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La guerra fría del fútbol

Cerca de 2,5 millones de usuarios de televisión paga no ven los juegos de la Liga Postobón por el pulso que envuelve a Claro, Une, Telefónica y el canal Win Sports.

15 de marzo de 2014 - 09:00 p. m.
/ Archivo
Foto: Gustavo Torrijos
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El penalti que detuvo Sebastián Viera y que le dio al Júnior de Barranquilla su séptimo campeonato profesional fue la última acción del fútbol colombiano que vieron los usuarios de Claro (entonces Telmex) y Une en sus televisores. El 21 de diciembre de 2011, mientras jugadores, técnicos y directivos recibían sus medallas, los ejecutivos de las principales compañías de televisión paga pasaban un trago amargo. Uno que no han digerido.

Aquel era el último partido del torneo local que transmitirían. Ellos, que tuvieron los derechos exclusivos de transmisión desde 2007, no llegaron a un acuerdo para su renovación. La cuestión de fondo era el dinero: la Dimayor, entidad que administra todos los aspectos del fútbol profesional en el país —entre ellos los derechos televisivos—, aplicó la lógica de la industria: una tarifa por suscriptor.

Desde entonces, los cerca de dos millones de personas que tienen el servicio de televisión con Claro y Une han tenido que conformarse con los dos partidos que RCN transmite por señal abierta. A ellos se suman los más de 330.000 de Telefónica, que tampoco coincide con los nuevos términos.

El distanciamiento se debe a un pulso de poderes. Por un lado, los tres grandes (suman casi el 73% de usuarios) alegan cobros excesivos, muy superiores al mercado; por el otro, el canal Win Sports, que en 2012 le compró los derechos de transmisión, asegura que ha dado plenas garantías a todos los jugadores de la industria. El ambiente se agravó desde enero, cuando fracasó la última negociación.

Declaración de guerra

La era de la televisión paga llegó al fútbol colombiano en el siglo XXI, pues, hasta entonces, los ingresos de los clubes provenían de la taquilla, la publicidad estática y el patrocinio en el uniforme. La primera en adquirir los derechos fue TV Cable en 2002, a la que se sumó Une cinco años después. Ambas pagaron US$17 millones por la licencia para transmitir dos juegos por señal cerrada (el tercero estaba a cargo de RCN, por señal abierta). Para entonces, la industria sumaba alrededor de 350.000 usuarios.

Pero el modelo dejó de interesarles a los directivos del fútbol. En aquel quinquenio, de la mano de un sólido crecimiento de la economía y la llegada de nuevos inversionistas, la base de abonados se disparó, según cifras oficiales, hasta los 3,63 millones en el primer semestre de 2011. Asimismo, el precio del dólar pasó de los $2.200 iniciales a $1.800 y, como el contrato definió el pago en la divisa, las ganancias se reducían al monetizarlas.

“Los valores que recibíamos eran inferiores a los del mercado y lo que se pautaba a nivel internacional. Con el cambio de estructura y de modelo pretendimos que todos los televisores del país tuvieran acceso a los juegos del fútbol profesional”, explica Ramón Jesurum, presidente de la Dimayor.

Por entonces, la exclusividad impidió que los derechos fueran adquiridos por terceros. “Telmex dijo: ‘No se le vende a nadie más’. Estando el contrato en mi escritorio, listo para firmar, me tocó decirle al señor de Telefónica: ‘No le puedo vender el fútbol’”, recuerda Mauricio Correa, quien tras ejercer como vicepresidente comercial de la firma, asesoró a la Dimayor en la negociación.

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Las nuevas condiciones eliminaron la exclusividad y e incluyeron la regla de oro de la industria: una tarifa al operador por número de abonados; así, Une y Telmex pasaban de pagar US$1,13 por usuarios a US$2,70. Y vino el primer ‘no’ a los contenidos sueltos con costo similar al de un canal por cable.

Esa respuesta dio paso a un negocio mucho más grande. “El mayor cliente que teníamos en señal cerrada era DirecTV, y RCN en televisión abierta. Les propusimos crear un canal bajo las condiciones definidas por la Dimayor y aceptaron”, comenta Correa, quien pasó a liderar el proyecto que hoy en día se conoce como Win Sports, la ventana por la cual se ve el fútbol profesional colombiano.

