La crisis financiera internacional empezó a manifestarse desde mediados de 2007, cuando se reventó la burbuja del sector hipotecario estadounidense. El buen desempeño de la economía del país del norte y, en general, de la economía mundial, llevó a una política de flexibilización monetaria durante los primeros años de la presente década.
De esta manera, la tasa de interés de referencia disminuyó significativamente, pasando de 9% en enero de 2001 a 4% en junio de 2004, y se tradujo en una caída de las tasas de interés de la cartera bancaria, lo que estimuló el endeudamiento de los hogares, especialmente en cartera hipotecaria.
La mayor dinámica de la demanda de los hogares generó un incremento de la actividad inmobiliaria, aumentando así los precios, tanto de vivienda nueva, como usada. Adicionalmente, esto generó un mayor dinamismo en el mercado de instrumentos financieros (por ejemplo la titularización) que facilitó el fondeo del crédito hipotecario en el mercado de capitales. Una gran proporción de este fondeo, sin embargo, se dio de manera laxa y recurriendo a instrumentos financieros poco conocidos, lo que dificultó el manejo del riesgo por parte de los bancos.
Cuando las condiciones macroeconómicas dejaron de ser tan favorables y la mayor parte de los países desarrollados tuvieron que adoptar una política monetaria restrictiva por presiones inflacionarias, aumentó el servicio de la deuda y la mayor parte de los hogares del segmento subprime no pudieron cumplir sus obligaciones con los bancos. Lo anterior llevó a un aumento en la oferta inmobiliaria que a su vez generó fuertes presiones a la baja en los precios (viviendas nuevas y usadas) y dio inicio a un espiral de incumplimientos, deterioro de la liquidez y pérdida de confianza en el mercado de capitales. Nótese que es una situación parecida a la que se vivió en Colombia en el período 1996-1999.
En principio, se pensó que la crisis financiera se iba a mantener aislada en segmentos particulares del mercado (activos crediticios e instituciones financieras expuestas al sector hipotecario) y que no iba a representar un riesgo generalizado, pero ahora es claro que la crisis resultó ser mucho más fuerte de lo que se esperaba y su contagio sobre el sector real aún no es cuantificable.
El mal manejo del riesgo y la especulación por parte de los grandes fondos de inversión los dejó supremamente expuestos ante el deterioro de las condiciones del mercado inmobiliario estadounidense.
De hecho, después de la caída de Bear Stearns, el tambaleo de Fannie Mae y Freddy Mac y finalmente el colapso de Lehman Brothers, los mercados financieros del mundo han registrado grandes pérdidas a pesar del paquete de ayuda de US$700.000 millones aprobado por el Congreso de los EE.UU. Este terremoto en los mercados financieros ha provocado una de las mayores caídas en las bolsas de valores a nivel global. De hecho, el Dow Jones, principal indicador industrial estadounidense, muestra una caída de 25,0% durante el último mes, mientras que el S&P 500 y Nasdaq registran caídas de 27 y 26%.
Las principales bolsas de Europa y Asia también han presentado una fuerte contracción durante el mismo período. La bolsa inglesa (FTSE 100) y la bolsa alemana (Dax) presentan un crecimiento negativo de 27%, mientras que entre las asiáticas, el Nikkei japonés y el Hang Seng de Hong Kong presentan caídas de 33 y 28%, respectivamente. Por el lado de los países latinoamericanos, las principales bolsas han registrado contracciones superiores al 20%. La bolsa de Brasil presenta la mayor (28%), seguida por las bolsas de Argentina, México y Colombia (IGBC), que presentan caídas de 24,4, 22,3 y 21,8%, respectivamente.
¿Cómo afectará la crisis internacional a la economía colombiana?
Por un lado, el canal más directo es el menor acceso y el encarecimiento del crédito, especialmente externo, tanto para el sector público, como para el privado. El aumento en la aversión al riesgo de los prestamistas internacionales y en los spreads de la deuda soberana podría complicar los planes de financiación externa del gobierno para 2009, que esperaba colocar bonos por cerca de US$1.900 millones.
Para ponerlo más claro, estamos en una situación en la cual el crédito se va a encarecer (y va a ser más escaso), al mismo tiempo que el recaudo de impuestos caerá (por la desaceleración) y el servicio de la deuda se encarecerá (por las tasas de interés y la devaluación), complicando severamente la posición fiscal del Gobierno. Así las cosas, el Ejecutivo puede verse obligado a recortar el gasto público, profundizando la postura procíclica de la política fiscal, en un momento en el que ésta debería estar jugando un rol contracíclico para incentivar la demanda y suavizar la desaceleración de la economía.
