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“La economía no se desempeña bien aunque estemos creciendo un 3,3 %”

Óscar Cabrera, presidente del BBVA, reflexiona sobre las discusiones que se deben dar en el país para lograr consensos, remar todos para el mismo lado y superar la polarización.

01 de marzo de 2020 - 03:00 p. m.
Óscar Cabrera Izquierdo llegó a Colombia hace 12 años para liderar el BBVA. / Gustavo Torrijos – El Espectador
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¿Qué le deja estar 12 años al frente del BBVA?

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¿Ya tienes una cuenta?

Muchas anécdotas, muchas historias vividas, muchos amigos, mucha gente en mi vida dentro y fuera del banco, 12 años que me dejaron como colombiano. Una historia fantástica. Esa pregunta es muy dura, porque tengo mucho cariño por este país, con implicación personal.

¿Cómo recuerda al Óscar Cabrera de hace 12 años cuando aterrizó aquí en Bogotá?

Tenía 42 años, hoy tengo 54, recuerdo el primer día, había estado en Colombia en el año 92 porque cuando me casé me vine de luna de miel, entonces me recuerdo caminando por el aeropuerto viejo, aquel techito que había a la salida donde la gente se agolpaba cuando llovía. Todo cambió. La Colombia de hoy a la de hace doce años ha cambiado bastante, eso es mucho más difícil de observar cuando estás aquí, pero ha cambiado mucho.

¿Y qué cambió en el banco?

No me gusta mucho contestar esa pregunta, prefiero que la contesten otros, los testigos de todo esto, pero he intentado conseguir un banco incluyente, un banco de personas, de gente conectada, de gente apasionada, de dueños, un banco por el cual la gente pelee y de forma entusiasta venga a trabajar, eso es lo que he intentado conseguir, si lo logré o no, hay que preguntárselo a otros, esa es mi receta, lo que creo que hace la diferencia. No creo que sean los procesos, los sistemas, es la gente y su relación con la marca. Y eso lo intenté cuando estuve en México y antes también.

¿Cómo se ve el país desde el centro financiero en Bogotá?

Colombia tiene dos vistas, y eso es muy curioso. Si miras a Colombia desde afuera, se ve muy bien, porque en el fondo si miras los indicadores generales, y lo que ha pasado en los últimos años, pues es una historia fantástica. Hablas de la reducción importante de la pobreza, del Acuerdo de Paz, que es una cosa realmente relevante para el país, uno llega a Bogotá y la ciudad se comporta bien, y estamos en el lado que le gusta al mundo, con lo cual Colombia desde afuera se ve muy bien, y lo he visto desde que llegué, muy bien, pero particularmente después del Acuerdo de Paz.

¿Y cuál es la otra mirada?

Ahora bien, cuando lo ves desde adentro, ya no se ve tan bien. Los parroquianos siempre nos tenemos que quejar de cómo son las cosas. ¿Y qué cosas pasan que no están bien? Desde que se produjo la crisis del petróleo nos damos cuenta de que no estamos bien, la economía no se desempeña bien, que aunque estemos creciendo un 3,3 % no se nos tiene que olvidar que venimos de más del 4 %, seguimos acumulando deuda, y uno puede decir: nos estamos endeudando, pero estamos invirtiendo, bueno, pues podríamos mirar el recuento hacia atrás y seguimos en la misma tendencia, eso no ha cambiando desde el año 2014, cuando se produjo el colapso del petróleo. Entonces no estamos bien.

Otra cosa que no está bien: la dinámica en la discusión política, seguimos enmarcados en una discusión que es políticamente importante y es probablemente importante para la sociedad, pero no son los determinantes, si me preguntan a mí, para el bienestar de la sociedad. No filosofemos, de lo que se trata es de conseguir el bienestar de todos los colombianos, para mí eso es mucho más importante que cualquier otra discusión, porque sabemos que hay muchos colombianos que no viven en condiciones adecuadas. Hablemos de cómo conseguir que este país se convierta en una maquinita de producir, cómo nos pudiéramos comparar con los países del sudeste asiático. Esa discusión no la tenemos bien enfocada.

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Sería genial contemplar a un Singapur, a un Malasia, pero, ¿qué le hace falta a este país para concentrarse en esa discusión después de un Acuerdo de Paz y una Colombia absolutamente polarizada?

