La transformación del Aeropuerto Internacional El Dorado está en marcha. En una década, si todo sigue el plan, Bogotá tendrá un aeropuerto renovado y con capacidad para responder al tráfico aéreo creciente.
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Tras dos años y medio en fase de factibilidad, este martes se presentó en audiencia pública la Iniciativa Privada El Dorado Máximo Desarrollo (Edmax), un proyecto que promete inversión, empleo y una reconfiguración del principal nodo logístico del país.
El plan implica $9,7 billones en inversión y 78 meses de ejecución (desde diciembre de 2028 hasta mayo de 2035) tras una preconstrucción de 18 meses a partir de 2027.
“Estamos convencidos de que Edmax es la respuesta al crecimiento de carga y pasajeros a 2050”, afirmó Andrea Castellanos, gerente del proyecto. Con ello, Bogotá busca consolidarse como un hub regional sin que el tráfico aéreo colapse en el intento.
La obra, liderada por Odinsa (Grupo Argos) en alianza con Macquarie (holding financiero australiano), va más allá de una simple expansión: es una cirugía mayor en la infraestructura aérea del país.
El plan es tan colosal, como estratégico. Se ampliarán los muelles nacional e internacional, se duplicarán los puentes de abordaje y se extenderá la pista norte en 800 metros, medidas que buscan descongestionar un aeropuerto que, más que recibir vuelos, hoy sobrevive a ellos.
También se construirá el Centro de Intercambio Modal Aeroportuario (CIMA) y, esta vez sí, el sistema troncal de Transmilenio llegará hasta la terminal. Además, se invertirán $1,1 billones en mejorar las vías de acceso.
La obra generará más de 7.300 empleos, priorizando comunidades locales, y traerá mejoras clave en infraestructura, sostenibilidad y eficiencia operativa.
Para expertos en aviación, la ampliación no es solo una mejora necesaria, sino una urgencia. Según Claudia Velásquez, consultora experta en temas aeronáuticos, cada día de demora en la toma de decisiones representa una barrera de acceso para atender la demanda del mercado. “Las necesidades de ampliación de las plataformas y optimización del terminal aéreo son apremiantes”, dijo.
En esto coincide Álvaro Rodríguez, ingeniero civil y profesor de la Universidad de los Andes, quien advierte que la meta de 73 millones de pasajeros requerirá más que infraestructura. Es clave reducir “las operaciones de aviones pequeños (…), mejorar la tecnología de aeronavegación y trabajar el control aéreo”, explica.
El año pasado, el aeropuerto movilizó 45,8 millones de pasajeros, según la Aeronáutica Civil. Con la obra, se espera aumentar la capacidad a 73 millones a 2043, lo que representa un incremento de 59,4 %.
Además, el transporte de carga, que en 2024 fue de 800.000 toneladas, se proyecta que alcance las 1,2 millones de toneladas, un aumento de 50 %.
“Si seguimos creciendo, no solo en población, sino en PIB, no es descabellado que para 2050 pueda haber 92 millones de pasajeros”, dijo Rodríguez. En su opinión, la cuestión no es solo expandir el aeropuerto, sino planificar con visión de largo plazo. “Hubs como Singapur, Dubai y Panamá demuestran que la inversión anticipada en exceso de capacidad aeroportuaria ha sido un catalizador efectivo para su desarrollo económico regional”, sostiene.
Por su parte, Velásquez destaca que la época dorada del transporte y el turismo está vigente y debe ser capitalizada con una terminal accesible, moderna y eficiente. “De lo contrario, la falta de slots (cupos horarios de despegue/aterrizaje) en los horarios de alta demanda será un freno para El Dorado”, dijo la consultora.
Cabe aclarar que la financiación de proyectos de infraestructura en el país enfrenta retos considerables. De acuerdo con el Consejo Privado de Competitividad, se requieren $208 billones para intervenir 19.500 kilómetros de red vial, 31 aeropuertos y rehabilitar 1.800 kilómetros de red férrea de aquí a 2035 para impulsar, en serio, la postura de Colombia en la economía regional y mundial. Pero la inversión en aeropuertos sigue rezagada: entre 2015 y 2021, estos recibieron en promedio solo 8,8 % del presupuesto de transporte, según cifras del Ministerio.
En este contexto, el Plan Maestro de Transporte Intermodal (PMTI) actualizado por el Gobierno Petro contemplaba varias acciones para El Dorado, que incluían lo que espera lograr este proyecto. Primero, avanzar en la estructuración del proyecto El Dorado 2; segundo, realizar un estudio del “Terminal Maneuvering Area” (TMA) de Bogotá, o tercero, construir una tercera pista junto con un aeropuerto complementario.
El proyecto IP Edmax sigue en evaluación y lo estará hasta noviembre de 2025. En marzo de 2026 se abrirá el proceso de selección.
Luis Eduardo Acosta, vicepresidente de la Agencia Nacional de Infraestructura, subrayó la importancia de esta fase, debido a la valoración de los jurídicos, financieros, ambientales y sociales. “Es relevante escuchar las opiniones de la comunidad”, dijo.
En una pasada entrevista con El Espectador, Roberto Alvo, CEO de Latam, señaló que la región sigue siendo un mercado “inmaduro” en términos de pasajeros por habitante.
“El potencial en Latinoamérica es gigante”, dijo Alvo, recordando que 85 % de la población nunca ha volado. Pero advirtió que la saturación de El Dorado es una barrera crítica para el crecimiento del sector en Colombia.
