Se cumplen 45 años de relaciones diplomáticas entre Colombia y China en un momento en que el país ha decidido mirar con más atención hacia Asia.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta?
En mayo de 2025 se firmó el memorando para la adhesión de Colombia a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (la plataforma global de infraestructura y conectividad liderada por China). Recientemente, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura incorporó a Colombia como su miembro 111, y el Gobierno Nacional manifestó también su interés en ingresar formalmente al Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS, del cual China hace parte, aunque el desenlace de esa solicitud depende del trámite en el Congreso.
En paralelo, crece la intención de diversificar la oferta exportadora colombiana más allá de los productos mineroenergéticos y potenciar sectores de mayor valor agregado, como el agro.
Todo esto ocurre mientras Colombia atraviesa un momento complejo en su relación con su socio histórico, Estados Unidos, tras varias desavenencias entre sus mandatarios en 2025 y en medio de una postura más crítica frente a la multipolaridad por parte de la Administración Trump.
La moraleja parece evidente: no conviene dejar todos los huevos en la misma canasta, ni en apoyos políticos ni en inversiones o comercio exterior. Pero construir nuevos puentes hacia nuevos socios no es, precisamente, un camino sencillo.
Puede interesarle: Ingreso de Colombia al Banco de Desarrollo de los BRICS quedará en manos del Congreso
Flujos de inversión modestos
Si bien las relaciones bilaterales atraviesan uno de sus mejores momentos (cada gobierno colombiano ha impulsado su propia agenda para acercarse a China, y la adhesión a la Franja y la Ruta terminó de catapultar ese vínculo), la presencia del gigante asiático en el país sigue siendo modesta.
El contraste salta a la vista si se considera el peso de China en la economía mundial y la magnitud de su capacidad inversora. Como recordó Mario Valencia, jefe de la Oficina de Estudios Económicos del Ministerio de Comercio, Colombia representa menos del 0,1 % de toda la inversión china en el mundo.
Aun así, la actividad empresarial china en el país no es menor: alrededor de 140 compañías ya operan en territorio nacional. Una presencia que, según el embajador Zhu Jingyang, incluso podría superar la de varios de los socios más tradicionales de Colombia.
En materia comercial, el ritmo también es ascendente. Entre enero y septiembre, el intercambio llegó a US 15.252 millones, con un crecimiento cercano al 15 % frente al mismo periodo del año pasado.
Y mientras Colombia intenta ampliar su relación con China, el gigante asiático mantiene una expansión global acelerada: el comercio con los países vinculados a la Franja y la Ruta ya representa más de la mitad de su comercio exterior total.
Pero ese dinamismo no elimina las limitaciones que la parte china sigue identificando. Este miércoles, 3 de diciembre, durante el IX Diálogo China-Colombia, el embajador advirtió sobre “obstáculos institucionales” que aún frenan la llegada de nuevos proyectos, y dejó claro que la ventana de oportunidad no es infinita.
En palabras del diplomático: “si Colombia no acelera, una oportunidad perdida quizás es cerrar una puerta”.
El entusiasmo chino y la realidad colombiana
Colombia tiene claro en qué frentes quiere atraer capital chino y así lo dejó ver cuando se anunció la firma del memorando para el ingreso a la Franja y la Ruta. Para recapitular, desde el gobierno se quiere avanzar en cooperación para la transición energética y la movilidad eléctrica, así como en proyectos férreos, de infraestructura y de telecomunicaciones, entre otros.
Sobre el papel, el país tiene identificado dónde encajan las empresas chinas y qué sectores podrían beneficiarse de esa llegada. Pero ese entusiasmo choca con una realidad más terrenal: para convertir ese interés en inversiones concretas, el país todavía lidia con trabas institucionales, normativas y operativas que ralentizan cualquier proceso.
