El comerciante
Orlando Antonio Muñoz está sentado en un pequeño salón que hace de restaurante elegante en San Vicente del Caguán. Es valluno de nacimiento, pero los 17 años que lleva comerciando abarrotes en la zona le han dejado un marcado acento caqueteño. Alto, acuerpado, de manos fuertes. Lleva puesta una camisa a cuadros, un pantalón azul y zapatos claros, porque como los otros 40 comensales que están esperando a su lado —entre los que se cuentan potentados ganaderos y queseros del Caquetá—, está impecablemente vestido no sólo por la visita que llega de Medellín, sino porque tiene una razón para celebrar: la apertura de una oficina bancaria, esa que llevaban esperando unos cuatro años. Otros, sus vecinos, dicen que un poco más.
Y tienen razón. Mientras en ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena o Santa Marta la apertura de una oficina de banco pasa desapercibida, en San Vicente del Caguán, esa misma tierra que desde hace 10 años carga con el estigma de haber sido ser el epicentro de la ‘zona de despeje’, el búnker de las Farc, tiene una importancia, en términos de negocios, casi incalculable: “Después de que ustedes abrieron la sucursal, me estoy ganando un millón de pesos más, que era lo que tenía que pagar por el costo de los giros”, dice, al otro lado del salón, un fabricante de muebles”.
¿Eso también le pasa a usted?, le pregunté a Orlando.
“Le voy a contar lo que nos pasaba a todos, respondió:
“Cuando se tenían $50 millones para pagarle a un proveedor, para cubrir una deuda o sólo por ponerla afuera de San Vicente para hacer un negocio, teníamos que echar la plata en una bolsa, buscar un camión que viajara con ganado para Florencia y tirar esa plata entre las patas de las reses, taparla con aserrín y confiar en que no se perdiera en el camino”. Y, acto seguido, haciendo un poco de memoria, recuerda que cuando se necesitaba hacer una consignación de urgencia había que tomar un taxi, pagar $25.000 por el pasaje y destinar tres horas de camino para llegar hasta la capital del departamento en busca de una ventanilla.
El banquero
A 41.000 pies de altura, en un avión privado de la organización, Carlos Raúl Yepes, presidente del Grupo Bancolombia, habla de bancarización, de la humanización de la banca, de corresponsales no bancarios —ya tienen más de 1.000 en 630 municipios del país— y de por qué el banco que representa tomó la decisión de abrir oficinas en lugares para muchos considerados apartados, como Orocué, Maní y Villanueva (Casanare), San José del Guaviare (Guaviare), Leticia (Amazonas) y San Vicente del Caguán (Caquetá): “Esto no es fruto del azar, sino del convencimiento de que las cosas van mejor, de pensar en la otra Colombia. Somos constructores de relaciones a largo plazo, eso es lo que se debe hacer en los negocios”, comenta siempre con una sonrisa y el positivismo que lo caracteriza.
Yepes por primera vez aterriza en San Vicente del Caguán, a unos 30 grados centígrados. La humedad hace lo suyo. Una pequeña caravana de policía y ejército lo recibe. Será porque es el presidente del banco más grande de Colombia y que tiene a su cargo esos 30.000 empleados de la organización en el país y en el extranjero. En compañía de los uniformados, viaja hasta el pequeño salón donde lo esperan los comerciantes de la zona: “ustedes nos mostraron el camino, nosotros los queremos acompañar”, les habla el banquero a los crecientes empresarios locales. Se refiere a la nueva realidad que vive San Vicente.
“Todos coincidimos en que en buena hora llega una entidad bancaria para fortalecer la economía. Somos el municipio que más produce ganado y la tercer cuenca lechera. Vamos a cancelar las cuentas administrativas que hay en otras regiones y las vamos a trasladar a la banca que está aquí, porque ahora sí hay”, dice Orlando Antonio Muñoz, alcalde San Vicente del Caguán. “Ustedes los bancos saben a dónde llegar, esto no es gratis, se dieron cuenta de nuestra fortaleza y esto se lo merece el pueblo, porque queremos ser un referente de cómo se construye la paz con referente social”, apuntó. Yepes, micrófono en mano, respondió: “Nosotros generamos confianza, somos dispensadores de confianza y apoyamos a quienes hacen patria. Y esto está pasando acá”.