Desde 2023, el gremio de transporte aéreo, IATA, ha señalado que, sin cambios operacionales clave, El Dorado no alcanzará su máximo potencial. En línea con lo mencionado por los expertos Rodríguez y Velásquez, el gremio destaca que optimizar las pistas paralelas, reducir los tiempos de facturación y utilizar herramientas tecnológicas ya adquiridas, pero sin uso operativo, como la toma de decisiones colaborativa y los administradores de salida y llegada, permitiría mejorar la eficiencia y aumentar el número de operaciones en el aeropuerto a 100 por hora.
Las otras voces
El respaldo al proyecto quedó en evidencia durante la audiencia de este martes, pero también sumó varias preocupaciones.
Juan Felipe Montes, director de asuntos públicos de Camacol, destacó el impulso que el proyecto dará al sector de infraestructura. No obstante, advirtió que “no podemos dejar de lado las situaciones adversas”, en referencia a los desafíos que aún enfrenta la iniciativa.
Los gremios también se pronunciaron. Fedeseguridad, Asocolflores y Fenalco coincidieron en la importancia de la ampliación para distintos sectores. “El aeropuerto es vital para la floricultura”, afirmó Augusto Solano, presidente de Asocolflores, al recordar que esta industria depende tanto de la agricultura como de la logística.
Desde las comunidades, las juntas de acción comunal de Villas del Dorado Norte, Los Laureles, Villa Claver y El Real respaldaron la obra. Sin embargo, la Junta de Acción Comunal de Fontibón expresó su preocupación por el impacto de las construcciones externas al aeropuerto, especialmente aquellas de más de 15 pisos, que podrían interferir con las operaciones aéreas. También señalaron la ausencia de compensaciones a la comunidad por las afectaciones derivadas del proyecto.
Las veedurías, por su parte, pusieron la lupa en la movilidad. “En el corredor de la novena, donde piensan descargar el flujo de la 63, tenemos un muerto semanal”, señaló José Miguel Hernández, de la veeduría Movilidad y Concesiones de Cundinamarca. Para el veedor, no basta con invertir un millón de dólares al día (como dijo la gerente del proyecto) si las vidas no se pueden recuperar.
Hernández también cuestionó la falta de integración del aeropuerto con otros modos de transporte, incluido el Regiotram, y comparó la situación con aeropuertos internacionales que han resuelto estos desafíos con conexiones más eficientes.
El impacto ambiental no quedó fuera del debate. Juan Lozano, de la organización Engativá Defiende su Territorio, mencionó la contaminación auditiva y química por el futuro proyecto aeroportuario. “Bienvenido el progreso, sí, pero sin incidencia negativa en la salud de los bogotanos”, dijo.
Las consultas, precisamente, han sido un punto en la mira, ya que las comunidades han expresado miedo a ser desplazados, o incluso con miedo al siempre presente fantasma de las expropiaciones.
La Actuación Estratégica del Distrito
Mientras la ampliación del aeropuerto El Dorado es prácticamente un hecho, a la par la Alcaldía de Bogotá ultima detalles para concretar el proyecto conocido como Actuación Estratégica (AE) Aeroportuaria Engativá y Fontibón, con la que, dicen la administración, busca consolidar la relación entre el Aeropuerto y su área de influencia, “conformando zonas con vacación de logística especializada y de servicios convexos a la operación aeroportuaria que, a su vez, permitan generar condiciones de hábitat adecuadas para los residentes del sector”.
La AE no solo busca reforzar la movilidad y el anillo ecológico que rodea el aeropuerto, sino generar un hub logístico, hotelero y turístico. Y, si bien, lo venden como un gran paso para especializar el sector, desde que comenzó la socialización, los vecinos han expresado miedo a ser desplazados. En especial, quienes viven en el barrio Puerta de Teja, donde comenzaría el proyecto, trasladando a los residentes de 2.000 viviendas en riesgo por el ruido.
Sin duda, los temores se basan en el poco conocimiento del alcance de la AE y la acción de los especuladores inmobiliarios que, frente a la expectativa de un proyecto como este, llevan meses recorriendo los barrios sembrando el fantasma de la expropiación y haciendo oferta por los inmuebles, por debajo del valor comercial. Por eso, el tema inmobiliario es quizá el más sensible del proceso.
Las dudas las ha tratado de aplacar el Distrito al aclarar que, de momento, no se contempla ningún tipo de expropiación, porque no se hará adquisición pública de predios y porque existen mecanismos legales que protegen a los propietarios frente los agentes inmobiliarios interesado en desarrollar la renovación, como la Política de Protección a Moradores, que los obliga a ofrecer alternativas que van desde la participación como socios de los proyectos hasta la compra a precios justos. Se espera que a finales de mayo termine el proceso de socialización, para expedir la reglamentación definitiva que dé vía libre al proceso de renovación urbana, que irá de la mano con la ampliación de la terminal aérea.
En general, el proyecto genera tanto promesas, como preguntas. ¿Logrará la obra ejecutarse sin contratiempos financieros y administrativos? ¿Responderá la expansión a la demanda futura o quedará corta antes de tiempo?
El desafío no es solo ganar espacio, sino planificar a largo plazo para que la ampliación no se quede atrás antes de tiempo. Más allá de cálculos financieros e ingeniería, su éxito dependerá de una ejecución eficiente y de su integración con la ciudad sin agravar problemas de movilidad, ruido y acceso.
Lo cierto es que el reloj ya está corriendo y, si todo sale según el plan, en 2035 la ciudad tendrá un aeropuerto a la altura de sus ambiciones.
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