Creo que es una convicción. Es difícil conseguirlo, no quiero decir que eso sea sencillo, pero hace falta una convicción de qué es lo que realmente queremos como país. Apartar las discusiones que son vacías, que son inútiles, no dejarnos despistar de esos pequeños señuelos y enfocarnos en lo fundamental, discutirlo. Tenemos cambio de gobierno cada cuatro años y nos cuesta crear consenso. Si logramos enfocarnos en qué queremos hacer y cómo lo vamos a hacer, sería magnífico. Pensemos realmente en cómo hacemos para construir un país que nos traiga beneficios a todos.

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¿Cómo deben ser los líderes de Colombia: un posacuerdo, con la gente en la calle, cómo deben ser esos líderes que deben tomar las riendas de este país?

No es una pregunta sencilla, pero más que pensar en cómo deben ser esos líderes, debemos pensar en cuáles son los consensos a los que tenemos que llegar, mientras no repartamos cartas de nuevo -en sentido figurado-, iniciemos el juego nuevamente, va a ser difícil que en algún liderazgo consigamos esos consensos. Líderes hay, gente que anima a la gente y que los atrae y los guía, de esos hay, el punto es cómo creamos esos consensos entre los líderes que piensan tan distinto, de construir un país que esté pensado como una empresa: cómo hacemos para que toda la gente en esta empresa funcione, viva bien y mejore sus condiciones, esa es la gran cuestión. Líderes, gente pensando distinto siempre va a haber, el tema es cómo somos capaces de organizarnos frente a una idea común que genere bienestar. Entonces, si no reconocemos, primero, que no somos óptimos, sino que aunque estamos mucho mejor de lo que estuvimos siempre, lo cual es cierto, seguimos siendo un país con enormes cosas en las que avanzar, si no reconocemos eso y lo que hacemos es vanagloriarnos de que un 3,3 % de crecimiento es una maravilla, pues no vamos a crear los consensos de que tenemos que pensar en algo mucho mayor, algo mucho más importante, como la empresa llamada Colombia.

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Más aspiracional…

Aspiremos a convertirnos en un país del primer orden mundial. Nos dejamos llevar por aquello de que estamos mejor que nunca. Vale, bien, te lo compro. Pero no estamos bien, hay muchos compatriotas que la están pasando mal, siguen en la pobreza, otros que habiéndola superado no tienen acceso a los servicios públicos mínimos como la educación y la seguridad. Entonces debemos reconocer que no estamos bien y que tenemos que poner a todos esos líderes a buscar esos consensos para conseguir todo eso.

Este país pareciera que en los últimos cinco o diez años hubiera hecho una ebullición de emprendimiento y emprendedores. Del ecosistema. ¿Puede ser este modelo de innovación social el que nos puede llevar a una sociedad más igualitaria donde saquemos a más colombianos de esa línea de pobreza?

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Sería demasiado simple si fuera así, si fuera cierto. Yo creo que no, hay que hacer muchas más cosas, en este país tenemos muchos temas para poder trabajar, en el fondo se trata de trabajar por la productividad en general del país. Al final el emprendimiento sirve para que hayan personas y grupos que salgan adelante, con buenas iniciativas que generarán crecimiento, y todo eso es cierto, pero hay cosas más fundamentales y transformadoras y eso es darla las opciones al país para que sea más productivo, o para que todo el emprendimiento que sea de mucho más tamaño.

De alto impacto…

De alto impacto. ¿Qué temas tienes ahí? Educación, si la gente no puede acceder al sistema educativo como Dios manda, y potente e importante, estamos mal. Esta discusión que se dio recientemente con la Vicepresidenta en relación con qué estudian los jóvenes, esa es una discusión que hay que dar, y tiene todo el sentido del mundo, pero no quiero decir con esto que tenga razón, pero si somos capaces de construir capacidades productivas realmente relevantes que impacten al país, al crecimiento. Es cuestión de crear las capacidades que sea productivas, gente que sea capaz de inventar, se soñar, de diseñar, de producir, de crear.

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David Bojanini hablaba de una reforma a la educación. ¿Cómo debería ser la reforma educativa en el país pensando en una sociedad que está ya metida en la cuarta revolución industrial?