Incluso desde el propio Gobierno se reconoce que el andamiaje regulatorio no está del todo aceitado. Como señaló Mario Valencia, jefe de la Oficina de Estudios Económicos del Ministerio de Comercio, buena parte de los obstáculos que frenan la inversión extranjera en Colombia provienen de vacíos normativos y de instituciones que, por su mismo diseño, no siempre conversan entre sí.
Un caso reciente ilustra bien uno de esos grandes escollos: la puesta en marcha de la planta de ensamble de vehículos eléctricos en Cota, Cundinamarca. Proyecto desarrollado en alianza por la japonesa HINO, la china BYD y la colombiana Superpolo, que producirá alrededor de 200 buses 100 % eléctricos entre noviembre de 2025 y junio de 2026.
Un proyecto solo fue posible después de que el Gobierno alineara a tres carteras (Comercio, Transporte y Minas y Energía) para ajustar marcos regulatorios que, como reconoció Mario Valencia, simplemente no existían. Colombia celebró la inversión, pero tuvo que escribir la reglamentación mientras avanzaba la obra.
Puede interesarle: Estos son los retos logísticos para que en China coman productos “Made in Colombia”
Los frenos estructurales
Cuando las empresas chinas exploran proyectos de gran escala en Colombia (sean de infraestructura, energía o transporte) se encuentran con un punto en común: todo toma más tiempo del previsto. El axioma de “tiempo es dinero” se hace evidente aquí.
Martha Coronado, directora de la Unidad de Planeación de Infraestructura de Transporte (UPIT), explicó que los retornos en obras que requieren inversiones de 14.000 o 15.000 millones de dólares suelen materializarse en plazos mucho más largos que los que esperan los inversionistas internacionales: no en 10 o 15 años, sino en 20 años o más. Solo esa variable ya condiciona la decisión de entrar o no a competir en Colombia.
Así mismo, el calendario de cualquier megaproyecto en Colombia suele depender de factores que poco tienen que ver con la ingeniería.
Coronado señaló que el licenciamiento ambiental es uno de ellos; un proceso necesario, pero impredecible, cuyos tiempos pueden extenderse sin aviso y generar retrasos. A esto se suman los trámites con entidades territoriales y con empresas de servicios públicos, que pueden detener o aplazar obras.
Luego está el país mismo, que impone sus propias condiciones. Coronado menciona la topografía compleja, la elevada pluviosidad, los riesgos geológicos y, en regiones apartadas, la dificultad incluso para transportar maquinaria y materiales.
Además, buena parte del territorio está cubierto por áreas protegidas o reservas forestales, que requieren permisos adicionales y añaden nuevas capas de responsabilidad empresarial.
Este diagnóstico es compartido por Carlos Andrés Quiza, gerente nacional de Power China, quien explica que antes de construir cualquier proyecto es necesario superar una fase de factibilidad que, en Colombia, está marcada por el reto de obtener licencias ambientales y sociales, asegurar puntos de conexión a servicios y lograr que los permisos salgan en tiempos adecuados.
A esto se suma la necesidad de estabilidad regulatoria, es decir, que las reglas se mantengan con continuidad para reducir la incertidumbre de largo plazo.
El gerente nacional de Power China también señaló que la gestión social es un componente crítico, especialmente en regiones estratégicas como La Guajira, donde el avance de los proyectos depende tanto del trabajo comunitario como del técnico.
Así las cosas, para las empresas chinas es claro que Colombia ofrece oportunidades, sí, pero también un conjunto de frenos que no se resuelven con decretos.
Barreras invisibles
A los retos técnicos y regulatorios se suman otros que, aunque menos visibles, pesan igual o más en la decisión de invertir. Uno de ellos es el evidente choque cultural.
Ding Wen, gerente de China Harbour (la firma a cargo de la construcción de la Línea 1 del Metro de Bogotá) señaló que la cultura empresarial china y la colombiana funcionan de manera distinta, y esa distancia se hace evidente al coordinar proyectos.
