El jefe de la Reserva Federal, Ben Bernanke, afirma que “esta es la peor crisis en los últimos sesenta años”, poniendo sobre la mesa todos sus recursos de persuasión para que el Congreso le permita emitir US$ 700.000 millones para recogerles a los banqueros sus platos rotos y que sumados a los salvamentos ya realizados, totalizarían el un trillón de dólares.
El sistema de mercado mostró sus fallas y el propio presidente Bush lo reconoció proponiéndoles a sus ciudadanos una intervención colosal, con recursos del Estado que ni el propio Stalin se hubiera imaginado en sus momentos más boyantes. Los efectos sobre Colombia no se harán esperar y, contrario a lo que algunos analistas predicen, creo que el golpe será bastante fuerte, tal y como ya lo anticipa la desaceleración acentuada en el crecimiento, el aumento del desempleo, la pérdida de poder adquisitivo por cuenta de la creciente inflación y de la saturación del crédito de consumo que poco a poco se encarece más.
Por lo anterior, la estrategia actual de inversión debe priorizar la liquidez, por encima de la rentabilidad, pues quien tenga la caja disponible será el que podrá aprovechar la caída en el precio de activos no monetarios que se observará en el corto y mediano plazo en Colombia. La inyección de los US$700 mil millones propuestos por parte de la Reserva Federal implica mayor oferta de la divisa americana y probablemente el retorno de su debilidad, con lo que la revaluación del peso podría volver, sumándose como factor negativo a la ya debilitada economía nacional. Este último sería el peor escenario.
La acción de Ecopetrol se mantuvo estable durante la semana y probablemente cierre el tercer trimestre así. Sin embargo, la segura recesión mundial la amenazará con caídas en el precio del barril de petróleo y un aumento de la aversión al riesgo que implica el impredecible mercado accionario, el cual no es refugio para quienes prefieren un flujo de caja conocido.