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Con la promesa de producir los contenidos, adquirió los derechos exclusivos de comercialización por 10 años (hasta 2022) tras desembolsar US$23 millones. Y, para evitar que los billetes siguieran escapándose, la asociación pactó una tarifa de 23 centavos por cada peso que ingrese. Además, se convino con RCN la transmisión de dos de los nueve juegos de cada jornada por señal abierta.

Entonces vino el segundo ‘no’.

Peleas sucesivas

Al tercer trimestre de 2013, el país registró 4,08 millones de usuarios de televisión paga. De ellos, cerca de 1,5 millones son afiliados a compañías de gran tamaño como DirecTV, Supercable, ETB o Emcali, y operadores de televisión comunal, con acceso al fútbol.

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Eso ha permitido que algunos jugadores expandan su alcance. “Win es sólo uno de los puntales de nuestro crecimiento en los últimos cuatro años. La estrategia ha estado marcada por un contenido muy atractivo como la transmisión de los eventos deportivos más relevantes (Mundiales de Fútbol u Olimpiadas), por la tecnología (fuimos los primeros en traer imagen en alta definición a Colombia) y servicio”, asegura María Elvira Restrepo, vicepresidenta de Mercadeo de DirecTV, que pasó de 324.000 abonados en 2010 a más de 890.000 en febrero.

Otros han hecho grandes esfuerzos. “Cuando Win salió al aire nuestros clientes nos lo pidieron argumentando que, si no lo tenían, cambiaban de operador. Aunque es costoso, lo incluimos”, dice Víctor Macualo, jefe técnico de Cable Tame, en Arauca, que cuenta con cerca de 1.000 suscriptores que pagan $27.000 mensuales por la señal.

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Allí radica una parte del conflicto. Aunque la tarifa de Win se basa en la economía de escala, que permite cobrarles menos a los operadores con más abonados, es considerado un producto de alto costo. Su precio arranca en $3.000 por suscriptor para cualquier firma con menos de 250.000 usuarios (un operador regional) y finaliza en $1.800 para quien sobrepase los 2 millones (Claro).

“La gente quiere ver el contenido local”, afirma Correa al explicar que los precios se definieron con base en un estudio de audiencias de la consultora Business Guru: son el canal de cable más visto en el horario triple A entre semana (rating de 1,02 frente a 0,75 de Disney, segundo) y el tercero el fin de semana (lo superan Caracol y RCN).

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Pero en la otra orilla la visión difiere. Una fuente cercana a las tres compañías explica que el costo, aunque baje por volumen, es muy alto al compararlo con los 13 centavos de dólar por usuario que cobra el canal de películas TNT o el dólar que cuesta adquirir el paquete de canales de Discovery. “Es un sobrecosto en la tarifa de 15%, sensible ante todo para nuestros usuarios de estratos uno y dos”, asegura.

En la disputa han fluido los rumores. Por un lado, se dice que Win y RCN manipulan la programación por señal abierta para no transmitir los juegos de los equipos antioqueños y presionar a Une, muy fuerte en esa región, a adquirir la señal; por el otro, se habla de un pacto entre los tres grandes para no comprar los partidos, so pena de pagarles $2.000 millones a cada uno de los otros dos firmantes.

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Lo único cierto es que en diciembre fracasó una nueva negociación. La propuesta se basó en el modelo chileno, aceptado en ese país por Claro y Telefónica: tres paquetes de contenido, siendo el premium el más caro (señal de alta definición y eventos exclusivos) por $23.000. El tercer ‘no’ dio paso a un nuevo rumor: como Win no conseguía su cometido, le compraría la transmisión abierta a su socio RCN.

La jugada, que dejaría sin fútbol a más de 2,5 millones de colombianos, dio paso a la idea de declarar el fútbol de interés nacional. Pero el remedio resultaría peor: en Argentina, donde se aplica, el Estado adquirió la transmisión a cambio de US$155 millones anuales. “A nosotros nos daría igual. Pero que el Gobierno nos entregue la cifra que nos da el sector privado, alrededor de US$40 millones, para subsidiarles el fútbol a los cableoperadores no tiene ningún sentido. No quiero pensar en la hilaridad que le crearía la propuesta al ministro de Hacienda”, comenta Jesurum.

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El pulso está lejos de resolverse. Al ser consultado por El Espectador, Gabriel Reyes, presidente de RCN, dijo: “De momento está descartada la venta de juegos por televisión abierta. Sí evaluamos un posible bloqueo a la señal de retransmisión a cargo de las firmas que no cuentan con el fútbol en señal abierta. Eso está en discusión”.

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