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El mundo nunca había tenido tantos trabajadores y todavía no sabe cómo emplearlos a todos

El Banco Mundial estima que en los próximos 15 años unos 1.200 millones de jóvenes de países en desarrollo llegarán al mercado laboral, pero las economías solo generarán empleo para un tercio de ellos. Una previsión que llega justo cuando la inteligencia artificial y el afán de la automatización están empezando a redefinir algunos trabajos.

26 de abril de 2026 - 08:00 p. m.
Feria de empleabilidad realizado en el Movistar Arena de Bogotá
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos
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La fuerza laboral mundial nunca había sido tan grande como la que se viene en década y media, según lo estima el Banco Mundial. Serán 1.200 millones de jóvenes de países en desarrollo los que conformarán esa ola generacional, y lo que aún no está claro es para cuántos habrá empleo.

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El interrogante aparece justo cuando la irrupción de la inteligencia artificial está revaluando cuántos de nosotros somos realmente necesarios y, mirando más lejos, qué lugar tendrá el ser humano cuando la automatización alcance las capas más bajas de las economías.

Ajay Banga, presidente del Grupo Banco Mundial, tiene una forma de explicar por qué la presión demográfica sobre el empleo no genera la urgencia que merece. Hay crisis que estallan rápido y acaparan la atención, dice Banga, y hay fuerzas que avanzan despacio pero terminan reconfigurando todo. La demografía es de las segundas.

“No podemos convertirnos en víctimas de la combustión lenta simplemente porque la crisis inmediata arde más”, escribió Banga recientemente en un blog.

¿Un mercado laboral desbordado?

Cuatrocientos millones de empleos. Eso es lo que, según el Banco Mundial, generarán las economías en desarrollo en los próximos 15 años si las tendencias actuales no cambian. El problema es que los jóvenes que llegarán a buscarlos serán 1.200 millones. Si se hacen realidad las estimaciones de la entidad, 800 millones de personas no tendrán un lugar en el mercado laboral de la siguiente década.

Las consecuencias de no actuar no son difíciles de imaginar. Banga habla de presión sobre las instituciones, migración irregular, conflictos y una inseguridad creciente a medida que los jóvenes empiecen a buscar cualquier alternativa disponible.

Pero el mismo presidente del Banco Mundial no plantea que esto se trate de una catástrofe inminente.

Según la entidad, para 2050 más del 85 % de la población mundial vivirá en países en desarrollo. De ahí que la mayor expansión de la fuerza laboral de la historia también vendrá acompañada del mayor incremento de consumidores, productores y mercados que el mundo haya visto. Más jóvenes empleados significan más ingresos y, ergo, más gasto y demanda interna.

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La misma ola generacional que puede convertirse en crisis podría ser, si se maneja bien, el motor de crecimiento más grande del siglo.

La IA en la ecuación

No se sabe con precisión cuántos empleos va a eliminar la inteligencia artificial ni cuántos va a crear. Aunque ya empieza a verse, con datos en mano, que la economía global (con sus inequidades y desbalances) está pivotando alrededor de esta tecnología.

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El Banco Mundial analizó registros anonimizados de conversaciones con Claude, el modelo de inteligencia artificial de Anthropic, durante una semana de noviembre de 2025. Fue uno de los primeros ejercicios en comparar, con datos reales, si las predicciones sobre quiénes usarían más IA coincidían con lo que realmente estaba pasando. El resultado fue que quienes se suponía que más usarían la IA, la usaron.

Los trabajadores de tecnología encabezan el uso, lo cual tiene sentido, pues tienen mejor acceso a infraestructura digital y obtienen ganancias de productividad casi inmediatas. En los países de ingresos medios, ese grupo representa el 48 % del uso total. Le siguen los docentes, con el 24 %.

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En los países ricos, en cambio, el uso está repartido entre más profesiones, lo que sugiere que la IA ya penetró más allá de los sectores técnicos y está tocando el mercado laboral de forma más estructural.

La brecha entre países es donde los resultados se vuelven más inquietantes. Los países de ingresos altos usan inteligencia artificial cuatro veces más que los de ingresos medios. Solo los primeros superan el promedio mundial de uso per cápita. En los países de bajos ingresos, la adopción apenas empieza, y el estudio ni siquiera pudo incluirlos en el análisis por falta de observaciones suficientes.

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Al atar estos cabos, puede decirse que, si las ganancias de productividad que genera la IA se quedan concentradas en las economías ricas, los países en desarrollo podrían perder su principal ventaja histórica: la mano de obra abundante en industrias intensivas en trabajo.

“Sin intervenciones deliberadas —inversiones en infraestructura digital, desarrollo de competencias y entornos normativos propicios— los países de ingresos bajos y medianos podrían encontrarse aún más marginados en una economía global impulsada por la IA», apunta el Banco Mundial.

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Eso tiene una implicación directa para los 1.200 millones de jóvenes de países en desarrollo que pronostica el Banco Mundial que ingresarán al mundo del trabajo. Sería una triste paradoja: la misma generación que podría convertirse en motor de crecimiento llegaría a un mercado laboral que ya no la necesita de la misma manera.

Qué propone el Banco Mundial

El Banco Mundial tiene una hoja de ruta para enfrentar el problema. Banga la resume en tres frentes que, dice, se necesitan mutuamente: infraestructura que funcione, regulaciones previsibles y acceso real a financiamiento para las empresas. La creación de empleo a gran escala insiste el presidente del Grupo Banco Mundial, depende del sector privado, en especial de las microempresas y las pymes.

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Para focalizar esos esfuerzos, el organismo identifica cinco sectores con capacidad probada de generar empleo a escala: infraestructura y energía, agroindustria, atención primaria de la salud, turismo y manufacturas con valor agregado. Según Banga, se basa en “la experiencia de los países y en decisiones difíciles acerca de los ámbitos en los que los recursos limitados producen mayor impacto”.

El tiempo corre

La generación más numerosa de trabajadores en la historia ya está en camino. Lo que queda por definir es si el mundo estará listo para recibirla o si seguirá ignorando algo que lleva años anunciándose.

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Y es que Colombia no es ajena a esas dinámicas. El DANE registró en el trimestre diciembre 2025-febrero 2026 cerca de 11 millones de jóvenes entre 15 y 28 años en edad de trabajar. De ellos, apenas 5,1 millones estaban ocupados. La tasa de desocupación juvenil llegó a 16,5 %, casi el doble del promedio nacional, que en febrero de 2026 fue de 9,2 %. Además, 2,6 millones de jóvenes colombianos no estudiaban ni trabajaban para febrero de 2026, uno de cada cuatro en ese rango de edad.

Para ellos, como para los 1.200 millones de jóvenes que engrosarán la fuerza laboral hacia 2040, queda la misma pregunta sin respuesta clara: cómo prepararlos para trabajar en un mundo que todavía no sabe qué forma va a tener.

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Por Daniel Felipe Rodríguez Rincón

Comunicador Social y Periodista. Desde 2017, se ha desempeñado en diferentes medios de comunicación colombianos. DanfeRodriguez drodriguez@elespectador.com
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