Es difícil determinar qué va a pasar con el comercio mundial en medio de la política arancelaria de Estados Unidos y la guerra comercial con China. Por ahora, lo cierto es que el panorama está cambiando y en la reconfiguración hay importantes retos, pero también oportunidades, para América Latina y el Caribe.
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Para este punto de la historia, ya hay una la tregua temporal entre las dos potencias mundiales, acuerdo que ha generado algo de alivio, incluso optimismo, en los mercados. Los países decidieron desescalar el enfrentamiento, pausando por 90 días la mayoría de los aranceles: Estados Unidos acordó bajar las tarifas hasta el 30 % para los productos chinos y China las fijó en 10 % para los productos estadounidenses. Una reducción considerable, pues antes estaban en 145 % y 120 %, respectivamente.
En Colombia, la semana pasada también hubo noticias: el presidente Gustavo Petro firmó un plan de cooperación con China que marca el ingreso del país a la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Aunque la adhesión no implica compromisos inmediatos, el anunció no le gustó a Estados Unidos, que poco después respondió, a través de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental.
La región (y el mundo) está en medio del tira y afloja. En esta entrevista, Sergio Díaz-Granados, presidente ejecutivo de CAF (banco de desarrollo de América Latina) y exministro de Comercio de Colombia, habla sobre las opciones para mitigar los riesgos de la guerra comercial y aprovechar las oportunidades que trae para América Latina y el Caribe. En su opinión, más que elegir un solo camino, hay que diversificar e impulsar el comercio intrarregional.
¿Qué tanto pueden las políticas proteccionistas de EE. UU. afectar el crecimiento económico?
Analizar el impacto de las recientes decisiones de política comercial en Estados Unidos, así como de las respuestas de otros países, es oportuno, aunque desafiante, dado que estamos en un proceso en evolución. Aun así, es evidente que transitamos un cambio de paradigma respecto al marco de interacción económica global desde mediados del siglo XX. Es poco probable que este proceso se revierta en el corto plazo.
En esta etapa, existen dos tipos de efectos: la incertidumbre actual, que ya está afectando decisiones de inversión y consumo y ralentizando el crecimiento global, y el cambio estructural hacia un entorno más proteccionista y fragmentado, que implica menores ganancias de productividad, mayores presiones inflacionarias potenciales y un crecimiento más débil a largo plazo.
Para los países de América Latina y el Caribe, los impactos serán diferenciados según sus estructuras productivas y patrones de inserción internacional. Las economías más ligadas a Estados Unidos enfrentarán presiones directas, mientras que los exportadores de materias primas verán afectaciones según los patrones comerciales y los precios internacionales ante la desaceleración económica de China y a nivel global. Aunque la magnitud exacta de los efectos sigue sujeta a incertidumbre, los riesgos para la región se han incrementado.
¿Es inminente que los aranceles se traducirán en más inflación y tasas de interés altas por más tiempo?
El pass-through no es automático. Los aranceles generan presiones inflacionarias de corto plazo, pero su efecto duradero dependerá de su configuración final y de las respuestas de la política monetaria que, a su vez, estarán en gran parte supeditadas al comportamiento de las expectativas de inflación. Además, la desaceleración económica podría reducir dichas presiones e incluso conducir a su reversión.
En nuestros países, el contexto global exige especial prudencia. Monitorear la evolución de los diferenciales de tasas y gestionar riesgos cambiarios será fundamental, posiblemente llevando a diversos países a mantener tasas relativamente más altas respecto a lo previsto hace unos meses.
Puntualmente, ¿cuáles son los riesgos para América Latina y el Caribe?
Las nuevas políticas proteccionistas plantean riesgos comerciales y financieros. En lo comercial, las exportaciones regionales pueden enfrentar mayores barreras de acceso y pérdida de competitividad. Desde el punto de vista financiero, tasas de interés más altas debido a primas por riesgo elevadas encarecen el financiamiento externo y afectan los flujos de capital.
¿Cómo mitigar esos riesgos?
