El comercio mundial cerrará 2025 como un barco que llega a puerto con las bodegas llenas y el casco marcado. Por primera vez, los intercambios globales de bienes y servicios superarán los USD 35 billones, unos USD 2,2 billones más que en 2024, un crecimiento cercano al 7 % en un solo año.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta?
La cifra impresiona incluso cuando se la compara con fortunas privadas descomunales.
Es veinte veces menor que el patrimonio del hombre más rico del mundo, Elon Musk. Pero dice algo más profundo que la expansión misma del comercio: la resistencia de un sistema que siguió moviéndose pese a rupturas productivas, desacoples geopolíticos, cadenas logísticas más cortas y una política comercial que estrechó sus fronteras.
Durante el año, el comercio avanzó como los ríos caudalosos al final de la temporada seca. Con fuerza suficiente para imponerse, pero sin la holgura de otras épocas. Según ONU Comercio y Desarrollo (Unctad), el intercambio de bienes aportó cerca de USD 1,5 billones adicionales. Los servicios —transporte, turismo, plataformas digitales, servicios empresariales— crecieron alrededor de 9 %, sumando otros USD 750.000 millones.
El ritmo, sin embargo, ya no es el mismo. En el cuarto trimestre, Unctad estima que el comercio de bienes apenas crecerá 0,5 %, mientras los servicios avanzarán cerca de 2 %. El sistema sigue en marcha, pero con pasos más cortos y menor margen de error.
También cambió el centro de gravedad. Las economías en desarrollo comerciaron más entre sí que con el resto del mundo. El comercio Sur-Sur creció alrededor de 8 % en los últimos cuatro trimestres, por encima del promedio global. Asia Oriental lideró el impulso, con exportaciones que avanzaron cerca de 9 %. África aceleró importaciones a doble dígito para sostener su expansión. Sudamérica, sin estridencias, reforzó intercambios dentro de la región, con alzas cercanas al 7 %.
En paralelo, las grandes potencias ajustaron posiciones. Estados Unidos redujo su déficit comercial de bienes. China moderó su superávit, aunque sigue siendo uno de los mayores del planeta. Europa creció, pero a menor velocidad.
Ese reordenamiento tiene nombre. Friendshoring, nearshoring, concentración. Lo que significa que, en pocas palabras, el comercio dejó de buscar el trayecto más barato y empezó a privilegiar el menos riesgoso. Se comercia más con aliados, más cerca, y con menos actores controlando una mayor porción del flujo global.
Ahí está la tensión con la que termina 2025. Un año récord en cifras, pero frágil en equilibrios. La manufactura siguió siendo el motor, empujada por la electrónica y la demanda asociada a la inteligencia artificial. La agricultura ganó peso, con aumentos visibles en cereales, frutas y aceites. El sector automotor, en cambio, avanzó con dificultad y dependió casi por completo del empuje de los híbridos.
El comercio se expandió, pero no en todas las direcciones.
Para países como Colombia, este cierre deja una pregunta central: cómo insertarse en un comercio que sigue creciendo bajo reglas más densas, márgenes más estrechos y una política comercial cada vez menos predecible.
En este tablero, no basta con exportar más. Importa qué se exporta, a quién y bajo qué condiciones. Y, sobre todo, con qué grado de certidumbre.
Desconfianza en el comercio
El récord de 2025 se construyó bajo un clima de cautela. Las mercancías cruzaron fronteras mientras las reglas se endurecían. Aranceles más altos, controles más finos y una diplomacia económica que dejó de operar en segundo plano marcaron el pulso del año.
El punto de quiebre llegó en abril, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, activó su esquema de aranceles “recíprocos”. El diseño partió de un recargo base del 10 % para la mayoría de los socios comerciales y fue incorporando excepciones, castigos y alivios selectivos. En la práctica, derivó en tarifas finales que oscilaron entre 15 % y 41 % según país y producto. En el momento más tenso del pulso con China, los gravámenes bilaterales superaron el 100 %.
El impacto fue inmediato sobre el costo de acceso al principal mercado del mundo. ONU Comercio y Desarrollo registró a lo largo del año un aumento sostenido de los costos comerciales estructurales, impulsados por aranceles, controles administrativos y mayores exigencias regulatorias. Hacia el cierre de 2025, el crecimiento del comercio respondió más a los volúmenes que a los precios, una señal de que el sistema absorbió el golpe sin margen de holgura.
