Caminar por el campus de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y asistir por al menos una vez a una de sus ferias de innovación y tecnología, es entender por qué en Israel se tiene clara la apuesta por el emprendimiento de alta impacto desde la ciencia. Y ese escenario, en pocas palabras, es lo que reúne la vida del profesor Oded Shoseyov, un referente mundial precisamente en innovación y sostenibilidad, fundador de una decena de empresas, autor o coautor de más de 169 publicaciones científicas y uno de los pocos que han puesto su rúbrica en 49 patentes de gran impacto. Shoseyov, invitado a Colombia para participar en la sexta conferencia Endeavor Colombia y Foros El Espectador, Un Día para Pensar en Grande, habló con este medio de comunicación y contó por qué los científicos deben tener un papel determinante en la construcción del tejido industrial en la sociedad.
¿Cómo hizo un científico para crear empresa? En países como Colombia es muy difícil, casi imposible. Cuéntenos su caso.
Mi historia es una coincidencia que empezó hace 20 años, siendo un joven científico que recién comenzaba su carrera académica en la Hebrew University. Al mismo tiempo era consultor de una pequeña empresa farmacéutica. Un día conocí a uno de los inversionistas de esta compañía, Mr. George Aaron, quien me preguntó acerca de la investigación que estaba realizando en el laboratorio en la universidad. Le dije que acababa de descubrir un nuevo gen que codifica la proteína y que juega un rol importante en el metabolismo de la celulosa.
La celulosa es un biomaterial abundante en la tierra y por esto impacta casi todos los sectores de la industria. Desde alimentos, a productos forestales, y desde la construcción, hasta la ropa. Mr. George Aaron se emocionó mucho por mi descubrimiento y me preguntó si había aplicado a una patente. Me asombró su pregunta y le respondí: “¡Por supuesto que no! La envíe para ser publicada en el PNAS Journal (Proceeding National Academy of Science Jornal) que es una publicación prestigiosa y de alto impacto. No tengo interés en patentes, yo debo publicarlo para obtener mi ascenso en la universidad”.
Aaron tomó el teléfono y llamó al director de la Oficina de Transferencia de Tecnología (TTO) de la Hebrew University y le dijo que estaba sentado junto a un científico joven e ingenuo que estaba a punto de publicar un descubrimiento potencialmente de alto impacto y perder su oportunidad de solicitar una patente.
Sin consultarme primero, le ofreció al director del TTO el siguiente acuerdo: él solicitaría la patente y cubriría sus gastos en nombre de la Hebrew University, me daría US$150.000 al año durante dos años para probarlo y conceptualizarlo en mi laboratorio, establecería una compañía nueva de la cual me daría el 5% del capital y negociaría un licencia exclusiva basada en regalías con la universidad. El director de la TTO pidió hablar conmigo y me tenía sólo dos preguntas: “¿Entiendes el acuerdo? ¿Estás de acuerdo?”. Mi respuesta fue: “No sé qué es capital, no tengo ni idea qué es una regalía, pero hasta hace unos minutos no tenía nada y ahora tengo US$300.000 para mi investigación, entonces sí, estoy de acuerdo”.
Diez años después, la compañía Futuragene fue vendida por US$100 millones y tuve la gran lección de cómo cerrar la brecha entre un descubrimiento académico y el mundo comercial.
¿Está en la nanotecnología, la nanobiotecnología y la agro-biotecnología el futuro del mundo?
Definitivamente sí, la nanobiotecnología está comenzando a generar un impacto en todos los ámbitos de nuestra vida: agricultura, alimentos, transporte, construcción y medicina.
En Israel y desde la Universidad Hebrea se promueve fuertemente la investigación. ¿Quién debe aportar los recursos para ello? ¿Y quién debe hacer que esas investigaciones se conviertan en empresa?
En mi opinión, la responsabilidad es primordialmente de los científicos en las universidades, que éstos propongan programas de investigación para crear “know how” y tecnologías que cambien las reglas de juego. Los científicos deben ser parte del proceso de conversión de tecnologías a compañías. Esto puede suceder sólo si hay incentivos desde las universidades y las comunidades. Entonces la responsabilidad es de todos los actores: gobierno, universidades y comunidades financieras y de negocios.
¿Es el modelo de apoyo al emprendimiento que tiene Israel el que deberían tener todos los países del mundo? ¿Qué deberíamos tomar países en desarrollo como Colombia?
La infraestructura en Israel fue optimizada al clima israelí, la cual toma en cuenta el espíritu emprendedor y la falta de mercados vecinos significantes. Esto ha llevado a que Israel desarrolle incubadoras de tecnología, fondos de capital de riesgo/emprendedor y compañías multinacionales que tienen acceso a mercados financieros y comerciales.
Yo daría consejos, estudiaría primero la cultura, los directivos universitarios con respecto a regalías y modelos de repartición de capital con los científicos, los mercados y aún más importante, comenzar a construir un espíritu y cultura emprendedora en Colombia.
La mayoría de los emprendedores en países de América Latina lo hacen para sobrevivir, para poder autosostenerse. ¿Cómo hacer para que dejen de pensar en pequeño y que piensen en grande?
La autoconfianza y el emprendimiento no pueden ser medidos en una etapa avanzada de la vida. Esto debe ser estudiado e inculcado desde kínder. Los resultados significativos se pueden conseguir únicamente si se apunta alto.
¿Cuál es su opinión sobre organizaciones como Endeavor?
Creo que Endeavor es una iniciativa de gran importancia. La habilidad de exposición y network es esencial para crear un ambiente de emprendimiento.
¿Cree entonces que los emprendimientos de alto impacto son sólo aquellos relacionados con la tecnología?
No necesariamente. La creación de políticas puede generar un mayor impacto en la economía. Por ejemplo, volviendo menos rígidos los obstáculos de la administración farmacéutica del gobierno se puede obtener un gran impacto positivo en los países de Latinoamérica y en el bienestar de sus ciudadanos. En mi opinión, la FDA perdió el balance entre riesgo y beneficio para los ciudadanos americanos. En consecuencia, los tratamientos médicos en EE.UU. se han convertido en demasiado costosos para la mayoría de los ciudadanos y los países que no tienen su propia industria farmacéutica.
Se podría aprender de Cuba, país que fue obligado a desarrollar su propia industria de biotecnología por su situación política, y hoy tiene una posición de liderazgo en algunos mercados.
¿Cuándo, en qué edad, se les debe incentivar el emprendimiento a las personas?
Tan pronto se puedan comunicar.
¿Por qué para los países en desarrollo es tan difícil “pensar en grande”?
Es un asunto de autoconfianza. Esto debe ser inculcado desde la niñez.
¿Deberían las empresas privadas en asocio con las entidades públicas aportar recursos para incentivar el emprendimiento de gran impacto?
Compañías privadas y públicas deben invertir en lo que creen que les generará progreso. Creo que eso es de su interés.