La región cuenta ya con ciertos mitigantes estructurales. Los tratados de libre comercio vigentes con Estados Unidos han fortalecido los lazos comerciales y proporcionan plataformas para gestionar tensiones arancelarias. Además, sectores estratégicos como la energía y los metales, inicialmente excluidos de algunas medidas proteccionistas, ofrecen oportunidades concretas que la región puede capitalizar. Se debe desarrollar una estrategia que considere al menos tres pilares fundamentales.
El primero es la diversificación de mercados de exportación. Ampliar vínculos con otras regiones no solo abriría nuevas oportunidades comerciales, sino también mejoraría la resiliencia regional ante cambios en las dinámicas globales. Avanzar en negociaciones como el tratado Mercosur-Unión Europea o estrechar relaciones con otras economías emergentes será clave en este frente. El segundo pilar es la integración regional: impulsar acuerdos comerciales dentro de América Latina y el Caribe permitiría dinamizar el comercio intrarregional, fortalecer las economías locales y crear un mercado regional más robusto que actúe como amortiguador frente a choques externos.
El tercer pilar es la inversión en la mejora de la competitividad de las industrias regionales, un desafío estructural que sigue pendiente. Complementariamente, consolidar la estabilidad macroeconómica, mediante políticas fiscales responsables y la preservación de la independencia de los bancos centrales, será esencial para reducir presiones cambiarias e inflacionarias y generar un entorno más predecible para el comercio y la inversión.
En el primer Foro Económico Internacional de América Latina y el Caribe resaltó que desde México hasta Colombia el principal socio comercial es EE. UU. y de Colombia hacia el sur el principal socio es China. ¿Cómo queda entonces la región en esta guerra comercial entre China y EE.UU.?
Sin duda, el entorno de tensiones comerciales entre Estados Unidos y China plantea riesgos relevantes para nuestros países, dada la importancia de ambos como socios estratégicos. Sin embargo, más que un escenario de vulnerabilidad pasiva, este momento abre espacios importantes para avanzar en la reconfiguración del mapa comercial de la región.
En el corto plazo, las economías más integradas al mercado estadounidense tienen la oportunidad de fortalecer su base manufacturera, mientras que aquellas más orientadas hacia Asia pueden diversificar sus vínculos dentro de ese continente. Además, este entorno es un incentivo para reforzar la integración regional.
¿Es el momento de acercarse más a China, como lo está haciendo Colombia?
Las relaciones comerciales de América Latina y el Caribe con Estados Unidos y China tienen naturalezas distintas. Mientras que hacia China predominan las exportaciones de materias primas, el comercio con Estados Unidos incluye bienes agrícolas y manufacturados de mayor valor agregado. Esta diversidad refleja un amplio rango de oportunidades.
De hecho, en muchos países ya se observa un acercamiento significativo con China, no solo como socio comercial, sino también como fuente de financiamiento y operador de proyectos de infraestructura. En este sentido, China ha ampliado su presencia en la región a través de iniciativas como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, inversiones directas en sectores estratégicos (como energía, minería y telecomunicaciones) y financiamiento bilateral proveniente de sus bancos de desarrollo. Este involucramiento ha diversificado las fuentes de capital disponibles para la región, planteando al mismo tiempo nuevos desafíos en términos de dependencia financiera y condiciones de acceso.
Más que optar entre China y Estados Unidos, el reto para América Latina es diversificar y fortalecer su inserción internacional, ampliando opciones estratégicas. China seguirá siendo un socio relevante, pero el objetivo debe ser integrar más mercados y construir resiliencia estructural, en lugar de elegir un solo camino.
Colombia, justamente, busca diversificar. ¿Qué opciones ve y cuánto tiempo cree que podrían tomar?
Colombia ha avanzado en fortalecer su infraestructura logística, clave para ampliar su inserción internacional. Un ejemplo es la expansión del Puerto de Buenaventura, que facilita una mayor integración fuera del continente, pero también un mejor vínculo comercial con economías regionales, como Chile y Perú.