El corresponsal no bancario
En el centro de Leticia, bajo el letrero de Importaciones Amazonas, un bogotano radicado en la ciudad hace 25 años se convirtió desde el pasado septiembre en la cara de Bancolombia en esta parte del país. Daniel Martínez Sánchez es el corresponsal no bancario de la entidad y, cifras más, cifras menos, junto a la venta de juguetes y electrodomésticos, “presto servicios de retiro y consignaciones, avances, pago de tarjetas. Los retiros son hasta de $4 millones y las consignaciones hasta de $6 millones. El horario es extensivo porque trabajo hasta las 7 de la noche y lo hago los domingos también”, relata.
Un embajador bancario tan exitoso que le abrió el camino a la organización y permitió que en muy poco tiempo ésta tomara la decisión de trasladar personal, capital, infraestructura y se abriera la oficina en la ciudad. Bastaron una hora y 45 minutos de vuelo, desde San Vicente del Caguán hasta Leticia, para que Yepes se reuniera con los principales comerciantes de este puerto amazónico y escuchara, con un aire de similitud entre las dos poblaciones, “que es un suceso que venga Bancolombia y su directiva. Tanto que los proveedores se sorprenden cuando uno les dice que ya está el banco para que les podamos consignar”, apunta uno de los comerciantes.
Y la lluvia de solicitudes no tarda en aparecer:
—Dr. Yepes, aquí somos tres fronteras: Perú, Brasil y Colombia, les pedimos que nos ayuden a trabajar con el gobierno para legalizar el comercio.
—La gente tiene miedo al banco porque dicen que la DIAN los va a capturar. Ayúdenos explicándoles eso.
—Traten de abrir cuentas que permitan manejar divisas…
Y mientras tanto Daniel, en una esquina del escenario, recuerda: “a mí me pagan por cada transacción efectiva una comisión, pero más que la ganancia, el gran significado es que más gente está entrando a mi local, y si eso pasa, las ventas se ponen mejor”.
Los tres mosqueteros
Orlando, Yepes y Daniel, desde flancos distintos pero reunidos en un solo escenario, se han convertido en protagonistas de la banca. Desde San Vicente del Caguán, desde la presidencia de Bancolombia y desde un almacén en Leticia estarán sumando en el próximo indicador de bancarización de Asobancaria, el gremio de los bancos que registró para el año pasado, en el tercer trimestre de 2011, que el 63,1% de la población mayor de edad en Colombia, es decir, 19,1 millones de personas, tenía al menos un producto financiero. “El más usado es la cuenta de ahorros, con 18 millones de personas, seguido de la tarjeta de crédito con 5,5 millones de usuarios”, cuenta el informe.
Ahora, desde San Vicente del Caguán, Orlando tendrá a pocos pasos la oficina del banco para no tener que poner el dinero en un camión con ganado. Yepes sumó unos cuantos pero muy importante clientes a los más de 7 millones que tiene su organización y Daniel, desde su importadora, verá cómo sus ventas suben como espuma en un negocio que está apalancando sus ventas en pequeñas transacciones donde los protagonistas son los corresponsales no bancarios. La cara de una banca que, lejos de las quejas, despierta emoción tan sólo con la apertura de una sucursal.
No sólo escuelas, también un cajero y una oficina
María Mercedes Cuéllar, presidenta de Asobancaria, cuenta que las peticiones de las poblaciones apartadas muchas veces sorprenden: “Nosotros tenemos el ‘Plan padrino’, con el que hacemos escuelitas en sitios alejados de las capitales con grandes polideportivos. Y la gente nos decía: gracias por eso, pero que mejor les pusiéramos un cajero, una sucursal de un banco, porque eso los ayudaba a crecer mucho”.
Y por peticiones como esa fue que se crearon los corresponsales no bancarios, para manejar la presencia de los bancos y poder ofrecer, con un sistema básico, la vinculación de la población al sistema financiero y manejar recursos que antes no se podía. “Por ejemplo, para recibir el subsidio de familias en acción”, cuenta la dirigente gremial. “Hoy estamos en el 98% de los municipios con presencia bancaria gracias a los corresponsales no bancarios. Hace unos 4 años el cubrimiento era como del 70% de todo el territorio nacional”, apunta Cuéllar.
*Esta nota fue posible gracias a la invitación de Bancolombia