Antes de que finalice el año, el DANE reveló la última fotografía del mercado laboral colombiano. Los datos consolidados en noviembre muestran la evolución que han tenido cifras tan importantes como la ocupación, el desempleo y la informalidad, con un balance que a todas luces es positivo.
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En noviembre, el desempleo fue del 8,2 %, siendo la cifra más baja desde 2016, cuando la desocupación estaba en un 7,8 %. Aunque la directora del DANE, Piedad Urdinola, precisó que este mes del año suele estar acompañado de tasas bajas, lo cierto es que 2024 se destaca de entre otros en la última década, mostrando mejoras en el mercado laboral y, por ende, en la calidad de vida de muchos hogares.
Para el presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), Fabio Arias, este es “un gran logro del Gobierno y una gran noticia para el país y la economía”.
Puntualmente, en noviembre 420.000 personas encontraron trabajo, mientras que 195.000 salieron del desempleo. Ambas cifras son estadísticamente significativas y refuerzan la tendencia a la baja que ha tenido la desocupación en el último trimestre.
Sin embargo, el panorama sigue siendo complejo. En los 11 meses de este año de desempleo, en cinco la cifra bajó. Las variaciones han sido muy tímidas, por lo que se podría decir que, si bien se ha consolidado una mejora, la misma no ha sido tan sustancial, como se quisiera.
Por ejemplo, durante los primeros seis meses el desempleo se mantuvo por encima de los dos dígitos, siendo la tasa de enero la más alta, (12,7 %).
A esto se suman los problemas estructurales del mercado laboral, los cuales se han convertido en piedra de tropiezo para alcanzar avances significativos en la calidad del trabajo.
Está la informalidad que, aunque ha retrocedido, sigue siendo alta. En noviembre, esta fue del 55,2 % para el total nacional, mientras que en los centros poblados rurales y dispersos alcanzó el 83,5 %. Más de la mitad de los trabajadores en Colombia son informales, es decir, no devengan un salario mínimo o no disfrutan de los beneficios de la seguridad social como salud, pensión, cesantías, vacaciones, prima y cobertura ante los riesgos laborales.
También persiste la brecha de género, ya que el desempleo es más bajo en los hombres. En noviembre, esta diferencia fue de 3,8 puntos porcentuales, pues mientras la desocupación en ellos fue del 6,5 %, en ellas fue del 10,3 %.
Esto a pesar de que las mujeres están más preparadas académicamente. Del total de la población entre los 25 a los 28 años, el 62,1 % son bachilleres hombres, mientras que el 51,8 % son bachilleres mujeres. En el resto de las categorías ellas llevan el liderazgo: 22,3 % son técnicas o tecnológicas, versus un 18,1 % de hombres; entre los universitarios ellas son el 21,4 %, de cara al 15,7 % de ellos: y en posgrado la cifra en ellas es del 2,4 %, la cual es superior al 1,9 % de los hombres. Todo esto, según cifras del DANE.
El problema, señalan los centros de pensamiento consultados por este medio, es que como sociedad seguimos sin repartir de forma equitativa las labores no remuneradas del cuidado del hogar. Muestra de esto es que, indica el DANE, en septiembre 10 millones de mujeres estaban por fuera de la fuerza laboral, mientras que para la misma fecha 4,6 millones de hombres presentaban la misma situación.
El grueso de las mujeres lo estaba por realizar oficios del hogar, puntualmente 6,9 millones, mientras que los hombres en la misma situación se contaron en 933.000. En Colombia, por cada hombre que se dedica a estas labores no remuneradas, hay más de siete mujeres.
Otro problema es el desequilibrio que existe entre las capacidades que ofrecen los trabajadores y lo que están demandando las empresas. Por ejemplo, según el Ministerio de las TIC, en Colombia hay un déficit de 270.000 programadores y profesionales en sistemas. Expertos en la materia coinciden en que formar más profesionales en este tipo de áreas, y mejorar esa comunicación entre oferta y demanda laboral (siendo empresas y academia vitales en esta ecuación) es clave para el desarrollo de las cifras de empleabilidad en Colombia.
La pregunta para 2025 es ¿cómo combatir estos problemas?. La respuesta no es sencilla, pues según la misión de empleo adelantada en el mandado de Iván Duque, las falencias en el mercado laboral están enraizadas que se necesitaría no una sino una serie de reformas, en medio de un plan largoplacista y coordinado entre distintas entidades, para realizar cambios que brinden resultados considerables.
De momento, la reforma laboral promete avanzar en la formalidad mediante nuevas reglas de juego que beneficia a trabajadores que hoy no gozan de mayores protecciones, como lo son los que laboran mediante una aplicación de reparto, así como los de la ruralidad o los que se dedican al cuidado del hogar.
También está la incertidumbre que sembraron las agremiaciones empresariales en la concertación del salario mínimo, al decir que un incremento sustancial (como el que terminó decretando el presidente Gustavo Petro) podría aumentar la informalidad y el desempleo, al carecer muchas empresas de la capacidad para responder a esta nueva responsabilidad. El mayor mandatario argumentó, en el discurso en el que presentó el alza salarial, que no teme a estas advertencias, pues los aumentos en años pasados también han sido sustanciales y la tasa de desempleo no se ha visto castigada.
Sin dudas, 2025 será un año lleno de desafíos en materia laboral, pero también de oportunidades en las que se podría aprovechar esta buena racha en la que más personas están saliendo del desempleo.
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