“Felicitaciones, se le permitirá comerciar con Estados Unidos. Pero deberá pagar un arancel del 25 %, o del 20 %, o del 40 % o del 50 %”.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta?
Con esa frase, pronunciada por el presidente Donald Trump durante una reciente entrevista con Fox News, el mandatario anticipó el contenido de una carta que recibirían los países que no hayan logrado cerrar un nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos en los próximos días.
Es la misma advertencia que circula desde el denominado “Día de la Liberación”, el pasado 9 de abril, cuando se hizo oficial la nueva política arancelaria de EE. UU. Una estrategia que, a punta de amenazas, ha encendido temores de inflación a nivel global, pero cuyas medidas han permanecido en pausa durante los últimos meses.
Precisamente, el 9 de julio vence la prórroga de tres meses que ha mantenido congelada la entrada en vigor de los aranceles recíprocos, una batería de impuestos diseñada para aplicar a cada país el mismo nivel de tarifas que este impone a los productos estadounidenses.
La pregunta es si el próximo miércoles, al cumplirse el plazo, la Casa Blanca activará finalmente esos aranceles o si optará por otra prórroga para así darles aire a las negociaciones que adelanta la administración Trump con varios países y bloques económicos.
Mientras tanto, Trump ya dejó claro que no todos los socios comerciales de EE. UU. saldrán bien librados: “Hay 200 países, no se puede hablar con todos”, dijo el domingo.
¿Qué aranceles están vigentes hoy?
Lo primero que hay que tener claro es que no todo lo anunciado por Estados Unidos se ha hecho realidad.
Hasta ahora, el Gobierno de ese país ha hablado de dos grupos de aranceles: uno que ya se está cobrando y otro que sigue en veremos.
El primer tipo es el llamado arancel o tarifa universal: del 10 %, que está vigente desde abril y que se aplica a la mayoría de las importaciones que ingresan a EE. UU. No importa de qué país provengan ni a qué sector pertenecen. Casi todo paga ese recargo, salvo contadas excepciones.
Dentro de esta misma categoría también están los aranceles específicos a ciertos países (como México o Canadá) y a productos como el acero, el aluminio y ciertos tipos de vehículos. Algunos bienes como el petróleo, metales preciosos (como el oro), ciertos insumos industriales y productos agrícolas han quedado exentos. Al menos por ahora.
El segundo tipo es el que está en el centro de los análisis económicos de estos días. Se trata de los llamados aranceles recíprocos. Aunque se vienen anunciando desde hace meses, todavía no han entrado en vigor. Básicamente, si un país cobra un 30 % a las exportaciones de EE. UU., recibiría una tarifa igual… o incluso superior.
Esa es precisamente la decisión que se espera este 9 de julio, cuando vence la prórroga de tres meses otorgada por la Casa Blanca a este tipo de gravámenes.
¿Qué podría pasar el 9 de julio?
La respuesta sobre qué pasará con los aranceles recíprocos nadie la sabe con certeza. Ni siquiera dentro de la Casa Blanca.
Scott Bessent, secretario del Tesoro de EE. UU., aseguró ante el Congreso que las negociaciones con 18 socios comerciales “avanzan en buena fe” y que, por ello, es “muy probable” que la Casa Blanca extienda la pausa de los aranceles recíprocos mientras continúan los diálogos.
El propio Trump, por su parte, advirtió recientemente que, cuando se cumpla el plazo, “habrá países que pagarán (nuevos aranceles)”, sin entrar en detalles sobre a quién o cómo se aplicarán esos gravámenes.
Así las cosas, la situación plantea dos futuros posibles: o Trump concede más tiempo a quienes estén avanzando en sus acuerdos, o bien activa los aranceles recíprocos para los países que no hayan firmado algún tipo de acuerdo.
Aunque Estados Unidos les haya dado la etiqueta de “recíprocos”, palabra que suena a justicia o a defensa propia, el verdadero temor con este tipo de gravámenes es que puedan usarse como herramienta de presión para que otros países cedan en asuntos puntuales con Washington, o simplemente se conviertan en medidas impredecibles.