Por otro lado, existen canales indirectos que pueden afectar la economía nacional. El primero sería una disminución de la Inversión Extranjera Directa (IED). Aproximadamente el 53% de la IED llega a sectores energéticos (petróleo, carbón y gas) proveniente de los Estados Unidos. Así, además de la desaceleración de la economía estadounidense y la turbulencia de los mercados que pone nerviosos a los inversionistas, la caída en los precios de los productos básicos también podría afectar el flujo de IED hacia el país. El segundo canal de transmisión podría darse por una disminución de las exportaciones, ya que, en la actualidad, Estados Unidos es el principal socio comercial del país y el destino de aproximadamente el 38% de las exportaciones totales colombianas.
Además, vale la pena mencionar que el ciclo decreciente internacional se ha profundizado a raíz de la crisis financiera, lo que tendería a magnificar estos impactos, afectando aún más la economía colombiana, que ha demostrado ser altamente procíclica. De hecho, los últimos datos de la cuentas nacionales revelados por el DANE muestran que el crecimiento de la economía colombiana se ha moderado de manera importante. La construcción y la industria, que son sectores que tradicionalmente contribuyen bastante a la variación del producto interno, muestran una importante reducción en su crecimiento durante el primer semestre del año, al pasar de crecer a tasas de 20% en 2007 a 0,5% en 2008 y de 12% en 2007 a 1,6% en 2008, respectivamente.
Así, existen algunos aspectos que son importantes para el desarrollo futuro de la economía nacional. En primer lugar, y a diferencia de la crisis de finales de la década de los noventas, el sector financiero nacional se encuentra en una mejor situación para afrontar un deterioro en las condiciones del mercado financiero internacional. Los indicadores de calidad de la cartera se encuentran sólidos (tan sólo el 2,4 y el 7,4% de la cartera comercial y de consumo total se encuentra vencida en agosto, mientras que durante la crisis del 99 estas cifras llegaron a 13 y 22% respectivamente).
En segundo lugar, la devaluación de la tasa de cambio puede tener un impacto positivo para contrarrestar la menor demanda por exportaciones por parte de los Estados Unidos, y en tercer lugar, la reducción de la inflación a raíz de la disminución de los precios de los alimentos y los productos básicos podría jugar un papel importante a la hora de reactivar el consumo de los hogares. Sin embargo, un punto para tener en cuenta es el tema de Venezuela. En ese país, las políticas públicas han logrado acabar con el mercado y destruir la economía, manteniendo tasas de crecimiento buenas tan sólo por el elevado precio del petróleo que se ha observado en los últimos años. Por tanto, la caída en ese precio haría insostenible esta burbuja y como tal, el deterioro de la economía venezolana tendría un fuerte impacto negativo sobre Colombia.
Entonces, aunque las señales de desaceleración son evidentes, las estimaciones de Fedesarrollo apuntan hacia un crecimiento cercano al 4% para 2008 y alrededor de 3,5% para 2009. Si bien estos crecimientos son muy inferiores a lo observado en los últimos cinco años, son todavía tasas decentes en un entorno bien complicado.
Otro factor que juega a favor de la economía colombiana es la postura de política monetaria que, sin duda, se moverá hacia una mayor amplitud. Sin embargo, todavía hay que ser cautelosos. No es claro que las presiones inflacionarias se hayan disipado completamente y tratar, apresuradamente, de “inflar” la economía relajando en exceso la política monetaria, el único beneficio que podría traer sería retrasar unos meses el “aterrizaje” de la economía y hacerlo más violento después.
Sin embargo, lo más importante de esta discusión es que el menor crecimiento de la economía nacional, producto del ciclo internacional y la crisis financiera, tendrá un impacto serio sobre el mercado laboral. Los altos costos de generar empleo formal en Colombia, como se ha repetido muchas veces, en un ambiente de desaceleración, van a empezar a ser una restricción mucho más importante.
Es decir, es claro que la particular manera de financiar la política social en Colombia (con impuestos al trabajo) ha llevado a incrementos del autoempleo de baja calidad y la informalidad, que ha obligado al país a convivir con altas tasas de desempleo y bajas tasas de formalidad. Es claro, entonces, que se espera que el desempleo se quede rondando niveles de 12-13% durante un tiempo largo hacia futuro.