Esta semana se destaparon las cartas en torno al salario mínimo. Las centrales obreras proponen que el incremento sea del 16 %, mientras que los gremios consideran que un 7,21 % sería lo adecuado.
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Estas cifras no pueden salir de la manga, ya que deben ser argumentadas con una base técnica. Para esto se tienen dos variables como punto de partida: el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y la productividad.
Si se tiene en cuenta que, según los más recientes datos aportados por el DANE, la inflación observada es del 5,30 %, y que la Productividad Total de los Factores (PTF) fue del 0,91 %, la base para calcular el salario mínimo sería el 6,21 %.
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Haciendo únicamente este ajuste, los trabajadores recuperan la pérdida de poder adquisitivo del último año causada por la inflación y, además, se les reconoce el aporte que han hecho a la producción. No obstante, cada año se agregan algunos puntos porcentuales a la inflación, lo que se conoce como el “incremento real”. Lo que se busca con este porcentaje extra es proteger la capacidad de gasto de los trabajadores frente al encarecimiento esperado para el año siguiente.
Por ejemplo, si la inflación fue del 5 %, pero el alza es del 8 %, el incremento real sería del 3 %. Aunque hay que esperar con qué cifra cierra la inflación en 2025, se podría decir que los empresarios proponen un incremento real del 2,21 %, mientras que los sindicatos uno de casi el 11 %. La brecha que hay entre ambos es sustancial.
Lo que explican los expertos es que subir muy poco el salario mínimo es problemático; pero subirlo demasiado también.
En el primer escenario, el consumo se vería afectado: el bajo poder adquisitivo de los trabajadores que dependen del salario mínimo —que, según el DANE, corresponden a 2,4 millones de los 23,7 millones de ocupados— podría generar un estancamiento o incluso una caída en las ventas. Esto, a su vez, actuaría como un freno para el crecimiento de la economía.
En el segundo escenario, la inflación podría acelerarse, tanto por el desequilibrio que surgiría entre la demanda y la oferta como por el aumento de todos los costos que se actualizan con el alza del salario mínimo. Entre ellos están las cuotas de administración en los conjuntos residenciales y los aportes a salud, entre otros.
El impacto del salario mínimo en la informalidad
Más allá de esto, lo cual ha sido ampliamente discutido en las últimas semanas, está el impacto que generaría un alza considerable del salario mínimo sobre el mercado laboral.
Los gremios insisten en que, cuanto más alto es el salario mínimo, más difícil se vuelve contratar. Un aumento significativo podría reducir la capacidad de las empresas para generar nuevos empleos y, en consecuencia, limitar la reducción de la tasa de desempleo.
Otro posible escenario es que más trabajadores migren hacia la informalidad, fenómeno que se considera como uno de los mayores malestares del mercado laboral en Colombia.
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La teoría detrás de este argumento señala que, al ser el salario mínimo el umbral de entrada a la formalidad —pues sobre este es que se calculan los aportes a la seguridad social, como salud, pensión y riesgos laborales—, un aumento que no vaya acompañado de la capacidad del empresariado para asumir esos costos podría llevar a muchas empresas (que en su mayoría son micro, pequeñas y medianas empresas) a migrar hacia la informalidad o a recortar puestos de trabajo.
Según lo explicado a El Espectador por Juliana Morad, quien es la directora del Departamento de Derecho Laboral de la Universidad Javeriana, señala que la variable que suele impactar con mayor fuerza aumentos importantes del salario mínimo no es la tasa de desempleo, sino la de la informalidad.
También que hay análisis económicos que indican que un incremento real de 1,5 % del salario mínimo implicaría un incremento de un 1 % de la informalidad. En algunos escenarios, revelan estos estudios, el impacto incluso podría duplicarse.
Para el presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), Fabio Arias, los que señalan que el aumento del salario mínimo es sinónimo de incremento en la barrera de la formalidad no tienen en cuenta otras variables, como el crecimiento de la economía, la cual permite que las empresas tengan más capacidad para contratar.
Argumenta que, a pesar de que en los últimos años se han realizado incrementos sustanciales al salario mínimo, la tasa de desempleo y de informalidad han venido retrocediendo. Sobre esto, las cifras del Dane muestran que la tasa de desempleo pasó del 9,7 % al 8,2% de octubre de 2022 al mismo mes de 2025, mientras que la informalidad cayó del 57,6 % al 56,1 % en la misma ventana de tiempo.
Aunque, en efecto, las cifras muestran una mejora, lo cierto es que más de la mitad de los trabajadores en Colombia sigue en la informalidad, es decir, sin la protección que brindan los servicios de la seguridad social.
Para Arias, un incremento del 16 % no tendría necesariamente un impacto negativo en la informalidad. Esto se debe a que la normativa colombiana —incluyendo lo aprobado por el Congreso en la Reforma Laboral— permite que quienes ganan menos de un salario mínimo coticen por debajo de ese umbral. Sin embargo, la base del cálculo sigue siendo el salario mínimo; es decir, si este aumenta, también lo hacen las contribuciones a la seguridad social.
Morad estima que la aplicación de estas cotizaciones puede mitigar la informalidad hasta en ocho puntos porcentuales. Su impacto es positivo, especialmente entre el grupo de trabajadores que más ganan entre los que tienen ingresos por debajo de un salario mínimo.
“Si el salario mínimo sube mucho vamos a ver un impacto importante en la formalidad, o lo que vamos a ver es que no haya efecto, es decir, que se anule el efecto que se buscaba con la reforma laboral con esta medida particular que permite cotizar por debajo del salario mínimo”, concluye Morad.
El líder sindical también señala que al Ministerio de Trabajo le ha faltado fortalecer sus labores de vigilancia y control. Aunque la normativa colombiana es clara y la informalidad constituye una vulneración de los derechos laborales, muchas empresas siguen contratando de esta manera con total impunidad, al punto de que este fenómeno se ha normalizado.
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