Desde hace más de un año se daba, prácticamente, por hecho que la inflación seguiría su senda a la baja; luego de las altas presiones inflacionarias que enfrentó el país desde finales de 2022. Sin embargo, esa dicha terminó en junio de este año, cuando el Índice de Precios al Consumidor (IPC) llegó hasta los 4,82 %, en su variación anual, de acuerdo con las cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).
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Ahora, en septiembre, el dato llegó hasta el 5,18 % y se consolidó como el tercer mes en el que se mantiene la tendencia alcista. Aunque vale la pena recordar que todavía no se ha superado la cifra del noveno mes de 2024, cuando el IPC registraba el 5,81 %.
Para este punto no es tan inesperado el incremento en la cifra. De hecho, analistas y expertos ya lo tenían previsto, pero superó las expectativas. Por ejemplo, la Encuesta de Opinión Financiera, que realizó Fedesarrollo en septiembre, apuntaba a que el dato subiría al 5,11 %, en un rango entre 5,05 % y 5,15 %.
El hecho de que los precios hayan subido en el último mes y año no es una buena noticia para las personas, pues deben pagar más por el mismo producto o servicio. En términos macro, tampoco es un indicador favorable para la economía del país, que ha tratado de regresar el índice al rango establecido por el Banco de la República, que es entre el 2 y 4 % (siendo el 3 % el valor deseable).
A principios de 2025, el Banrep esperaba llegar a la meta a finales de 2026, pero tal como está el panorama (con un IPC casi estancado y levemente al alza), el emisor reconoce que llegar a ello tomará más tiempo y no se dará sino hasta 2027.
¿En dónde se concentra la inflación?
En septiembre, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) subió 0,32 % frente a agosto. El dato supera en 0,08 puntos porcentuales la variación registrada en el mismo mes de 2024 (0,24 %) y también se ubicó por encima de las expectativas del mercado, cuyo promedio apuntaba a un incremento de 0,24 %, según la Encuesta de Opinión Financiera.
Los incrementos se dieron en:
- Información y comunicación (1,43 %)
- Educación (1,39 %)
- Bebidas alcohólicas y tabaco (1,07 %)
- Salud (0,60 %)
- Bienes y servicios diversos (0,44 %).
- Alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles (0,31 %)
- Prendas de vestir y calzado (0,23 %)
- Restaurantes y hoteles (0,20 %)
- Alimentos y bebidas no alcohólicas (0,18 %)
- Muebles, artículos para el hogar y para la conservación ordinaria del hogar (0,16 %)
- Transporte (0,11 %)
El único segmento que tuvo una caída fue recreación y cultura, que registró un IPC de -0,16 %.
Aunque otros son los sectores que tuvieron mayor peso en este resultado, a pesar de no tener incrementos tan marcados. Este es el caso del alojamiento (especialmente el arriendo y electricidad) y educación (tanto en primaria como secundaria, debido al comienzo del calendario B), explica la directora de la entidad, Piedad Urdinola.
En tercer lugar, estuvo la división información y comunicación “que llevaba varios meses del año con crecimientos negativos o aportes muy bajos, pero este mes subió debido a los planes de telefonía fija, móvil y de internet”, añade la directora del DANE.
Al respecto, Jackeline Piraján, economista principal Scotiabank Colpatria, destaca que dicho segmento presentó su mayor variación desde el 2020, pues en ese entonces se dio la entrada de participación de agentes relevantes competitivos en el mercado que habían promovido estabilidad en los precios, que ya se empezó a romper este mes.
Al revisar el detalle de las cifras se observa que las mayores contribuciones a la variación mensual estuvieron dadas por: arriendo imputado (0,38 %), servicios de comunicación fija y móvil y provisión a internet (1,59 %), frutas frescas (2,38 %), arriendo efectivo (0,36 %), educación preescolar y básica primaria (1,98 %), educación secundaria (2,36 %), electricidad (0,53 %), cerveza y refajo (1,57 %), carne de res y derivados (0,63 %) y yuca para consumo en el hogar (12,25 %).
En contraste, las subclases con mayores aportes negativos a la variación fueron: tomate (-16,38 %), gas (-0,95 %), hortalizas y legumbres frescas (-1,25 %), huevos (-0,93 %) y tomate de árbol (-6,56 %).
La perspectiva de la inflación en el último año
En el último año, todas las divisiones de gasto han tenido incrementos. Los mayores estuvieron en restaurantes y hoteles (7,47 %), educación (7,29 %) y bebidas alcohólicas y tabaco (6,38 %).
No obstante, las que más han pesado han sido alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles; alimentos y bebidas no alcohólicas; restaurantes y hoteles.
Los arrendamientos han empujado al alza los precios. “La mitad de lo que tenemos en la variación anual de estos aportes está dado por lo que es básico: cuando pagamos los servicios, la renta y comida. La otra mitad se explica por restaurantes, transporte y educación”, apunta Urdinola.