No sé si estamos metidos en la cuarta revolución industrial, deberíamos estar ahí metidos, creo que lo que hay que hacer es propender por crear las capacidades que realmente vamos a necesitar como país para competir, y sabemos cuáles son esas capacidades, entonces hay que crear un sistema educativo que propenda por ellas. Un rector me decía: es que la gente no estudia matemática pura, pero no sabemos por qué. Y yo, ¿cómo así? Y me decía: en el colegio les enseñan una materia que tiene que ver con sistemas o con programación, y la gente acaba aborreciéndolo. Bueno, ahí está el tema, cómo hacemos para que coherentemente un niño tenga la propensión de estudiar ciertas cosas que le saquemos más partido a la cuarta revolución industrial. Es una reforma radical, y en palabras de la vicepresidenta, en el fondo la discusión de lo que está es eso, cómo hacemos para construir unas capacidades que sean otras, las que requiere esta revolución. Esto llegó, no podemos quedarnos como un país productor de yuca y aguacate, porque al final ahí no hay valor, en valor está en la transformación productiva de lo que se está generando con todo este tipo de cosas, que es lo que en los países del sudeste asiático han hecho maravillosamente bien con puntos de partida muy parecidos a Colombia, entonces el punto es cómo podemos aprender de esa historia que ya hemos visto para hacer una cosa parecida.

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Quiero entrar un poco al ámbito personal y entender ¿por qué toma uno la decisión de dejar la casa, después de doce años de construida, en manos de alguien más?

¿Eres casado?

Sí.

Felizmente casado…

Así es.

Esta casa me lo ha dado todo. Soy un enamorado de este banco, y lo voy a seguir haciendo desde fuera. Toda mi carrera la he hecho prácticamente en BBVA, estuve en Madrid un tiempo, luego en México y los últimos doce años aquí en Colombia. Aquí me he desarrollado, he hecho mis amigos, es mi familia, mis hijos no entienden una cosa distinta a BBVA como banco, esa es la realidad. Pero son historias que llegan a un punto donde uno debe decir: quiero hacer otras cosas, uno profesionalmente va cumpliendo metas, hitos y luego uno dice: y ahora qué, cuál es el siguiente. ¿Qué más puedo hacer? No puedo estar en zona de confort. Sigo teniendo entusiasmo, soy un tipo apasionado, puedo vivir cómodo, pero no, no es por vivir cómodo, y al final esto es una decisión de vida. Uno tiene que pensar en cosas distintas porque o si no todo acaba en rutina.

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Entonces te hago un símil, esta es una separación en muy buenos términos porque la verdad es que todo se ha facilitado, el banco y yo estamos cerrando esta relación en unos términos estupendos, estoy con el compromiso personal de colaborar al máximo con hacer la mejor transición posible porque al final sigo siendo accionista.

¿Qué quiere ir a hacer?

Pues no lo sé, sabes, esa es una buena pregunta, pero de entrada estaba pensando en convertirme en hobbista profesional, ahora bien, la gente me dice: no vas a poder. Los que me conocen, misa amigos, mi familia, no vas a poder. Y creo que tienen razón. Yo soy una persona que va haciendo otras cosas, trato de buscar espacio para otras cosas distintas a hacer banca.

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Por ejemplo…

Habrá que ver cómo se surte la agenda, cómo se maneja esa agenda cuando se tiene más tiempo libre. Mi hija dice que no voy a poder porque ella es como yo y que ella no podría, y tengo un hijo que dice: papá, qué maravilla, ahora sí vas a poder disfrutar de las cosas que te gustan, pero no sé, no sé qué va a pasar.

Fotografía, ciclismo…

Me gusta mucho la fotografía, tengo que recuperar un poco el deporte porque lo tengo un poco abandonado, me gusta navegar, velear, me gusta viajar y no lo he podido hacer porque no hay tiempo, los periodos de vacaciones en este tipo de cargos no son largos y no te permite hacer todo lo que quisieras hacer. Me voy a tomar un descanso, apartarme de todo este ruido, voy a pensar, y volveré con nuevas energías pensando un poco qué hacer con mi tiempo.

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Hace muchos años hablamos justo cuando el banco les acababa de dar un iPad a los ejecutivos. Lo acaba de lanzar Apple. Y usted entonces le compró uno a su padre para que pudiera hablar con él. ¿Cómo ha cambiado la tecnología al empresario, pero también al banco que lidera?

Estamos viviendo una costumización de la tecnología radical, desde que salió el computador y el mouse, y este tipo de cosas, pues ya tienes herramientas como la tabletas, que han permitido que gente mayor que no ha vivido aquello, que no nació con un mouse en la mano, puedan estar incluidos en este mundo digital. Si uno mira hacia atrás y piensa en lo que podía y no podía hacer, y piensas por un minuto, y luego piensas en lo que sí puedes hacer estando en una silla, sin moverte un segundo, es increíble, es una locura.

