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Lo que le falta a Colombia para aprovechar las oportunidades de la reactivación de Venezuela

Queda un largo camino para exportar energía al vecino país y poder importar gas. Le explicamos en qué punto vamos, así como las oportunidades y obstáculos en una senda en la que Colombia tiene mucho que ganar.

12 de marzo de 2026 - 07:03 p. m.
Para liderar la transición energética en la región, Colombia primero debe destrabar los proyectos de energías renovables.
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El nuevo panorama de Venezuela tras la intervención de Estados Unidos y la salida de Nicolás Maduro abre oportunidades para Colombia, que podría ser ficha clave en su reactivación económica y, a la vez, aprovechar las nuevas reglas de juego para importar gas más barato. El tema es tan importante que las empresas ya están jugando sus cartas e incluso se ha vuelto un punto en la agenda de las campañas políticas.

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En febrero, durante un encuentro en la Casa Blanca en el que Petro y Donald Trump limaron asperezas, el jefe de Estado colombiano, según contó en entrevista con El Espectador, propuso que Ecopetrol participe en un plan de reactivación económica con énfasis en energía, gas y petróleo aprovechando la infraestructura existente. El foco, en línea con las políticas que ha impulsado el mandatario, estaría en las energías limpias.

La reunión entre el presidente Gustavo Petro y Delcy Rodríguez programada para este viernes se canceló, dejando en pausa la discusión de alto nivel de temas económicos para ambos países. De todas formas, ya hay temas andando.

Ricardo Roa, presidente de la petrolera, dijo la semana pasada que tras el “vuelco de 180 grados en el panorama geopolítico” lo que eran riesgos “ahora son magníficas oportunidades”. Para Roa, el Grupo Ecopetrol, con 18 filiales incluyendo a ISA, es el primer actor llamado a aportar en la rehabilitación de la infraestructura energética de Venezuela. Roa fue imputado el miércoles por la Fiscalía por uno de los dos delitos por los que es investigado; la audiencia de imputación del jueves fue aplazada.

El directivo dijo que ya se definió un portafolio que tiene como prioridad resolver las necesidades de electricidad de Venezuela, reactivando las conexiones eléctricas que existen en la frontera. Ecopetrol también insiste en la importación de gas desde el vecino país por el gasoducto Antonio Ricaurte, inaugurado en 2007, pero todavía hay restricciones (de las que hablaremos más adelante).

Si bien Ecopetrol podría estar en el centro, como dice José Plata, experto en Energía y Servicios Públicos Domiciliarios y socio de Serrano Martínez CMA, todas las empresas de transmisión y distribución presentes en Colombia tienen la posibilidad de participar en el proceso de mejoramiento de los sistemas eléctricos y en la exportación. De hecho, algunas de las movidas empresariales recientes están enfocadas en los negocios futuros con Venezuela.

El Ministerio de Minas y Energía asegura que la reactivación de la relación energética, que lleva suspendida una década, sería un “motor de recuperación económica y social”. La cartera definió tres frentes: el gas natural, la interconexión eléctrica y la cooperación en seguridad alimentaria.

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¿Qué tan fácil es exportar energía a Venezuela?

El Minminas dijo que el Gobierno ha adoptado medidas regulatorias para habilitar las interconexiones internacionales y que, una vez estén las líneas de transmisión en condiciones operativas y se hayan firmado los acuerdos entre los operadores de ambos sistemas eléctricos, Colombia pueda “contribuir a la estabilización del suministro energético en zonas fronterizas de Venezuela”.

Alejandro Castañeda, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Empresas Generadoras (Andeg), explicó a El Espectador que actualmente existen tres interconexiones. La primera es la infraestructura San Mateo–Corozo, por Cúcuta, con una capacidad de 140 megavatios, de los cuales, por el estado de la línea de transmisión, solo se podría transportar la mitad, que corresponden al 0,3 % del total de la capacidad instalada en Colombia, según el director de Andeg.