Como anécdota, el pasado 9 de abril Trump presentó una tabla en la que figuraba un arancel del 10 % para las Islas Heard y McDonald, un territorio remoto, sin actividad económica ni comercio con Estados Unidos, y habitado únicamente por pingüinos.
¿Cómo van las negociaciones?
A ocho días de su decisión, Estados Unidos sigue negociando a varias bandas.
Por estos días, la Unión Europea continúa buscando un pacto que le permita bajar de inmediato los gravámenes a sus autos, acero y aluminio, y restablecer un comercio “cero-cero” (sin aranceles para ambas partes) en productos como vinos, cervezas y equipos médicos.
Aunque el bloque ya se resignó al arancel universal del 10 %, exige que cualquier alivio comience en cuanto haya un acuerdo, sin esperar semanas.
Con el Reino Unido ya hay un acuerdo en firme, el cual reduce impuestos a los automóviles, pero no toca el arancel del 25 % al acero, uno de los puntos más espinosos para los británicos. La mesa quedó abierta para afinar esos detalles.
Con China se firmó en mayo una tregua que marcó un alto al fuego en la guerra arancelaria. Bajo este pacto, las exportaciones chinas seguirán sujetas a un arancel del 30 % en Estados Unidos, mientras que los productos estadounidenses pagarán un 10 % al entrar en el mercado chino, según lo anunciado por Trump. Ahora, Pekín explora concesiones en energía y agricultura con la vista puesta en prorrogar este marco temporal más allá de agosto.
A su turno, India y EE. UU. siguen negociando en terreno agrícola: Washington quiere acceso sin restricciones a los cultivos genéticamente modificados, mientras que Nueva Delhi exige exenciones recíprocas y la eliminación de gravámenes a sectores específicos. Tras la salida temprana de Trump de la cumbre del G7, ambas partes mantienen posiciones encontradas.
Con Japón, el escollo son, de nuevo, los autos: EE. UU. mantiene un arancel del 25 % sobre vehículos y del 50 % sobre acero y aluminio. El primer ministro japonés ya prepara una nueva ronda de conversaciones, pero, de momento, no hay avances definitivos.
En Canadá, aunque la tensión migratoria y de fentanilo se ha colado en la agenda, el principal foco es revisar el T-MEC (el tratado de libre comercio entre Canadá, México y EE.UU.) antes de mediados de julio y evitar un alza automática al 25 % en acero y aluminio.
Y México, tras casi sellar la eliminación del arancel del 50 % al acero, aguarda el inicio formal de la revisión del T-MEC a fin de año.
¿Cómo queda Colombia?
A las puertas del 9 de julio, Colombia llega al “Día D” con ventas a Estados Unidos por US$16.076,4 millones entre enero y abril de este año, un 2,3 % más que en el mismo periodo de 2024. Buena parte de esos dólares proviene de flores, café, banano, textiles y productos químicos.
La ministra de Comercio, Industria y Turismo, Diana Carolina Morales, confirmó que las negociaciones con Washington siguen activas y que habrá un nuevo encuentro el mes entrante para buscar un acuerdo.
Colombia debe despejar dos grandes “irritantes” comerciales con la administración Trump.
El primero es la certificación de vehículos importados, que contempla exigir normas propias de seguridad, emisiones y adaptación a combustibles locales antes de permitir su venta, un requisito que Estados Unidos considera más estricto que los estándares internacionales.
El segundo punto es el proceso de chatarrización de camiones antiguos: aunque el Tratado de Libre Comercio con EE. UU. fijó cuotas y plazos para retirar de circulación estos vehículos, Washington duda de que Colombia cumpla los cronogramas pactados, lo que podría distorsionar la competencia en el mercado de camiones y autopartes. Si se alcanzan compromisos en estos temas, Colombia podría esquivar los aranceles recíprocos, que se estiman entre el 20 % y el 30 %.
Mientras tanto, el mundo espera la última palabra de la Casa Blanca, y su decisión marcará no solo el costo de exportar e importar, sino también el rumbo de las cadenas de suministro y los precios al consumidor a nivel global.
💰📈💱 ¿Ya te enteraste de las últimas noticias económicas? Te invitamos a verlas en El Espectador.