En la puerta de un viejo edificio del centro de Madrid, comenzando el invierno, una pareja de esposos pedía monedas mientras se resguardaba del frío con una raída cobija. En ese momento un señor de edad se acercó a darles un euro depositándolo en una lata y continuó su marcha. Unas calles más adelante, en la Plaza del Sol, varias estatuas humanas tratando de ganarse la vida —pintadas de los pies a la cabeza—, concentraban la atención de los transeúntes, que pasaban dejándoles unas monedas.
Unas cuadras más adelante, cerca de la Gran Vía (avenida que atraviesa el centro de la ciudad), varios mendigos buscaban sobras de comida entre unas canecas de basura que estaban al pie de El Corte Inglés, tradicional tienda española, símbolo de poder adquisitivo. Cuadros como este, en parte, son el reflejo de la elevada tasa de desempleo que ha azotado a España en los últimos tiempos (22,8% a noviembre, la más alta de la Unión Europea).
Mientras el nuevo presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, alista una reforma laboral de carácter urgente y se alista para tomar las riendas de un país diezmado por la crisis, el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero —al que ya le quedan pocos días— recibió como un balde de agua fría las últimas estadísticas del Ministerio de Trabajo e Inmigración de su país: la cifra de desempleados ya llega a 4’420.000. Esto significa que 59.000 nuevos ciudadanos perdieron su empleo entre octubre y noviembre.
Para tener un referente de cómo está España frente al resto de la Unión Europea, le siguen en materia de desempleo Grecia (con 18,3%) y Letonia (16,2%). En contraste, los más bajos son Austria (4,1%), Luxemburgo (4,7%) y Holanda (4,8%).
Así las cosas, el gobierno español tendrá que atender las propuestas de los sindicatos y de los diferentes sectores de la economía para comenzar a moldear la segunda reforma laboral en menos de dos años y buscar ponerle freno a la tasa de desempleo más alta registrada desde 2002.
Estos eran buenos tiempos en los que “nos creíamos reyes, íbamos al cine y salíamos a cenar casi todas las noches”, dice entre risas Isabel, una guía turística de Madrid, al referirse al inicio de la presente década. Para ella, Rajoy es la única esperanza que tiene su país para comenzar a salir de la crisis.
La misma posición la compartió el dueño de una tienda de souvenirs en Madrid, quien el día de elecciones (20 de noviembre pasado), pendiente de la radio, apostaba por el triunfo inminente de Rajoy mientras recalcaba que por el momento Francia y Alemania serán las únicas locomotoras para jalonar el crecimiento europeo.
Dicen las estadísticas del gobierno español que la construcción, los servicios y la industria fueron los sectores donde más ciudadanos perdieron sus empleos.
Sin embargo, en el área agrícola, se generaron cerca de 2.500 nuevos puestos de trabajo. Elena Salgado, ministra española de Economía, señaló que las tensiones en la Eurozona han alimentado la desconfianza de los empresarios, quienes se niegan a contratar más personal y por el contrario han dado lugar a nuevos recortes.
Antonio, conductor de una camioneta que transporta turistas en Madrid, dijo que así lo ha impactado la crisis que vive España: “Mi trabajo era pilotar un avión carguero por todo el país, me despidieron y ahora estoy haciendo esto”. Mientras conduce, dice que no le ve una pronta salida en los próximos años al paro, como es llamado el desempleo en España.
Si los nacionales no se salvan del desempleo, inmigrantes rumanos, marroquíes, ecuatorianos, peruanos y colombianos tampoco han podido escapar a perder sus trabajos. Dicen las estadísticas oficiales que casi 10.000 extranjeros fueron despedidos durante noviembre, para así completar cerca de 625.500 parados de otras nacionalidades.
Y es tal la situación, que según un mesero de una cafetería de Madrid, los clientes ya no suelen sentarse a la mesa, para no pagar propinas a la hora de cenar. Prefieren ir a la barra, pedir unas pocas tapas como croquetas, tortilla de papa, una cerveza y comer de prisa.
En ciudades pequeñas de España como Huelva, comunidad autónoma de Andalucía, el desempleo ha hecho más estragos que en el centro del país (la tasa es superior al 28%) y actividades como el turismo —que dan buena parte del sustento a esta región— se han venido abajo en los últimos dos años. También, regiones como Galicia, Baleares, Canarias, Ceuta, Melilla y Castilla-La Mancha, registran índices de desempleo que superan el 23%.
Mientras Rajoy alista la sonada reforma, más de 17 millones de ocupados y también los desempleados de España temen que se repita la historia del gobierno de Rodríguez Zapatero, quien al comienzo de su mandato prometió ponerle freno al desempleo. Pero el Cristo le dio la espalda, porque el número de parados en España pasó en los últimos cuatro años de 2,2 millones de personas a las cifras actuales. Si de creación de empleo se trata, durante el gobierno socialista tan sólo se crearon 290.000 nuevos puestos de trabajo en el sector público.
Ahora, durante la temporada de invierno, prevén expertos que el desempleo siga aumentando. Por el momento, mientras los españoles hacen fila en las oficinas de empleo del Gobierno en busca de alguna respuesta, los empresarios siguen desconfiados, el mercado expectante y la Eurozona, definiendo su permanencia en el tiempo.
España, con desempleo récord
España, país con el desempleo más alto entre los de la Unión Europea (22,8% en noviembre pasado), tiene 4,42 millones de desempleados según cifras oficiales. Pero de acuerdo con la Encuesta de Población Activa (divulgada en octubre pasado) en ese país existen 4,97 millones de personas sin trabajo.
Por ahora, el jefe del Gobierno español, Mariano Rajoy, afina su estrategia para no repetir la historia de un desempleo fuera de cauce, como sucedió en la era Rodríguez Zapatero.
Según el último informe de Eurostat (centro estadístico europeo), durante octubre de este año la tasa promedio de desempleo en la Eurozona (17 países) llegó a 10,3%. Esto significa que 16,29 millones de personas allí están sin empleo.