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La segunda es Cuestecitas–Cuatricentenario, por La Guajira, y la tercera está en Puerto Carreño, por donde antes se importaba energía del vecino país para esa capital. Este último punto no está conectado al Sistema Interconectado Nacional.

Natalia Gutiérrez Jaramillo, presidente de Acolgen y del Consejo Gremial Nacional, reconoció en charla con El Espectador que, siendo realistas, la infraestructura física no está habilitada: “Cualquier intercambio debe verse como un plan de largo plazo, condicionado a que primero blindemos el suministro de los colombianos y modernicemos técnicamente las redes fronterizas”.

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Ahora bien, para exportar, por obvio que parezca, se necesita energía de sobra. Entonces el primer paso, más allá de las reparaciones y de una ampliación de la capacidad, es aumentar la generación.

En términos de capacidad, Castañeda explicó que Colombia podría vender energía, pero probablemente no en las cantidades que necesitaría Venezuela para su reactivación. En momentos en los que llueve y por lo tanto no se requiere toda la capacidad de las plantas térmicas, el país ha exportado a Ecuador cerca del 2 % de la capacidad instalada. Estas ventas están suspendidas en medio de la tensión comercial que desencadenaron los aranceles impuestos por Daniel Noboa. En los momentos de sequía, en los que Colombia necesita las térmicas para evitar apagones, no tendríamos capacidad de vender.

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Así las cosas, en el corto plazo Colombia no cuenta con grandes excedentes de generación. De hecho, empresas y expertos han advertido que el mercado eléctrico podría enfrentar déficit desde 2028 si no se incorporan nuevos proyectos. Los gremios han señalado que se necesitan al menos 2.500 megavatios adicionales de capacidad. Gutiérrez agrega que ya hay un déficit de energía en firme (la que está disponible incluso en condiciones críticas) que XM sitúa en -2 % para este año y que podría subir a -3,5 % en 2027.

Alexandra Hernández, presidenta ejecutiva de la Asociación de Energías Renovables, SER Colombia, dijo a El Espectador que el principal reto es poner en operación de manera oportuna proyectos que hoy están estancados y que servirían tanto para abastecer el mercado colombiano como para generar excedentes. Por el lado de las energías renovables no convencionales, Hernández destaca que hay avances, pero la participación en la matriz energética sigue siendo limitada si tenemos en cuenta las necesidades del sistema para los próximos años.

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El informe Balance Renovable 2026 indica que Colombia cerrará este año con más de 4.200 megavatios de capacidad renovable, impulsada por proyectos a mediana y gran escala, por la generación distribuida y la autogeneración.

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Pero persisten cuellos de botella en trámites, licenciamiento ambiental, acceso a la red, cierre financiero y expansión de la infraestructura de transmisión que, sostiene Hernández, han retrasado la entrada en operación de muchos proyectos. Para la muestra, un botón: más de 5.000 megavatios de proyectos renovables no cuentan con cierre financiero. Para sacarlos adelante, dice la cabeza del gremio, se necesitan señales claras y estables desde la política pública.

Ahora bien, si hablamos del mediano plazo, el director ejecutivo de Andeg dice que las condiciones podrían cambiar dependiendo de cómo se configure el panorama de Venezuela y de las condiciones que se establezcan para los inversionistas. Dicho de otra forma, Colombia podría invertir mucho más en generación de energía para aumentar la capacidad de exportar.

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Pese a los retos, la presidenta de Acolgen y del Consejo Gremial Nacional dice que las oportunidades de intercambio entre Colombia y Venezuela existen y son estratégicamente importantes, aunque hoy estén “subutilizadas o inactivas por razones políticas, regulatorias y técnicas”. En este momento es clave entender que el aporte no solo se queda en la venta de energía, sino en construir un ecosistema binacional.

