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De la bonanza al ajuste: así va la caída del cacao y café tras lograr precios históricos

La corrección internacional del valor de los granos coincide con el incremento de costos en fertilizantes y mano de obra, que alerta a los cacaocultores y preocupa a los caficultores. ¿Cuál puede ser el impacto para la economía rural y los productores?

05 de mayo de 2026 - 06:00 a. m.
Imagen de referencia.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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De los precios internacionales más altos de la historia del cacao y el café queda solo el recuerdo. Si bien la caída era un efecto tan esperado como la gravedad misma, el impacto para los productores llega en un momento complejo debido al alza en los costos de producción y otros factores. Menos ingresos por estos rubros también le puede pasar factura al crecimiento económico del país. Este es el panorama de los granos más valiosos de Colombia.

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Para empezar, es necesario recordar que tanto el cacao como el café se cotizaron al alza en la bolsa desde finales de 2024, el primero llegó a costar COP 30.000 el kilo y el segundo pasó los COP 3 millones la carga de 125 kilos. Los mejores pagos generaron un derrame económico en productores, municipios y en el país gracias al aumento de valor de los cultivos.

La normalización de los precios comenzó a darse a finales de 2025 y se consolidó en 2026. Aunque ha habido comportamientos similares para ambos cultivos, las causas y consecuencias son distintas. Por eso se hace necesario revisar cada caso.

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A pedir cacao

Las más de 65.000 familias cacaocultoras están en alerta, ya que los productores han advertido que se encuentran al límite de la rentabilidad. Y es que en 2024 el promedio del precio por kilo estuvo cercano a los COP 30.000, en 2025 estuvo por los COP 26.000, pero este año están entre COP 7.500 y COP 8.000. El valor de los futuros del grano en la bolsa cayó un 56 % frente al mismo día de hace un año.

“Bajan los ingresos y suben los gastos por el incremento en el costo de vida y de la mano de obra. Hay un alza en los insumos, como los abonos, por los problemas en el estrecho de Ormuz debido a la guerra en Oriente Medio. También nos afecta. Estamos produciendo a pérdidas”, asegura Jorge Castaño, cacaocultor de Maceo (Antioquia).

En principio, el incremento del valor se dio gracias a las malas cosechas por razones climáticas y enfermedades en los cultivos en África Occidental, donde están los mayores productores. Así se generó un déficit del producto a nivel mundial.

Con el pasar de los meses, la producción se recuperó. Pero el precio se deprimió más por cuenta de otros factores. Uno de ellos es la caída en la demanda del consumidor final. En el mundo se dejaron de comprar chocolatinas por el encarecimiento que tuvo debido al costo de la materia prima, en palabras de Eduard Baquero López, presidente de la Federación Nacional de Cacaoteros (Fedecacao).

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Y a ello se le suma que algunas fábricas e industrias buscaron sustitutos en otros productos para hacer sus productos. Ahora los compradores tienen un inventario alto que no favorece los precios. “Este momento no es favorable para los productores”, asegura Baquero.

Entre las salidas que han encontrado para tener ingresos está la de aprovechar que no se siembra en monocultivo, sino que es un sistema agroforestal. Los árboles de aguacate, banano y cítricos les ofrecen sombra a las plantaciones y representan una fuente de ingresos adicional. Castaño dice que también buscan suplir parte de la fertilización con material orgánico compostado en las fincas.

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De otro lado, Baquero considera que las familias pueden aguantar un poco porque se ha mejorado la productividad con la renovación de las plantaciones, pero que necesitan ayuda del Gobierno y las administraciones locales.

Entre las peticiones que le han hecho al Ministerio de Agricultura están: la estrategia nacional de promoción del consumo de cacao colombiano, subsidio directo al precio del cacao, programa de productividad y sostenibilidad del cacao, programa de alivio crediticio para el subsector, entre otros.

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Al respecto, el Minagricultura ya activó el Fondo de Estabilización de Precios del Cacao (Fepcacao), aprobando una adición presupuestal por COP 1.399 millones y ajustando su presupuesto 2026 a COP 2.174 millones. De manera complementaria, se está revisando un ajuste en instrumentos de financiamiento, seguros agropecuarios, comercialización y sostenimiento de plantaciones, con el fin de construir respuestas oportunas frente a la coyuntura.

