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La reunión del Banrep que parece un “reality”: lo que está en juego con las tasas de interés

La junta directiva del Banco de la República se reúne este jueves con un telón de fondo que mezcla nubarrones en la inflación y una tensión política sin precedentes con el Gobierno de Gustavo Petro. Las proyecciones apuntan a una nueva alza.

30 de abril de 2026 - 06:00 a. m.
Leonardo Villar, gerente del Banco de la República, y Germán Ávila, ministro de Hacienda, en debate de control político.
Foto: Banco de la Rep
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Este jueves será un momento decisivo para el Banco de la República y su relación con el Gobierno de Gustavo Petro. Habrá decisión sobre tasas de interés y el reflector estará sobre dos cosas: cómo se moverá el indicador y cómo se comportará el ministro de Hacienda, Germán Ávila.

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Normalmente, las decisiones de tasas tienen un público bastante especializado. Al final de cuentas, los pronunciamientos del Banco, aunque terminan tocando a los ciudadanos, están diseñados de cierta forma para un círculo de analistas, creadores de mercado, economistas y, en general, entendidos.

Pero dado el novelón que se desató en la pasada reunión (finales de marzo), la atención estará centrada en cómo evoluciona el drama que el Gobierno creó con una institución que, con toda su importancia, tiene un rol que resulta casi que alérgico a las controversias.

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Así las cosas, el interés estará en los asuntos económicos pero también en la política alrededor de la economía y en algo así como la “emocionalidad” del alto gobierno, si se quiere. De cierta forma, lo que suceda este jueves definirá la manera como partes del público (cercanas al Gobierno o no) perciben al Banco y cómo van asumiendo las cargas y culpas de lo que venga aguas abajo en el río de la economía.

El quiebre de la relación entre el Banrep y el Gobierno Petro

A decir verdad, la relación del Gobierno con el Banco dista mucho de ser perfecta o incluso armoniosa.

Hay un cierto grado de normalidad en esto, quizá: no es extraño que las administraciones tengan diferencias con cómo los bancos centrales van ajustando las clavijas de las tasas de interés, que a su vez van afectando las facilidades de crédito para millones de consumidores, así como el crecimiento de los precios a través de la inflación.

Lo que resalta en el escenario actual es el nivel de confrontación y animosidad del gobierno del presidente Gustavo Petro hacia una entidad en cuya junta directiva se sientan tres codirectores elegidos por la Casa de Nariño; esto además del asiento que, por ley, tiene el ministro de Hacienda de turno. Y estamos hablando de siete codirectores en esa junta directiva.

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Aún así, el mazo con el que ha estado jugando dicha junta se aparta de los deseos del Gobierno. De fondo, la administración Petro (con el Minhacienda a la cabeza) ve el crecimiento de los precios como culpa del Banco, cuyas acciones ha calificado como una suerte de cartelización con el sector bancario.

Ambas apreciaciones han sido ampliamente disputadas por todo tipo de analistas, además de ser rechazadas por el propio gerente del Banrep, Leonardo Villar, así como por el gremio de los banqueros (Asobancaria).

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Por su parte, las expectativas de inflación, que se consignan en varias encuestas en las que consultan a analistas y académicos, subieron considerablemente entre diciembre del año pasado y enero de este año, luego del inédito aumento de 23 % en el salario mínimo que decretó el Gobierno.

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Ante estos nubarrones en el panorama, el Banco ha efectuado dos alzas en sus tasas de 100 puntos básicos cada una, llevando el indicador a un nivel que no se veía desde finales de junio de 2024 (11,25 %). Estas decisiones consecutivas fueron los primeros incrementos que efectuaba la junta directiva desde abril de 2023, cuando la inflación llegó a su pico pospandemia (superando el 13 %).

Después del primer aumento de 100 puntos básicos de este año (enero), el ministro Ávila se mostró muy molesto con la decisión. Antes de tomar la palabra en la habitual rueda de prensa que sigue a la reunión de la junta directiva, tomó un gran respiro para después expresar su descontento.