Esto tiene efecto en el impacto de la variación anual del IPC por nivel de ingresos. De tal manera que quienes han tenido mayor inflación han sido los pobres (5,21 %), seguidos por los de ingresos altos (5,20 %), clase media (5,17 %) y finalizando con los vulnerables (5,15 %).
De otro lado, al comparar la situación de Colombia con la de otros países, se ve que el dato está muy por encima de los países del euro y sobre Chile y México que se han mantenido estables, aunque similar al reportado por Brasil.
Productos y servicios en lo que se paga más y menos
Las subclases que más aportaron al índice total fueron: arriendo imputado (5,17 %), comidas en establecimientos de servicio a la mesa y autoservicio (7,63 %), arriendo efectivo (5,41 %), transporte (9,33 %) y frutas frescas (13,00 %).
Por el contrario, las mayores contribuciones negativas se presentan en: papas (-41,52 %), electricidad (-2,17 %), equipos de telefonía móvil, similares y reparación (-26,35 %), arroz (-3,30 %) y alimentos para animales domésticos y mascotas (-5,77 %).
Para el caso específico de los alimentos, aquellos que han tenido incrementos más altos han sido:
- Café y derivados (52,46 %)
- Zanahoria (50,91 %)
- Yuca (46,20 %)
- Tomate (41,20 %)
- Dulces y confites (32,35 %)
Piraján resalta que este ha sido un renglón que se mantuvo “bajo control”. En septiembre tuvo una inflación relativamente modesta con un aporte de tres puntos básicos al total de la inflación.
“Hay algunas presiones importantes en los precios de las frutas frescas, como ha sido recurrente a lo largo del año, y en algunos precios como el de las carnes. Y si bien tuvimos cierres en vías importantes del país por cuestiones climáticas, lo cierto es que el impacto hacia los precios generales de los alimentos se sintió, pero de forma bastante moderada y por debajo de lo que habíamos supuesto inicialmente”, agregó la economista de Scotiabank Colpatria.
El impacto de la inflación en las tasas de interés
Saber cuánto más se está pagando o si el dinero ya no rinde igual: lo que pasa con los precios al consumidor es una forma de medir la salud de una economía.
Un pico inflacionario golpea el poder adquisitivo de los hogares, pero una deflación marcada puede frenar la expansión de empresas, comercios y del país en general.
Por eso, entender el IPC no es solo saber cuánto suben los precios: también permite leer cómo se mueve la economía y por qué el Banco de la República toma ciertas decisiones.
El Emisor tiene como meta llevar la inflación al 3 % (en un rango entre el 2 y el 4 %), y para lograrlo puede subir o bajar las tasas de interés. Ese ajuste manda señales a hogares y empresas sobre si es buen momento para endeudarse (porque sale barato y dinamiza el consumo) o si conviene esperar, para ayudar a enfriar la inflación. En ese sentido, el IPC es una de las variables clave en la ecuación de las tasas.
En su última reunión, el 30 de septiembre, el Banco decidió mantenerlas en 9,25 %. Cuatro directores votaron a favor, dos por una reducción de 50 puntos básicos y uno por un recorte de 25 puntos.
En esa reunión, la junta directiva subrayó que este año la inflación se ha mantenido estancada alrededor de 5 %. A futuro, el organismo de política monetaria prevé que la inflación se demorará más tiempo (hasta 2027) en llegar a la meta, que es 3 %.
El panorama no es el mejor: en los últimos dos meses las expectativas de inflación recogidas en las diferentes encuestas de expertos aumentaron: para 2025, los analistas esperan una inflación del 5 % (frente al 4,7 % en julio) y para 2026 del 4 % (frente al 3,8 % en julio).
“El indicador de inflación realmente supone un reto para el Banco Central. No hay argumentos en este momento para poder considerar recortes cómodos en la tasa de interés y, por el contrario, se extiende la expectativa de que tengamos una pausa prolongada incluso hasta mediados del próximo año”, analiza Piraján.
Desde Scotiabank proyectan que la inflación este año podría cerrar cerca del orden del 5,20 % y la tasa del Banco de la República cerrando en 9,25 %.
Para la experta, el próximo año la economía camina sobre terreno frágil, con trozos en mantenimiento y otros en derrumbe. Solo ve posible que el recorte de tasas de interés se reanude a partir de mitad de año, aunque todo depende de lo que ocurra con el reporte y el incremento del salario mínimo. Parte de esos costos también presionan los precios, especialmente en el sector de los servicios.
“Con esto se prolonga la paciencia que debemos tener antes de observar menores tasas de interés y se eleva la vigilancia sobre futuras presiones de inflación”, finaliza Piraján.
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