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La ciencia de pensar inteligente

Hoy, la prensa está repleta de artículos que hablan de neurociencia. Después de todo, en la economía del conocimiento los negocios dependen del capital intelectual.

21 de diciembre de 2008 - 05:00 p. m.
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Sin embargo, como en cualquier nuevo campo de conocimiento, se han exagerado los beneficios que brindan los recientes desarrollos en la ciencia del cerebro; por ejemplo, la noción popular de que los ejecutivos pueden ser mejores líderes si emulan los secretos “de gestión” del cerebro humano.

Pocas personas están mejor calificadas para ayudar a los ejecutivos a determinar qué hay de verdad entre todas esas exageraciones,  una de ellas es John J. Medina, biólogo de desarrollo molecular e investigador del aislamiento y la caracterización de los genes relacionados con el cerebro humano y la genética de los desórdenes psiquiátricos.

¿Por qué tanto interés en la neurociencia?

Se debe a que el cerebro es la herramienta de procesamiento de información más fascinante y compleja que tenemos, y estamos llegando a una percepción más clara de cómo funciona. Sucede que el cerebro es tan sensible ante las experiencias externas que usted puede literalmente reconfigurarlo mediante la exposición a influencias culturales. Hasta ahora, los científicos saben asombrosamente poco sobre cómo aplicar nuestro conocimiento en el mundo real. Si entendiéramos la forma en que el cerebro sabe cómo tomar un vaso de agua y beberlo, sería un logro importante.

¿Aparte de curiosidad, no hay  razón para tratar de entender la neurociencia?

Yo no diría eso. Algunas de las cosas que hemos aprendido tienen un gran valor práctico potencial. Considere el impacto del estrés en el cerebro. El estrés daña el cerebro, y eso inevitablemente daña la productividad en el trabajo. Nuestros cerebros fueron construidos para sobrevivir en junglas y praderas, donde el estrés habrá terminado en menos de un minuto. Es probable que usted pueda experimentar varios de esos momentos de alto estrés durante un día y manejarlos bien. Actualmente, nuestro estrés no se mide en enfrentamientos con pumas, sino en horas, días y a veces meses, mientras lidiamos con lugares de trabajo caóticos y problemas de dinero. Aguantar el estrés crónico es algo como tomar un avión y dejarlo inmerso en agua. El avión no fue construido para estar en el agua; el cerebro no está construido para soportar el estrés crónico.

¿Qué daño físico causa el estrés en el cerebro que afecte nuestros trabajos?

Hace que el cuerpo produzca un conjunto de hormonas llamadas glucocorticoides. Son útiles para las respuestas de corto plazo al trauma y la tensión, pero no deberían permanecer mucho rato. Algunos tipos de estrés pueden causar que estas hormonas permanezcan más tiempo del aconsejable, y si lo hacen se produce un daño real al cuerpo, incluyendo su cerebro. Los tejidos entre las células del cerebro que conservan sus recuerdos más preciados pueden romperse. El cerebro puede dejar de producir neuronas nuevas.

¿Hay protecciones genéticas contra el estrés?

Algunas personas parecen tener cerebros que están configurados de tal manera que pueden superar enormes cantidades de estrés. Aunque la ciencia de la genética molecular todavía no es capaz de predecir por qué ciertas personas son tan resistentes, la ciencia del cerebro está empezando a arrojar luces sobre los componentes genéticos de por qué más personas no tienen mucha resistencia  contra el estrés. Por ejemplo, hay un gen llamado 5-HTT. Ayuda a regular el estado de ánimo. Es mucho más probable que usted se vuelva clínicamente depresivo bajo circunstancias estresantes si tiene una mutación en ese gen que si no la tiene.

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Hablemos de la memoria. ¿Cuán confiable es?

La investigación del cerebro es bastante clara en este punto. La memoria genuina registrada de la realidad es algo muy inusual en este planeta. La razón es que el cerebro no está interesado en la realidad; está interesado en sobrevivir, de modo que cambiará la percepción de la realidad para permanecer en el modo de supervivencia. Desafortunadamente, muchas personas todavía creen que el cerebro se parece mucho a una grabadora, que aprender algo es como apretar el botón “grabar” y recordar consiste simplemente en apretar el botón “reproducir”. En el mundo real del cerebro, sin embargo, esa metáfora es un anacronismo.

El hecho es que el momento mismo de aprendizaje el momento de fijación del recuerdo es tan complejo que tenemos una comprensión limitada de lo que ocurre en nuestros cerebros en esos fugaces primeros segundos. Con la memoria de largo plazo es aún peor. Eso se debe a que, al igual que el cemento, un recuerdo requiere mucho tiempo para establecerse permanentemente. Mientras se consolida, la memoria humana puede ser modificada fácilmente, a medida que rastros de recuerdos anteriores dejan su huella en ella. Es decir que en el mejor de los casos nuestra comprensión de la realidad es aproximada.

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