La presión también se trasladó al frente interno estadounidense. La Casa Blanca reconoció que los aranceles sobre alimentos importados —carne, frutas, café y banano— se filtraron a los precios que pagan los hogares. Al mismo tiempo, el andamiaje jurídico del esquema quedó bajo escrutinio. La Corte Suprema evalúa si la administración podía apoyarse en la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) para imponer gravámenes tan amplios sin pasar por el Congreso. Ese frente legal añadió incertidumbre a exportadores, importadores y cadenas logísticas.
El resultado fue un comercio de reglas móviles. Decretos, listas de productos exentos, acuerdos bilaterales puntuales y tratamientos diferenciados se sucedieron a lo largo del año. Algunos países convivieron con el recargo del 10 % como nuevo estándar. Otros enfrentaron tarifas punitivas. Brasil, por ejemplo, llegó a soportar cargas de hasta 50 % en productos agrícolas como el café. Colombia, en contraste, quedó en el nivel base, con excepciones para café, oro y petróleo.
Esa asimetría aceleró un giro estratégico. En la segunda mitad del año, el friendshoring —comercio entre países políticamente alineados— y el nearshoring —relocalización hacia socios geográficamente cercanos— recuperaron terreno. Ambos indicadores regresaron a niveles similares a los observados tras la pandemia. Las empresas priorizaron trayectos previsibles, aun a mayor costo, en un entorno donde el precio de entrar a un mercado podía cambiar por decreto.
El ajuste se reflejó en los balances regionales. Asia Oriental fortaleció su comercio intrarregional y lideró el crecimiento exportador. África aumentó importaciones para sostener su expansión. Sudamérica amplió intercambios dentro de la región, con alzas cercanas al 7 % en los últimos cuatro trimestres, como respuesta a un entorno global más incierto.
En las grandes potencias, los desequilibrios se movieron con cautela. El superávit comercial de China se redujo frente a 2024, aunque al cierre del tercer trimestre de 2025 seguía siendo unos USD 30.000 millones mayor que un año atrás. Estados Unidos achicó su déficit de bienes, con mejoras frente a los trimestres previos, en un contexto de menor dinamismo importador y ajustes arancelarios selectivos.
Hacia el final del año, el propio esquema de Trump mostró fisuras. Washington desmontó parte del arancel recíproco y excluyó productos como café, aguacate Hass, banano y otros alimentos, con el objetivo explícito de contener el costo de la canasta básica. También firmó acuerdos de alivio arancelario con países de América Latina y Europa, y redujo tarifas a Suiza a cambio de compromisos de inversión por unos USD 200.000 millones.
Con ese telón de fondo, las nuevas reglas redistribuyeron ganadores y perdedores dentro del comercio global.
Sectores que suben y bajan
El comercio no avanzó en bloque. En 2025 hubo sectores que navegaron con viento a favor y otros que avanzaron como quien empuja carga cuesta arriba, con el mercado en contra y el margen justo.
La manufactura volvió a ser el principal motor. En los últimos cuatro trimestres creció cerca del 10 %, con un protagonista nítido: la electrónica, que avanzó 14 %, impulsada por la demanda asociada a la inteligencia artificial. Detrás de esa cifra están centros de datos, servidores, semiconductores y equipos que sostienen desde búsquedas en internet hasta sistemas bancarios.
La agricultura también tuvo un año fértil. Solo en el tercer trimestre, el comercio agrícola creció 8 %, con saltos cercanos al 11 % en cereales, frutas y hortalizas, en un contexto de recomposición de inventarios y mayor demanda de alimentos básicos.
El contraste aparece en el sector automotor. El comercio cayó 4 % en los últimos cuatro trimestres. Los vehículos de combustión siguieron perdiendo terreno y los eléctricos no despegaron como se esperaba, lastrados por costos, infraestructura y cautela del consumidor. El único segmento con crecimiento sostenido fue el de los híbridos, que aumentaron 22 % y se consolidaron como solución intermedia en un mercado en transición.
En materias primas, el hierro y el acero se movieron como una anomalía. Su comercio creció cerca del 40 % frente a 2024, empujado por obras de infraestructura y procesos de reconfiguración industrial en varias regiones. El resto de los recursos naturales avanzó con mayor cautela, afectado por la caída en los precios de los combustibles minerales. Menos petróleo caro circulando; más acero sosteniendo proyectos.
El comercio de servicios, aunque menos visible, fue el más dinámico del año. Creció cerca del 9 %, con avances en turismo, tecnología, logística y servicios empresariales. En un entorno de fricción para los bienes físicos, los servicios se movieron con mayor flexibilidad y menor exposición a las barreras tradicionales.
