Las preocupaciones en el campo a raíz de la entrada en vigencia del acuerdo comercial con Estados Unidos no pierden vigencia, mientras que hay sectores del agro que son optimistas y confían en llegar a posicionarse en un mercado complejo. Muestra de ello son los resultados de la investigación “Impactos del TLC con Estados Unidos sobre la economía campesina colombiana”, financiada por la agencia de cooperación Oxfam y conocida por El Espectador.
De entrada, el estudio elaborado por los investigadores Luis Jorge Garay Salamanca, Fernando Barberi Gómez e Iván Cardona Landínez señala que la puesta en marcha del tratado perjudicará al 70% de la población campesina y conducirá a una pérdida de 16% en sus ingresos. “Se encontró que bajo un escenario de precios y tasa de cambio promedio, el ingreso total agropecuario generado en el conjunto de las unidades productivas campesinas caería en $0,82 billones y la ganancia neta agropecuaria se reduciría en $0,36 billones”.
Para los productores agropecuarios, que van a tener pleno impacto del TLC (14% del total), dice el informe, el ingreso total agropecuario “caería en $0,25 billones, un cambio equivalente a 37% con respecto al valor sin TLC”. En contraste, para quienes van a sufrir las menores consecuencias (31% del campesinado), las entradas se disminuirían en $0,19 billones.
Ligado a los ingresos de los productores, el estudio asegura que el tratado traerá perjuicio a las entradas de los hogares campesinos del país (1,36 millones). “La reducción de la ganancia neta por actividades agropecuarias ocasionaría una caída del 10,5% en el ingreso total para el conjunto de los hogares campesinos”.
Los hogares más afectados por el TLC (28% de productores) verían mermados hasta en un 45% su nivel de ingresos promedio, que en 2005 llegaba a $340.200, teniendo presentes las áreas rurales y urbanas. Esto significa que el 68% de las familias contaban con ingresos inferiores a un salario mínimo.
Carlos Salgado, director de la organización Planeta Paz, asegura que productos como maíz, soya y trigo (característicos de la economía campesina) podrían tener un impacto del 20% en el valor anual de la producción. “Reclamamos que debiera haber estudios y trabajos sobre la población campesina más rigurosos”.
Opina que en materia de empleo el TLC puede traer una probable formalización de la población campesina, pero con una regulación del Estado que considere el entorno de las actividades productivas.
“Colombia no estableció una cláusula para revisar la desgravación. Hay un riesgo muy fuerte”, afirma el director de Planeta Paz.
Para tratar de paliar el escenario que plantean las conclusiones de la investigación, el Gobierno busca destinar $1 billón del próximo año para fortalecer al sector agropecuario en materia de infraestructura, proteger el empleo, dar asistencia técnica a los agricultores y también otorgar oferta crediticia más fuerte que la existente.
Según el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, los productos con más sensibilidad frente al tratado son fríjol, leche, arroz y maíz. Sin embargo, ve oportunidades para la palmicultura, frutas, hortalizas y biocombustibles.
Alerta el estudio de los investigadores que un conjunto de bienes agropecuarios que produce el país (que van a competir con productos subsidiados y protegidos) van a traer como consecuencia una notable reducción en los precios de cultivos transitorios como arroz, cebada, maíz, sorgo, trigo, fríjol, arveja y hortalizas como tomate y cebolla.
“Es previsible esperar que la baja en los precios internos tenga como consecuencia una disminución en el área sembrada y en la producción”, dice el documento. Por ejemplo, las hortalizas bajarían de precio un 15%, el fríjol en un 55% y la producción arrocera mermaría hasta en un 19%.
La investigación concluye asegurando que el futuro del agro nacional dependerá de una reforma y una modernización coherente y perdurable que se acompañe del desmonte de privilegios que tienen los grupos más poderosos.