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Para la segunda alza (marzo), el ministro no fue a la rueda de prensa, dio sus propias declaraciones a medios, acusó al Banco de operar en favor del sector bancario y aseguró que el Gobierno abandonaría la junta directiva y cortaba relaciones con la entidad. El presidente Petro después utilizó las dos palabras que más usa para cuando quiere expresar su descontento (“fascismo” y “genocidio”) a la hora de referirse a la junta directiva.

La semana pasada, Ávila aseguró que estaría en la reunión de este jueves. Y así llegamos a esta curva del camino, que parece más el clímax de un “reality” que una discusión sobre política monetaria.

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Las malas señales de la inflación

Si bien el Índice de los Precios al Consumidor (IPC) está en menos de la mitad de lo que se registró en la cima de su crecimiento pospandemia (5,56 %), los resultados más recientes no son del todo tranquilizadores.

En los datos de marzo se puede ver que el IPC, en vez de registrar una tendencia hacia la baja (la meta del Banrep es del 3 %), pareciera ir creciendo poco a poco y quizá no tan lentamente.

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Por otra parte, cuando se mira la información desde la llamada “inflación básica”, el panorama se ve un poco más turbulento. Esta medición excluye la volatilidad de los alimentos y los energéticos y suele estar en la mira de los bancos centrales (como el Banrep) porque, justamente, permite ver un comportamiento más estructural en los precios.

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En diciembre de 2025, enero y febrero de este año, la inflación básica se comportó de esta forma, respectivamente: 5 %, 5,4 % y 5,5 %, según datos reportados por el propio Banco de la República. Según el DANE, para marzo, esta medición se trepó a 6,32 %.

Esto no sólo muestra un crecimiento, sino una aceleración en el registro más actual. Este será, sin duda, uno de los puntos centrales en la discusión de este jueves.

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El dato completa, además, una etapa especialmente sensible del año: el primer trimestre, cuando suelen sentirse con más fuerza varios ajustes que terminan golpeando el bolsillo de los hogares, como los derivados del salario mínimo, la actualización de tarifas de comienzos de año y otros precios que se recalculan con base en la inflación del año anterior, como los arriendos.

Pero el resultado también deja ver que una parte importante del problema sigue ligada a mayores costos en rubros como alimentos, servicios públicos, transporte y otros precios indexados.

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Sobre esa base queda abierta otra pregunta para los próximos meses: si a esos ajustes del arranque de año se sumarán con más fuerza los efectos de la guerra en Irán sobre fertilizantes e insumos importados. Si ese encarecimiento empieza a reflejarse en las siguientes mediciones del DANE, los alimentos podrían volverse uno de los principales focos de presión sobre la inflación en Colombia. Pero sobre esto no hay certezas aún.

Los ecos de la decisión de este jueves

Sea para donde sea que se mueva la aguja del Banco sobre las tasas (pausar las alzas, continuar subiendo), el escenario se examinará con las pinzas de la economía, pero también de la política y, en una dosis no menor, de las teorías de conspiración preelectorales.

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Un analista que pidió no ser citado lo resumió de esta forma: “Lo complicado es que la decisión puede no cerrar ninguna brecha entre Gobierno y el Banco. Si dejan las tasas quietas, se celebrará como una victoria de Petro, si la suben entonces es que nadie deja jugar limpio al presidente. Y ambos casos encierran falacias que no dejan ver el escenario claro: lo que importa es la inflación y la estabilidad macro”.

Para este punto, después de dos aumentos que suman 2 %, no parece haber mucho más espacio (o necesidad, incluso) de seguir ajustando las tuercas con esta intensidad.

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Por ejemplo, el promedio de analistas consultados en la Encuesta de Opinión Financiera de Fedesarrollo espera que el año cierre con tasas de 12 %, con un aumento este jueves de 50 puntos básicos y uno más de 25 entre junio y julio (cuando se realizarán las próximas reuniones del Banco). Bajo la visión de otros analistas, el Banco podría llegar incluso a 12,25 % para finales de 2026.

A pesar de las diferencias entre los diversos análisis, parece haber una especie de consenso acerca de la posibilidad de que este jueves se concrete otra alza. ¿Cuál será la reacción del Gobierno un mes antes de la primera vuelta presidencial?

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