El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Las mujeres se formalizan más, pero no necesariamente mejor: ¿a qué se debe?

La informalidad femenina cayó de 53,4 % a 52,3 % en el trimestre septiembre–noviembre de 2025, según el DANE. El avance se explica por la creación de 322.000 empleos formales en sectores como administración pública y educación.

20 de enero de 2026 - 12:05 p. m.
Aunque positivo, el fenómeno depende del gasto estatal y convive con brechas de participación, desempleo y exclusión juvenil.
Foto: EFE - Francisco Guasco
PUBLICIDAD

Colombia sigue atrapada en una informalidad laboral alta y persistente. En ese terreno áspero, un dato reciente rompe la inercia: la informalidad femenina viene cayendo de manera sostenida.

La noticia es positiva. Habla de calidad del empleo, de acceso a protección social y estabilidad de ingresos. Pero ¿por qué ha mejorado y qué tan sólido es ese avance? Un informe de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF) ofrece pistas, aunque también deja zonas grises.

En el trimestre móvil septiembre–noviembre de 2025, la informalidad de las mujeres bajó de 53,4 % a 52,3 %, una caída de 1,1 puntos porcentuales frente al mismo periodo del año anterior, según datos de ANIF.

Detrás hay una dinámica concreta: se crearon 322.000 empleos formales femeninos, mientras aumentaron 130.000 empleos informales.

El balance neto favorece la formalización. Es decir, el empleo formal creció lo suficiente como para compensar —y más— la expansión del informal. Esto sugiere una mejora parcial y sectorial en la calidad del empleo femenino, concentrada en quienes ya logran insertarse en el mercado laboral formal.

¿Dónde se está creando ese empleo formal?

La formalización femenina se está dando en dos sectores específicos:

El nudo es que ambos sectores comparten un rasgo decisivo: dependen del gasto público y de decisiones administrativas, no de un cambio profundo en el tejido productivo privado.

Según el DANE, los hombres siguen siendo más informales que las mujeres. En el mismo periodo, el 57,8 % de los hombres ocupados trabajaba en la informalidad, frente al 51,9 % de las mujeres.

No ad for you

Aquí hay varios nudos que se suavizan. Por un lado, la informalidad masculina subió frente a 2024; la femenina, bajó.

Las mujeres fuera del mercado

Hoy hay 21,2 millones de mujeres en edad de trabajar, frente a 19,5 millones de hombres. Sin embargo, cuando se observa quiénes efectivamente están en el mercado laboral, la foto cambia drásticamente:

No ad for you

Es decir, casi 4 millones de mujeres en edad de trabajar no están siquiera buscando empleo, una brecha que no se explica solo por decisiones individuales, sino por cargas de cuidado, trabajo no remunerado y barreras estructurales de acceso.

En desempleo, las mujeres también están peor posicionadas.

Esto significa que, incluso con una menor participación, las mujeres concentran más desempleo.

No ad for you

Las mujeres jóvenes y el mercado laboral

Por el lado de las juventudes, dos de cada diez jóvenes siguen por fuera tanto del sistema educativo como del mercado laboral. Y el fenómeno tiene rostro femenino.

En noviembre, 1,56 millones de mujeres jóvenes no estudiaban ni trabajaban, frente a 698.000 hombres. La brecha es de 866.000 personas. Ser “nini” suele ser la antesala de la informalidad temprana, con efectos duraderos sobre ingresos y protección social.

No ad for you

Esto sugiere que la mejora en formalización femenina convive con una exclusión persistente en los tramos iniciales del ciclo laboral.

Cabe recordar que la reducción de la informalidad femenina es real y merece ser reconocida.

No ad for you

Pero leído en conjunto, el avance en formalización de la mujer responde menos a una transformación estructural del mercado laboral y más a una composición sectorial favorable. Históricamente, las mujeres han tenido tasas de informalidad más bajas que los hombres porque están más concentradas en ocupaciones relativamente formales y porque los hombres participan más en el mercado laboral total.

Lo novedoso ahora es que esa ventaja relativa se amplía, impulsada por la expansión del empleo formal en sectores públicos y sociales. El problema es que ese motor tiene límites. Si la creación de empleo está asociada al ciclo gubernamental —por ejemplo, mayor contratación temporal hacia el cierre de mandato—, el efecto puede ser transitorio.

No ad for you

Mientras la informalidad siga siendo la puerta de entrada para millones de jóvenes —especialmente mujeres— y mientras el empleo formal privado no absorba esa fuerza laboral, el avance será real, pero vulnerable.

💰📈💱 ¿Ya te enteraste de las últimas noticias económicas? Te invitamos a verlas en El Espectador.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias