Diciembre 31 de 2011. Ese es el plazo que se pone Camilo Reyes, director ejecutivo de la Cámara de Comercio Colombo Americana, para que el tratado de libre comercio (TLC) entre Colombia y Estados Unidos entre en vigor. Su optimismo se basa en fuertes razones: “Hillary Clinton, la secretaria de Estado de EE.UU., ha hecho declaraciones contundentes en presencia de nuestra Canciller sobre el futuro del tratado. Y no creo que las hiciera si no tuviera los elementos necesarios para afirmar que su aprobación no se dará este año”.
Pero de antemano hay que admitir que esa es una afirmación arriesgada. Desde 2006, año en que ambos países concluyeron sus negociaciones y firmaron el documento de acuerdo, el TLC ha permanecido congelado en el Congreso estadounidense por cuenta de las disputas políticas entre los partidos Republicano y Demócrata.
Tan pronto los equipos negociadores lo refrendaron, el país de norte vivió un giro en su política internacional. Los últimos años del segundo mandato presidencial de George W. Bush supuso el renacer de los demócratas en el Congreso, quienes supeditaron la aprobación del TLC al cumplimiento de los derechos y garantías sindicales en Colombia (una demanda realizada por los sindicatos estadounidenses, un sector clave para sus intereses electorales); esta postura se fortaleció en las presidenciales de 2008, donde el Partido recobró el poder bajo la imagen de Barack Obama.
Hoy el panorama en distinto. Las medidas para reavivar la economía tras la crisis mundial (como mayores impuestos y reformas estructurales) minaron el poder demócrata a favor de los republicanos, que se declaran amigos del comercio con Colombia. Pero las fuertes disputas al interior del Legislativo, esta vez por cuenta de garantías para los trabajadores estadounidenses que se verán afectados por la puesta en marcha del tratado, volvieron a condenar al TLC al limbo.
Un periodo de espera que, en los cinco años de su duración, ha significado para Colombia el progreso en sus negociaciones de instrumentos similares con Canadá, Europa y Mercosur, y la pérdida paulatina de negocios para EE.UU. “Estamos hablando de que, en ese tiempo, Bogotá selló acuerdos con países que ofrecen los mismos productos que el país le compra a EE.UU.”, sostiene Reyes.
Un ejemplo es el maíz. “Hace dos años, Colombia le compraba a EE.UU. el 96% de sus importaciones del cereal. Pero por cuenta de la demora en la aprobación del TLC y del acuerdo entre la CAN y Mercosur, esa cantidad se redujo a 20% simplemente porque es más barato comprarlo en Argentina”, explica el dirigente gremial.
En un intento para evitar que esa pérdida de participación siga progresando no sólo en el mercado colombiano sino también en el regional (otro TLC que se encuentra en el limbo legislativo es el firmado entre la Casa Blanca y Panamá), la Asociación de Cámaras de Comercio Americanas en América Latina realizará el próximo lunes 12 de junio en Cartagena, Colombia, una conferencia regional para explorar nuevas formas de integración con el país del norte.
Y para evitar el fracaso de un área de libre comercio como el ALCA, que sucumbió hace cerca de diez años por la reticencia de países como Venezuela, Bolivia, Cuba y Brasil, esta vez la estrategia será otra: aprovechar los tratados comerciales ya existentes para reposicionar en el mundo la presencia estadounidense.
“El objetivo es propiciar la integración regional no sólo en el área comercial, también en la energética, de infraestructura, transporte y de inversión”, comenta Reyes, para quien la escogencia de la sede es un gesto de confianza hacia el liderazgo regional de Colombia: “Las 23 cámaras de comercio de la región quieren que el eje Cartagena-Barranquilla-Santa Marta y el Caribe sean el eje de esa unión”.
Este evento contará con la presencia de importantes figuras del sector público, privado y académico de América Latina, entre los que se encuentran Arturo Valenzuela, subsecretario de EE.UU. para el hemisferio occidental; Michael Reed, editor de la revista The Economist; y un selecto grupo de altos ejecutivos de empresas como Embraer, Caterpillar, ISA y la Bolsa de Valores de Colombia.
“Será una gran oportunidad no sólo para analizar el futuro de la región, sino para fortalecer el apoyo de cara a la aprobación del TLC con Colombia en el Congreso estadounidense”, concluye Reyes.