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La Eurozona está en depresión

Mario Draghi puso sobre la mesa la hoja de ruta que debe seguir el bloque económico para salir del hoyo en el que se encuentra. ¿Están dispuestos los líderes de la región a tomar ese camino arriesgado pero necesario?

12 de septiembre de 2014 - 08:13 p. m.
Un grafiti muestra a Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, y Ángela Merkel, la canciller alemana, dos de los líderes más visibles de la región. / AFP
Foto: AFP - DANIEL ROLAND
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En el segundo trimestre de este año, la demanda doméstica real en la Eurozona fue 5% menos que en el primer trimestre de 2008. El desempleo ha aumentado poco menos de 5% desde ese mismo año. En el año que terminó en julio de 2014, la inflación en los precios al consumidor de la Eurozona fue de 0,4%. A partir de estos hechos dicientes se pueden concluir tres cosas sencillas: la Eurozona está en depresión, la falta de demanda ha jugado un papel crucial y el Banco Central Europeo (BCE) no ha logrado cumplir su objetivo de establecer los precios. Esto no sólo es triste, es peligroso. Es tonto asumir que habrá estabilidad si no mejora el desempeño.

Una condición necesaria aunque no suficiente para enfrentar estos desafíos es entenderlos. Al respecto, Mario Draghi, presidente del BCE y el único alto administrador público de la Eurozona que parece tener el pulso de los problemas, hizo una contribución vital este año en el simposio anual de Jackson Hole para banqueros centrales. Hubo dos puntos que deben recalcarse. Primero, dijo, “necesitamos tomar medidas de ambos lados de la economía: las políticas para agregar demanda tienen que verse acompañadas de políticas nacionales estructurales”. Segundo, hizo una promesa: el BCE “utilizará todos los instrumentos que sean necesarios para asegurar la estabilidad de precios en el mediano plazo”.

Un coro de ángeles debió haber cantado luego de que se dijera que la Eurozona tenía un problema de demanda. Hasta ahora, la ortodoxia ha tratado esta verdad como algo que no se puede mencionar. No es menos importante la promesa de tomar medidas. Nos recuerda al célebre “lo que sea necesario” de Draghi en julio de 2012. Esto llevó al anuncio de que el BCE realizaría un programa abierto de transacciones monetarias que derrotó el pánico sin disparar una sola bala.

En Jackson Hole, Draghi dijo que “confiaba” en que el paquete de medidas anunciado en junio, y que ahora se está implementando, lograría el “impulso que se busca en la demanda”. Es razonable ser escéptico. En los seis años que terminaron en el segundo trimestre de 2014, la demanda nominal aumentó tan sólo 2%. Los canales de crédito siguieron siendo limitados. La política fiscal también se sigue apretando, aun cuando las tasas de interés están prácticamente en cero: la OCDE ha pronosticado que el déficit fiscal ajustado cíclicamente se reduciría de un mero 1,4% en 2013 a un todavía más austero 0,4% en 2014.

Hay enormes divergencias en la competitividad, que son más difíciles de corregir cuando la inflación es tan baja. Esto obliga a los países vulnerables a caer en la deflación, lo que aumenta el nivel real de su deuda. Entretanto, los países centrales dignos de crédito se vuelven agujeros negros de demanda: este año el excedente de cuenta corriente de Alemania puede llegar a ser de 8% del PIB.

La semana pasada el BCE prometió comprar un portafolio amplio de “títulos simples y transparentes apoyados en activos”. Tiene la esperanza de que esto mejore la intermediación de crédito en la Eurozona. También espera que a través de este y otros programas que ha anunciado logre aumentar su balance a donde estaba hace dos años. Esto tiene sentido.

No obstante, a pesar de tales decisiones, es poco probable que la red de problemas en la Eurozona se resuelva pronto. ¿Entonces debería hacer más el BCE? Y en especial, ¿qué deben hacer los otros administradores públicos para apoyarlo?

La pregunta inmediata es si el BCE debería iniciar un programa abierto de relajamiento cuantitativo comprando bonos de gobierno, asumiendo que lo haga en proporción a la participación de los países de la Eurozona en su PIB total. Creo que esto debería intentarse. La situación actual es demasiado crítica como para no aprovechar este instrumento.

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¿Qué más debe hacerse? Una posibilidad que Draghi sugirió en su discurso es un uso activo de la política fiscal. Idealmente, debería haber una mezcla de inversiones públicas más altas e impuestos más bajos, en particular en aquellos países que pueden permitirse estas maniobras fiscales.

No es una simple cuestión de economía. La capacidad de las personas de los estados miembros para tolerar el alto desempleo y las profundas caídas ha sido impresionante. Sin embargo, no es ilimitada. Si esto es lo que siguen defendiendo las autoridades actuales, habrá un giro hacia el populismo. Tristemente es lo que estamos viendo en Escocia.

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Además es lo que comenzaremos a ver en otros lugares. ¿Quién puede asegurar que Marine Le Pen, la líder del partido Frente Nacional, no será la próxima presidenta de Francia? ¿Quién asumiría el mando si Matteo Renzi, el primer ministro de Italia, fracasa? Sí, estos estados deben actuar, pero ciertamente necesitan apoyo. Draghi ha indicado el camino, la Eurozona debe seguirlo.

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