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La transformación que se está viviendo es global, y lo que hemos visto en el banco es ver la jugada en ese sentido, y lo que hemos puesto es todo el entusiasmo en ese sentido. El caso de Colombia con un eslogan fundamental: ¿para qué necesitas una oficina si lo puedes hacer todo desde un celular? Y por eso hemos construido la mejor app del mundo, la mejor app de Colombia, y está reconocida globalmente, y en Colombia no hay una como la que tenemos en BBVA, la construimos por eso, para decirle al colombiano que no gaste tiempo, no pierda tiempo y sea más productivo, y ocupemos el tiempo de nuestras oficinas en asesorar, y en explicarnos bien no cómo tomar un crédito, sino cómo comprar una casa, cómo hacer una inversión, cómo hacer un emprendimiento, y eso es mucho más valioso para la sociedad en su conjunto. Hay que usar las herramientas que están en nuestras manos y que son bárbaras, para mejorar las dinámicas y ocupar el tiempo en lo que es realmente valioso.

Hace unos años, cuando llegó el teléfono celular, se habló de la desaparición del teléfono fijo, pero eso no pasó. ¿Cuál es el futuro de la banca? ¿Van a desaparecer las oficinas físicas donde están los cajeros y el sello en la hoja?

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Ese futuro de la banca ya se está viviendo, ya no es futuro porque ya se está viviendo, simplemente hay que comparar con otros lugares donde la revolución tecnológica sí lleva un ritmo mucho más acelerado. Lo que va a pasar es al final las oficinas no van a ser transaccionales, no me imagino dentro de 10 años las oficinas como las estoy viendo hoy, con ventanillas y cuatro cajas, una fila de 50 personas para hacer cualquier cosa, eso no me lo estoy imaginando, eso no va a pasar. Lo que falta es la convicción total de parte del consumidor de que no hay necesidad de hacer eso. Y me imagino unos centros de apoyo, oficinas a donde llego y en vez de decir, quiero una hipoteca, más bien la gente llegue a preguntar qué cómo puede hacer para comprar una casa. Y el ejecutivo del banco le explique: ahorre un poquito primero, aquí tengo un producto para que lo haga de forma sistemática, y cuando tenga el monto de entrada, y luego sí vamos a ir a una hipoteca, que le va a prestar más o menos esto, pero además tenga cuidado si es potencialmente deducible o no. Esa es la discusión, la oficina va a acabar convirtiéndose en un centro de asesoramiento tanto para la financiación como para el ahorro. Que la gente esté un tiempo pero no haciendo fila para una transacción, estará con un asesor que lo guíe en el camino.

Ustedes tienen muchos programas sociales: los kit escolares, el apoyo en becas a Manos Visibles, la educación financiera en los niños, y todo esto es atractivo porque finalmente no es obligatorio que lo hagan. Pero, ¿cómo hacer que eso sea sostenible y que el día de mañana, por un ajuste de presupuesto, se deje de hacer?

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Esa es la típica cosa que funciona porque no es obligación. A veces hemos discutido en el país donde en el Congreso han discutido para obligar a que esto se haga, y eso no funciona. La gracia de lo que hacemos en BBVA es la convicción con la que lo hacemos. Si le quitas la convicción y le pones la norma, o dices: es obligado hacer lo que hacen estos, eso no funciona. Se hace sin modelo, sin estusiasmo, sin pasión, nosotros decidimos en su momento: el 1% de las utilidades brutas de este banco se van a dedicar a los programas de Responsabilidad Corporativa, y ya, y lo hicimos, y nos comprometimos. La gracia que tiene esto es que hay gente manejándolo y se convirtió en una parte central de nuestro ciclo vital. Una parte central. Una parte en la que yo personalmente le he dedicado mucho tiempo. Esa es la gracia. Pero si tú sacaras una ley que diga que se haga, te aseguro que al día siguiente se perdería la pasión y el entusiasmo. El país debe tener la convicción de que no es un gasto sino una inversión y si inviertes en el país donde estás operando, no hay mejor inversión. Todo esto redunda en más negocio, más crecimiento y más oportunidades para hacer lo que hacemos en las empresas.