De ahí que muchas compañías chinas recurran a consorcios con empresas locales, no solo para cumplir los requisitos de ley, sino para poder navegar con mayor fluidez en el ecosistema empresarial colombiano.
Para Natalia Tobón, directora del recién creado Observatorio Colombia–China, uno de los obstáculos más críticos aparece incluso antes de firmar cualquier contrato: la obtención de visas.
De acuerdo con la experta, tramitar una visa colombiana para un ciudadano chino puede tomar mes y medio o más, un proceso dispendioso que afecta no solo a inversionistas, sino también a todo el ecosistema empresarial que acompaña la llegada de ese capital.
El panorama financiero tampoco ayuda. Tobón explicó que en Colombia no existen bancos chinos, lo que complica operaciones de crédito e incluso la obtención de pólizas por parte de aseguradoras (un requisito para participar en licitaciones).
Esto ocurre, según la experta, porque los extractos o patrimonios declarados en China tienen dificultades para ser reconocidos por el sistema financiero colombiano, lo que deja a las empresas chinas en clara desventaja frente a competidores que sí pueden respaldarse con entidades nacionales.
A esto se suma un problema estructural: la falta de una política de absorción tecnológica. Como señaló la directora del Observatorio, atraer empresas extranjeras es posible, pero garantizar que el país incorpore el conocimiento y la tecnología que esas firmas podrían transferir es otra historia.
El resultado es un ecosistema donde las firmas chinas son invitadas a ingresar, pero no encuentran cómo integrarse.
Esfuerzos para aceitar la inversión china
Pese a la lista de obstáculos que señalan empresarios y expertos, desde el Gobierno insisten en que sí hay esfuerzos en marcha para hacerle la vida menos difícil a la inversión china.
De nuevo, la transición energética, la movilidad eléctrica, la infraestructura y las telecomunicaciones aparecen como los frentes donde se busca acelerar la cooperación, y varias carteras han comenzado a ajustar normas y procesos para reducir parte del laberinto regulatorio.
En ese sentido, el ministro de Minas y Energía, Edwin Palma, aseguró que el Gobierno tomó “decisiones estructurales para liberar capacidad eléctrica que estaba acaparada por proyectos de papel”, lo que permitirá que nueva generación (incluida la presentada por empresas chinas) entre al sistema.
El jefe de la cartera energética del país también habló de una “estrategia regulatoria para desatar más energías limpias”, con la intención de dejar un clima regulatorio más estable, e invitó a las compañías chinas a participar en la próxima ronda eólica.
Desde el sector transporte, la ministra María Fernanda Rojas destacó el rol de China en la electrificación del parque automotor colombiano, y anticipó la presentación de un ‘brief’ con los próximos proyectos de licitación de obras, pensado para que las empresas chinas identifiquen oportunidades concretas. También mencionó los esfuerzos para facilitar que fabricantes chinos de vehículos eléctricos produzcan en Colombia, un paso clave para acelerar la transición en movilidad.
En la misma línea, Martha Coronado señaló que, además de identificar los cuellos de botella, desde el sector transporte se trabaja en acompañar a las empresas chinas en la lectura y navegación de la normativa colombiana.
La directora de la UPIT añadió que esta unidad está formulando un plan de infraestructura de transporte de mediano y largo plazo, tomando como base instrumentos existentes como el Plan Maestro de Transporte Intermodal. El objetivo es contar con una hoja de ruta que articule de manera más coherente los modos férreo, carretero, fluvial y aéreo, y que facilite que los inversionistas extranjeros, incluidas las firmas chinas, comprendan mejor las prioridades del país y los tipos de proyectos que podrían desarrollarse.
Al final, la relación entre China y Colombia avanza entre grandes ambiciones y obstáculos igual de grandes. Hay voluntad política, sectores estratégicos claros y empresas chinas dispuestas a invertir.
💰📈💱 ¿Ya te enteraste de las últimas noticias económicas? Te invitamos a verlas en El Espectador.