Gutiérrez explica que América Latina vive una paradoja: “Tenemos una de las matrices más limpias del planeta, pero nuestros intercambios eléctricos apenas llegan a 4 % del total producido, según la CEPAL. Lo ideal sería acercarnos a 15 %”. Para la cabeza del gremio, Colombia puede liderar este cambio aportando su institucionalidad y el “saber-hacer” de un mercado que lleva décadas funcionando con “éxito y resiliencia”.

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¿Cómo aprovechar las oportunidades que están sobre la mesa? Para Gutiérrez, la clave está en la complementariedad: Colombia aporta su sistema hídrico y renovable (energía solar y eólica de La Guajira), mientras Venezuela ofrece su gran capacidad hídrica en Guri y su respaldo en gas natural. Esta sinergia, agrega, “nos permitiría exportar cuando tengamos abundancia de lluvias e importar cuando El Niño nos golpee con fuerza”.

Como a la par de las oportunidades hay riesgos, Acolgen destaca que es necesaria una “armonización regulatoria”, para que las reglas de juego sean compatibles en ambos países; garantías financieras, como mecanismos de pago que den tranquilidad a quienes invierten, y estabilidad política, para que lo técnico y diplomático proteja la operación de los vaivenes externos.

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En esa misma línea, y para que Colombia lidere la transición energética, Hernández dice que es necesario desarrollar y fortalecer los marcos regulatorios, técnicos y de inversión para el transporte de energía de Colombia a Venezuela y consolidar al país como un “hub” de bienes y servicios, con una fuerza laboral formada y competitiva que impulse la industria.

¿Y la importación de gas?

Desde diciembre de 2024, Colombia está importando gas para atender la demanda de hogares, comercios e industrias. El país ya importaba este hidrocarburo desde 2016, pero sólo para respaldar a las plantas térmicas, con las que se genera energía.

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El año pasado, de acuerdo con datos de Naturgas, cerca de 20 % del gas que se consumió en Colombia era importado (12 % para la generación de energía y 8 % para atender la demanda de hogares, comercios e industrias). Actualmente, la única infraestructura para importar es SPEC LNG, ubicada en Cartagena. Como se espera que el déficit de gas nacional siga creciendo, varias empresas, especialmente Ecopetrol, están trabajando en nuevas opciones de importación que permitirán garantizar el abastecimiento.

Importar gas desde Venezuela es una buena opción, y más barata. En este caso no se necesitaría regasificar, porque el transporte se realizaría a través del gasoducto binacional Antonio Ricaurte, que conecta a ambos países. Pese a la insistencia del gobierno Petro, comprarle gas al vecino país hasta ahora no parecía viable por las sanciones de Estados Unidos, pero en los últimos días se ha despejado el camino.

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Luz Stella Murgas, presidenta de Naturgas, explicó que gracias a las licencias generales emitidas por Estados Unidos para desarrollar actividades relacionadas con el petróleo venezolano y a las medidas de la Asamblea Nacional de Venezuela, la importación ya es viable jurídicamente. Sin embargo, advirtió que se necesitan adecuaciones en el viaducto que podrían tomar hasta 12 meses y que falta información y reglas claras.

Para Ecopetrol sí hay obstáculos. Roa explicó que la liberación parcial de licencias por parte de Estados Unidos aún no le permite a la empresa abrir una negociación con PDVSA. Los abogados de Ecopetrol, dijo su presidente, radicaron por tercera vez una solicitud a la OFAC para levantar las restricciones. “Infortunadamente no podrá ser a través de Ecopetrol”, dijo a finales de febrero Edwin Palma, ministro de Minas y Energía.

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Esta semana, Presidencia informó que los gobiernos de los dos países acordaron una hoja de ruta para reparar cinco kilómetros de tubería del gasoducto en el lado colombiano. El primer paso es reactivar la licencia ambiental que está suspendida desde 2019. Cuando se sienten las bases de esta transacción, las empresas (algunas de ellas ya están estudiando de cerca el negocio, según conoció este diario) saltarán al ruedo.

Hasta ahora se están dando los primeros pasos para aprovechar las oportunidades que ofrece el nuevo panorama en Venezuela.

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