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El café, en su punto

Las 500.000 familias caficultoras del país, en cambio, no sienten con la misma fuerza la caída en los precios. Estos han sido volátiles, con mucho movimiento desde el año pasado cuando se registró el pico histórico (en febrero) cerca de los USD 4,20 la libra. Aunque ahora están sobre los USD 2,8, todavía es un nivel históricamente alto, de acuerdo con Esteban Ordóñez, gerente comercial de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC).

El movimiento del mercado se explica por una escasez generalizada de café en el mundo, que fue el resultado de condiciones climáticas adversas en Brasil y Vietnam, que llevaron la oferta a un punto crítico. “El mercado no tenía suficiente café para atender una demanda que sigue creciendo, cerca del 2 % anual”, detalla Ordóñez.

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Si bien la producción de los países se ha recuperado, el precio no ha caído más porque el margen es muy estrecho entre la oferta y demanda, las personas no dejaron de tomar tinto como sí dejaron el chocolate. Además, los inventarios mundiales son muy precarios, por lo que cualquier noticia climática que afecte significativamente a un país productor relevante puede reflejarse rápidamente en mayores precios en la bolsa, explica Luis Fernando Samper, consultor internacional en temas cafeteros.

Y agrega que otro punto de incertidumbre son los crecientes costos de producción, particularmente en Colombia, por el incremento de la mano de obra y las guerras de Ucrania y del golfo Pérsico han incrementado los costos de la urea y de los fertilizantes de manera desproporcionada.

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Otro elemento importante es el de la tasa de cambio, porque el valor interno no solo lo determina la Bolsa de Nueva York. Depende también de una prima de calidad que se le da al grano colombiano y del valor del dólar.

“Venimos de un período de fuerte revaluación del peso, influenciado por la situación fiscal del país y factores externos. Eso ha impactado el ingreso del sector exportador. Hoy el precio interno está alrededor de COP 2,3 millones, muy por debajo de los más de COP 3 millones que vimos el año pasado. Una diferencia de COP 500 en la tasa de cambio significa una reducción de COP 400.000 para el cafetero por carga”, asegura el gerente comercial de la FNC.

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Yuliana López, joven cafetera de El Águila, Valle del Cauca, reconoce que en este momento tiene un margen de ganancia menor. Como se encuentra en proceso de renovación de cultivos, tiene mayores gastos. En 2025, sacar una carga de café le costaba COP 2,5 millones, con lo que este año quedaría por debajo de la rentabilidad, aunque ella sostiene que no sabrá si logró reducir costos y ganarle al café hasta que cierre el año.

A pesar del panorama, “soy consciente de que el mercado varía ya sea en nivel económico y en nivel de exigencia. Nosotros los caficultores debemos evolucionar y mejorar, por eso les apuntamos a variedades más resistentes y trabajamos en convertir la finca en una empresa”, comenta López.

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Dadas las condiciones, Samper dice que es difícil estimar la reducción del valor de la cosecha en 2026, pero sería una buena noticia que se mantenga por encima de los COP 15 billones, sobre los niveles observados en 2024.

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¿El cobro es para la economía?

Ambos granos, especialmente el café, tiene una contribución importante en el Producto Interno Bruto (PIB) del país, a la generación de empleo y el bienestar de cientos de municipios. El cacao tiene también una participación importante. “Eso puede llegar a afectar las economías regionales, porque mayores gastos y menores ingresos de actividades que jalonan el consumo, supone una presión para las economías locales. El escenario no es el mejor”, reconoce Jorge Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC).

En ese aspecto coincide Jaime Alberto Rendón, director del Centro de Estudios e Investigaciones Rurales de la Universidad de La Salle, y agrega que se puede esperar un impacto negativo en un mejor crecimiento del sector agropecuario por las lluvias y por la reducción de valor en dos productos que han sido vanguardia en los mercados internacionales.

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Todo esto hará que el PIB del agro no tenga el mismo comportamiento de periodos anteriores, sino que sea menor. No hasta el punto de tener un decrecimiento, pero sí se puede situar por debajo del promedio económico, según Rendón.

Y es que la economía colombiana en general se ha beneficiado significativamente de la cafetera en los últimos cuatro años. En el agregado, el café ha sido un sector que ha crecido jalonado al agrícola y este, a su vez, ha sido protagonista del dato global. Por eso, “si al café le va bien, a Colombia le va bien”, afirma Ordóñez.

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Aunque en este 2026 las condiciones macroeconómicas y climáticas no ayuden a que los granos se destaquen por su expansión y valor récord, siguen siendo opciones productivas claves para más de 500.000 familias que viven en el campo.

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