En términos de mercados de destino, existen oportunidades concretas para profundizar las exportaciones hacia la Unión Europea y Canadá, ambos socios estratégicos de Colombia gracias a los acuerdos comerciales vigentes. En particular, sectores como el agroindustrial (frutas, flores, café de especialidad) y los minerales críticos (como el cobre y el níquel) ofrecen potencial para expansión en los próximos años, en línea con la creciente demanda global vinculada a la transición energética y a la seguridad alimentaria.
Como en cualquier proceso de diversificación estructural, estos avances requieren esfuerzos sostenidos en innovación, infraestructura y fortalecimiento del capital humano. Los resultados, aunque toman tiempo, serán esenciales para consolidar una inserción internacional más resiliente y estratégica.
¿Cuáles son las oportunidades para la región?
La coyuntura actual abre oportunidades importantes, aprovecharlas requiere acción decidida. Algunos ejemplos: ampliar la presencia en el mercado estadounidense ante el encarecimiento de productos chinos, especialmente en agroindustria y manufacturas; diversificar mercados de destino y profundizar la integración intrarregional, fortaleciendo iniciativas de cooperación económica y comercial que permitan dinamizar cadenas regionales de valor; aprovechar las ventajas en transición energética y seguridad alimentaria, impulsando innovación y sostenibilidad, y capitalizar la digitalización para modernizar la producción, diversificar servicios y cerrar brechas sociales.
¿Qué hay que hacer para, efectivamente, aprovechar esas oportunidades?
Primero, es fundamental avanzar en la facilitación del comercio, eliminando obstáculos regulatorios y logísticos que generan ineficiencias y elevan costos. Como ya diagnosticaba nuestro Reporte de Economía y Desarrollo (RED) del 2021, América Latina y el Caribe enfrenta rezagos importantes en esta área, que limitan su competitividad internacional. Segundo, la región debe invertir de manera decidida en infraestructura portuaria, aérea y terrestre.
Tercero, es necesario adoptar una estrategia más proactiva de inserción internacional, trabajando en bloque y de manera organizada para buscar nuevos mercados y fortalecer el posicionamiento de la región en cadenas globales de valor. En este esfuerzo, CAF actúa como catalizador, facilitando el acceso a plataformas internacionales y abriendo puertas para posicionar a América Latina y el Caribe en Europa, Asia y otras regiones estratégicas.
¿Cómo apostar por el comercio regional en este contexto de incertidumbre?
Para avanzar, no es suficiente firmar acuerdos, es clave reducir costos y barreras regulatorias, mejorar la infraestructura logística, armonizar normativas y fomentar cadenas regionales de valor. El RED 2021 de CAF ya advertía que la baja inserción internacional de la región responde, en parte, al escaso aprovechamiento del espacio regional como plataforma para exportaciones globales. En la actualidad, CAF cuenta con una batería de herramientas para facilitar los procesos de integración regional, incluyendo el reciente desarrollo de la Herramienta de Facilitación del Comercio (HFC), que ya ha tenido implementaciones piloto en Bolivia, Chile, Colombia, Perú y México.
¿Cuál es el papel de la región en la transición energética?
América Latina y el Caribe tiene un rol estratégico. La región posee una de las matrices eléctricas más limpias del mundo y está particularmente bien posicionada para expandir las energías renovables no convencionales, gracias a su alta irradiación solar y potencial eólico. Esto convierte a la región en una pieza clave de la solución global para descarbonizar la producción industrial, ya que facilita tanto la atracción de industrias intensivas en energía como el desarrollo y futura exportación de hidrógeno limpio, en la medida en que avancen las tecnologías de transporte y almacenamiento.
Los países de la región también tienen la oportunidad de posicionarse como proveedores estratégicos de minerales críticos, fundamentales para la transición energética global. Países como Chile, Argentina y Bolivia conforman el triángulo del litio, vital para el desarrollo de baterías y movilidad eléctrica. Brasil lidera en bioenergía y en la producción de minerales como el níquel, mientras que México cuenta con potencial en tierras raras y Perú en cobre. Colombia, por su parte, también avanza en la producción de hidrógeno verde, ligado al desarrollo de energías limpias.
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