A finales del año pasado anunciaban inversiones por $140.000 millones en temas digitales, hablaban de un nuevo centro de innovación en Colombia, 1,5 millones de clientes digitales en sus cuentas, entonces le pregunto: ¿cómo deja el banco?

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El otro día revisé esos números, porque es una pregunta que termina haciendo todo el mundo, la gente, en la casa. Datos: en estos 12 años el tamaño del banco lo hemos multiplicado por algo más de cuatro veces, y uno diría: hombre, todo fue bien. Y sí, todo fue bien. Pero es que además ganamos cuota de mercado, 135 puntos básicos de cuota de mercado, cuatro veces ganando cuota.

Hoy están de…

Estamos como cuarto banco. En términos de empleo éramos como 4.300 cuando yo llegué, hoy somos como 7.500, casi se ha multiplicado por dos la plantilla. Esos, para mi, son los números más importantes, todo esto aprovechando que el país viene andando bien, pero lo hemos conseguido haciéndolo mejor que el resto del mercado ganando cuota de mercado. Y cosas que no están en los números, que son valores cualitativos, y eso es un equipo de gente maravilloso, no tengo muchas dudas en pensar que este es el mejor equipo de la banca colombiana, y lo digo en todas partes y lo puedo repetir: no tengo ninguna duda, pero sobre todo como equipo. Y eso es un intangible que está detrás de esos números y que va a estar detrás de lo que va a seguir siendo un éxito fantástico la operación de Colombia.

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¿Óscar Cabrera Izquierdo se va de Colombia?

No, me quedo aquí, creo que soy colombiano como desde hace seis años, felizmente instalado acá, todo lo que he creado, mi desarrollo profesional más importante ha sido acá, adoro el país y sigo creyendo que hay mucho por hacer para sacar el país adelante. Lo que te comentaba antes de cómo hacemos para que sea un mucho mejor país, lo pienso mucho, lo discuto mucho y me apasiona discutir sobre eso, me gustaría estar desde una trinchera desde la que pueda aportar para eso, para que el país vaya para mejor y cubra todas estas brechas.

¿Ya lo llamaron?

Cuál trinchera no te sabría decir. Ya hay gente que te ha dicho cosas, otra está esperando porque a todos los he dicho: me voy a tomar un break, descansar, pensar en qué es lo que quiero y cómo contribuir a eso que te digo, no tengo la claridad todavía. Me merezco ese descanso y lo he ganado.

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54 años es muy joven

Gracias (risas)

¿Hay que entender este paso al costado como una pensión?

Desde mi punto de vista, no no no no no, (risas), tengo 54 años, mucho por hacer en mi vida, buscaré proyectos que sean realmente impactantes, relevantes y que de alguna forma me llenen mi ser.

Colombia vive un momento muy difícil: la violencia está disparada con el asesinato de los líderes sociales, un país cada vez más parcializado por el tema político que conocemos, la gente cada vez más inconforme, más protesta social, ¿usted sí nos ve algún día como un país en paz donde todos estemos sentados en la misma mesa compartiendo el mismo alimento?

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Buena pregunta. Así debe ser. No sé en qué momento, pero tenemos que pensar en cómo hacer para que eso sea así como lo dices, el punto de llegada es ese, cómo hacemos para que eso sí ocurra, porque evidentemente lo que se está viendo hoy y todos los días es que hay fuerzas que intentan hacer que eso no ocurra nunca, desde un lado y desde el otro, generando una rivalidad en donde creo que al final no debe haberla, como sociedad, ese es el caldo de cultivo y alimento de algunos políticos, y pienso que hay que pensar en que eso que tú dices ocurra, el punto es que hoy no está pasando así, cuál es el tránsito que debemos hacer para que eso ocurra. ¿Tienen que cambiar los líderes que tenemos? ¿Esos mismos o cambiarlos a todos y hacer un cambio generacional? ¿Tienen que cambiar los discursos? ¿Es posible? ¿La sociedad se mueve porque son discursos incendiarios? No tengo muy claro cuál es el tema, lo que sí tengo claro es el punto de llegada: no generemos diferencias, generemos unión. Uno de los temas que más lastra en el desempeño del país, en la productividad, en el bienestar es la violencia. Convivimos con esos, y con la cuarta revolución industrial, y con la integración del mundo, pero al mismo tiempo sin haber cerrado un capítulo de la historia que todo el mundo ya pasó. Es muy pertinente el punto para cerrar ese capítulo ya y olvidarnos y crear una conciencia de país completa y ponernos a trabajar.

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