el fundador de la dinastía empresarial, la cual le inculcó cuando él comenzaba a hacerse cargo del legado: “Uno tiene que rodearse de gente muy buena que le permita crecer. Y convertirlos en socios para retenerlos”.
Sello de familia
Los años 30 significaron para Colombia cambios radicales. El primero de ellos a nivel político, con la llegada de los liberales al poder. También fueron los días del progreso, cuando comenzaron a talarse bosques y desecarse los humedales para construir carreteras y urbanizaciones.
Y fue en este frenesí cuando el papel higiénico hizo su aparición. Vendido en cajas de a 100 unidades, sólo las clases altas podían costearse un lujo semejante. Pero en Medellín un joven de 16 años, llamado John Gómez Restrepo, se dio cuenta de que podía sacarle mayores utilidades vendiéndolo al por menor en los hoteles.
Así comenzó a percibir sus primeros ingresos como comisionista para mantener a su madre y sus cuatro hermanas. Su principal marca fue Waldorf, producida por la Scott Paper Co., de Estados Unidos, la misma que comercializó junto a su amigo Mario Uribe y que le permitió ir creando empresa tras empresa.
Más de 25 años después, el negocio se transformó: ahora lo verdaderamente rentable era convertir el papel. “Mi padre y su socio trajeron rollos de papel de una tonelada de peso, que eran empacados en guacales, se subían al ferrocarril y de ahí se enviaban a las distintas ciudades”, recuerda hoy su hijo Álvaro. Para 1959, y dando siempre un paso adelante, el patriarca consiguió la representación de Scott en Colombia, abrió su primera fábrica en Medellín y comenzó a envolver el papel en rollos más pequeños.
Por entonces el país atravesaba una de sus épocas doradas en materia industrial. “Hubo un auge muy fuerte desde la posguerra. Colombia vivió dos bonanzas cafeteras entre 1945 y 1950, y entre 1954 y 1955, que coincidieron con los años de gasto público de la dictadura militar. Se fundaron muchas empresas y la bolsa entró en furor. Era común que a los niños se les regalaran acciones cuando se graduaban”, explica Salomón Kalmanovitz, decano de Ciencias Económico-Administrativas de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.
Precisamente fue en este círculo virtuoso que el propio Gómez Restrepo dejó huella. Según la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, es el colombiano que más empresas ha fundado. Es probable que la cuenta supere las 40, de las cuales la más importante es Familia (ver artículo superior).
Ella es la evolución normal de la filial en el país de Scott, que en 1965 sacó al mercado su popular marca de papel higiénico. El buen ritmo del mercado les permitió incursionar en otras categorías como servilletas, pañuelos faciales, toallas de mano, toallas higiénicas, toallas de cocina, pañales y pañitos húmedos.
La empresa cambió su nombre a Familia en 1986 y encontró, a mediados de los años 90, un socio estratégico en la sueca SCA Molnlycke, que le permitió acceder a los mercados de la región. Hoy en día cuenta con fábricas en Argentina, Ecuador, República Dominicana y Colombia (cuatro instaladas) y maneja, además de su marca homónima, Pequeñín y Nosotras.
Otra es nada más ni nada menos que Brinsa, un nombre que aparentemente diría muy poco si no fuera por su marca estrella Refisal. “Se la compramos al Gobierno en 1995 e invertimos en pureza. Gracias a nuestros empaques y procesos, consolidamos una marca seria que evitaba que la sal se alterara rindiéndola, que era una característica de ese negocio”, dice Gómez Jaramillo.
Además de la sal, la empresa exporta hoy en día la línea de blanqueadores Blancox y químicos como soda cáustica, ácido clorhídrico, cloro líquido, entre otros.
PQP es su tercer y último pilar.
Socios de primera
Como puede verse, el negocio del papel higiénico no sólo creció como la espuma, sino que abrió nuevas oportunidades y nichos de mercado. A finales de los años 60 Gómez comenzó a vender jabones y detergentes traídos desde Estados Unidos comercializándolos a través de Scott.
Y la historia volvió a repetirse: al ver que sus nuevos productos tenían cada vez una mejor respuesta entre los consumidores, Gómez Restrepo se entrevistó con su proveedor con la idea de convertirse en su franquiciado. Se trataba de PQ Corporation, un imperio de la química fundado por Joseph Elkington en 1831 en Filadelfia, que se fue transformando gracias a la visión de sus herederos.
Corría el año de 1974 cuando el empresario paisa convenció a su contraparte estadounidense de apostarle a Colombia. Así nació PQP, la empresa que trajo la tecnología al país para producir desde detergentes, pasando por fertilizantes, hasta los químicos que emplea tanto la industria petrolera en su pozos como los que utilizan los acueductos de Bogotá, Cali y Barranquilla para tratar sus aguas.