Ese mapa sectorial define el terreno sobre el que cada país jugó su propia partida.
Colombia, el asterisco de un año intenso
En el tablero del comercio global de 2025, Colombia fue un asterisco que exige lectura cuidadosa. Mientras el intercambio mundial alcanzó máximos históricos, el país cerró el año con un comercio exterior tensionado entre una canasta exportadora en transición y una factura importadora que volvió a crecer con fuerza.
En octubre, las exportaciones sumaron USD 4.300,5 millones FOB, una caída marginal de 0,2 % frente al mismo mes de 2024. El dato tuvo un responsable definido. Según el DANE, las ventas externas de combustibles y productos de las industrias extractivas se redujeron 19 %, arrastradas por un desplome de 22,1 % en petróleo y derivados. Ese rubro explicó casi todo el retroceso del mes y volvió a exponer la sensibilidad del comercio exterior colombiano a los ciclos energéticos.
Fuera de ese núcleo, el movimiento fue distinto. Las exportaciones agropecuarias, de alimentos y bebidas crecieron 32,2 %, impulsadas por productos que ganaron espacio en los mercados internacionales. El café sin tostar aumentó sus ventas externas 65,3 % y el banano 66,4 %. Las manufacturas también aportaron, con un crecimiento de 6,6 %, apoyado en mayores envíos de maquinaria y equipo de transporte (24,7 %) y productos químicos (5,1 %). Menos petróleo; más bienes transformados y alimentos. Esa fue la señal
Estados Unidos concentró el 28,8 % del valor exportado en octubre y se mantuvo como el principal destino de los bienes colombianos, en un año marcado por ajustes arancelarios y reglas de acceso más exigentes. Le siguieron Panamá, Canadá, India y China. El aumento de las ventas a Canadá aportó 3,5 puntos porcentuales a la variación total del mes, mientras la caída de los envíos a Panamá —asociada a menores ventas de petróleo crudo (-36,3 %) y muebles de madera (-84,5 %)— restó tracción al resultado agregado.
Del lado de las importaciones, el pulso fue más nítido. En octubre, Colombia importó USD 6.583,3 millones, un aumento anual de 14,7 %. En el acumulado de enero a septiembre, las compras externas ascendieron a USD 58.561,4 millones, un crecimiento de 11,4 % frente al mismo periodo de 2024. El país volvió a importar más en un contexto global que priorizó insumos, equipos y bienes intermedios.
Las manufacturas lideraron ese repunte. En octubre sumaron USD 4.962,8 millones (+20,2 %) y en el año corrido alcanzaron USD 43.960 millones, impulsadas por mayores compras de maquinaria y equipo de transporte, que llegaron a USD 19.068 millones (+14,7 %). Les siguieron los productos químicos (USD 12.663,1 millones), los artículos manufacturados (USD 7.407,9 millones) y los combustibles y lubricantes (USD 4.833,5 millones).
China se consolidó como el principal proveedor del país, con el 28,3 % del total importado, seguida de Estados Unidos (21,6 %), México (5,3 %) y Brasil (4 %). El aumento de las compras a China se concentró en vehículos para transporte de personas, cuyas importaciones crecieron 107,5 %, y motocicletas, con un alza de 44,3 %. En un año de cadenas más regionalizadas, Colombia se abasteció más desde Asia.
Ese mayor dinamismo importador amplió la brecha externa. En lo corrido del año, el país acumuló importaciones por USD 55.291,9 millones y exportaciones por USD 41.639,9 millones, lo que dejó una balanza comercial negativa de USD 13.651,9 millones (un salto de 58 % frente a 2024). Un déficit que dialoga con el patrón global de concentración comercial y con una economía que necesitó comprar más de lo que logró vender.
El consumo interno acompañó ese movimiento. Según Raddar, el gasto de los hogares creció 3,45 % en términos reales en noviembre y alcanzó COP 101,3 billones, frente a 93 billones un año atrás. El avance estuvo apalancado por el crédito, cuya colocación total creció 22,6 %, con un papel central de las tarjetas de crédito (25,3 %). El salario mínimo real ganó 3,99 % de capacidad de compra, mientras los ingresos por ocupado siguieron bajo presión.
En ese cruce de flujos, Colombia cerró 2025 más expuesta a los cambios del comercio global, más dependiente de lo que importa y todavía en proceso de redefinir qué vende, a quién y bajo qué reglas. Ese, también aquí, es el asterisco que deja el año.
💰📈💱 ¿Ya te enteraste de las últimas noticias económicas? Te invitamos a verlas en El Espectador.