Con siete plantas instaladas (acaba de invertir US$75 millones en la fábrica que inaugurará en abril próximo en Cundinamarca), ha extendido sus operaciones a Ecuador y República Dominicana. Importa al año 70.000 toneladas de materias primas que convierte en 200.000 toneladas de productos exportados. Y es posible que usted, en su propia casa, haya consumido uno de sus detergentes, ya que elaboran las marcas propias de cadenas como Makro, La 14, Olímpica, Alkosto, Éxito y Carrefour.
“Llevamos una excelente relación de trabajo de siete u ocho años con ellos. Se han convertido en nuestros aliados, porque nos permiten llevarles a nuestros clientes la mejor relación costo-calidad”, dice Juan Guillermo González, director de Mercadeo de Makro.
Un verdadero emporio que se transformó en el año 2000, cuando la compañía perdió a sus tradicionales socios. “Los cerca de 180 herederos decidieron venderle su negocio a JP Morgan, por lo que aprovechamos y les compramos su participación. Fue un momento definitivo en el que la familia decidió concentrarse en sus tres pilares actuales y vender las demás fábricas”, cuenta Gómez Jaramillo.
Un proceso en el que tanto hijos como nietos entendieron la magnitud de la obra de Gómez Restrepo: tuvieron que deshacerse de una fábrica de escobas, una distribuidora de llantas, una cadena de cementerios, varios almacenes de zapatos y hasta de Comodísimos, la fabricante de colchones.
La escisión le permitió al grupo reunir capital, invertirlo y diversificarse. En el caso concreto de PQP, desarrollar más de cinco líneas de negocios que le permitieron crecer en los últimos diez años a un ritmo de 20% con ventas anuales por US$150 millones.
Ha sido el mismo período en el que la compañía ha visto consolidar la economía colombiana y, específicamente, su comercio exterior con la firma y entrada en vigor de nuevos acuerdos comerciales. Por eso busca ahora nuevas fuentes de financiación para buscar un mayor crecimiento en el mercado regional, proceso en el que han seguido otra de las enseñanzas de su padre: “El dinero de los accionistas es más seguro que el de los bancos, que se convierten en amigos de día y enemigos de noche”.
La primera parte del plan se ejecutó a la perfección y concluyó con la emisión de acciones, con la que recogieron $17.107 millones; la segunda se llevará a cabo en 2013. “Sacaremos una nueva oferta pública, en la que pondremos el 35% de las acciones en circulación y nos permitirá que un inversionista institucional, de la talla de un gran banco por ejemplo, se convierta en nuestro nuevo socio estratégico”, revela Gómez Jaramillo.
Y de su mano incursionarían en los mercados de Chile y Perú, así como buscarían oportunidades doradas en Estados Unidos. La idea es consolidar un camino trazado hace más de 50 años: “Vamos a conquistar mercados parecidos. Hoy en día nos sentimos vecinos del barrio”.
El fundador de una tradición
La adversidad se convirtió en la mejor moneda de cambio de John Gómez Restrepo. Tras la muerte de su padre a temprana edad, tuvo que hacerse cargo de su madre y cuatro hermanas.
Después de desempeñar multitud de trabajos decidió abrir una sociedad con su amigo Mario Uribe para revender papel higiénico y jabones en Medellín; aquella actividad terminaría definiendo toda su vida empresarial, en la que fundó más de 40 compañías, desde simples distribuidoras de productos terminados hasta una cadena de cementerios.
Hoy, a la espera de su cumpleaños número 95, goza de su retiro mientras sus hijos y nietos manejan las empresas que conforman el Grupo Familia.
Los números del conglomerado
1938 fue el año en que John Gómez Restrepo fundó Urigo, la sociedad con Mario Uribe.
20 por ciento del mercado local de detergentes pertenece a PQP. Busca ampliarlo con su línea 123.
48 por ciento de las acciones de PQP pertenecieron a la familia Elkington desde 1974 hasta el año 2000.
1995 fue el año en que Familia le compró Álcalis al gobierno colombiano para convertirla en Brinsa.
35 años lleva PQP produciendo químicos para el tratamiento de aguas en el país.
En cifras
150 millones de dólares es el valor de las ventas anuales de PQP, que cuenta con fábricas en República Dominicana, Ecuador y Colombia.
35 por ciento de su propiedad accionaria planea poner en circulación la compañía en 2013. Su idea es recibir fondos para consolidar su internacionalización.