Hace un año, en plena pandemia, Frederick Camargo, su esposa y un amigo, preocupados por la situación que se vivía en el país y al no tener empleos, lanzaron Mostaza Fast Food para vender comida rápida a domicilio en la localidad de San Cristóbal, al sur de Bogotá.
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Los venezolanos hicieron volantes manuales en los que incluían el número de teléfono, el menú y se ofrecía el servicio gratuito del domicilio, lo que hizo que fueran ganando clientela. Además, por las restricciones de movilidad y cierres de locales, hacían las entregas de 4:00 p.m. a 0:00 a.m., un horario que les permitió tener mayor acogida.
“Después, conocimos sobre el proyecto Emprendimientos Productivos para la Paz (Empropaz), de Bancamía, USAID y la Corporación Mundial de la Mujer Colombia. Me conecté a una convocatoria virtual en la que nos ofrecieron clases virtuales y se anunció un crédito a futuro. Íbamos trabajando y asistiendo a las clases”, cuenta Camargo.
El microempresario hace parte de Empropaz, un modelo de inclusión financiera que brinda formación para microempresarios, migrantes y colombianos, para que elaboren planes de negocios en sus unidades productivas.
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A medida que iban aprendiendo sobre marketing, redes sociales y creación del plan de negocio, ahorraron y con ayuda del crédito de Empropaz abrieron su primer local. “Lo que comenzó como un negocio para sobrevivir se convirtió en una visión de negocio de empresa. Hoy en día trabajamos cuatro personas y los fines de semana contamos con una más. Hemos ampliado el menú y estamos creciendo”, dice Camargo.
El empresario espera abrir otras sucursales y asegura que el acompañamiento de estas entidades es fundamental para aportar al crecimiento del país.
El micronegocio, según el DANE, es una unidad económica que tiene máximo nueve personas ocupadas que desarrollan una actividad productiva de bienes y servicios con el objetivo de obtener un ingreso.
La mayoría de los micronegocios son creados por supervivencia, no son subordinados, generan dos empleos en promedio, responden por deudas y obligaciones financieras y son unipersonales e informales.
Se perdieron más de 500.000 micronegocios en 2020
A estos negocios no les fue bien durante la pandemia. “En 2019 teníamos un estimado 5,8 millones de micronegocios, y en 2020 la cifra bajó a 5,4 millones, con una pérdida de más 500.000 micronegocios, lo que representa más de la cuarta parte de toda la población ocupada del país”, comentó Juan Daniel Oviedo, director del DANE, durante “Futuro y reactivación en un ecosistema emprendedor”, el Congreso de Asomicrofinanzas.
Según el DANE, los micronegocios en 2020 que empleaban a una persona cayeron en 3,5 %, los que generan entre dos y tres empleos se redujeron en 16,7 %, y los que generan entre cuatro y nueve empleos bajaron en 31,5 %.
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“Las microfinanzas ubicamos al microempresario como el eje principal del desarrollo económico y social del país. Con crédito y acompañamiento se ayuda a que poco a poco vaya creciendo y se convierta en una microempresa de acumulación que cuenta con activos. Por ejemplo, los que venden arepas en la calle y al poco tiempo tienen una parrilla, que es un activo. Se convierten en microempresas consolidadas, con activos más fuertes y mayores. Después pasan de microempresa hacia la pequeña empresa”, explicó María Clara Hoyos, presidenta de Asomicrofinanzas, un gremio conformado por 39 entidades.
¿Cómo le fue al sector de las microfinanzas en 2020?
Miguel Ángel Charria Liévano, presidente de Bancamía y de la junta directiva de Asomicrofinanzas, hizo un recuento del sector durante el congreso y mencionó que durante el primer trimestre de 2020 se realizaron más de 170.000 desembolsos por mes. La pandemia causó una caída histórica en los desembolsos y en abril alcanzaron una disminución cercana al 90 %.
De acuerdo con Charria, gracias a la recuperación de la actividad y a los programas de Gobierno, el flujo de crédito aumentó gradualmente y en el primer trimestre de 2021 alcanzó las cifras prepandemia. Sin embargo, las restricciones, el paro y los bloqueos causaron temor en los microempresarios para adquirir nuevas deudas.
“Julio y agosto nos muestran que podemos ser optimistas, el volumen de los desembolsos en estos últimos dos meses ya supera los niveles prepandemia y con ello estamos haciendo parte de la reactivación”, aseguró el presidente.
De acuerdo con cifras del gremio, en agosto el sector atendió a 2,7 millones de microempresarios, de los cuales el 52,1 % eran mujeres, el 63 % tiene cuotas inferiores a $500.000 y en promedio tienen a 2,4 personas a cargo.
¿En qué va la reactivación?
Las cifras del DANE revelan que los micronegocios han mostrado los primeros signos de reactivación económica. En el segundo trimestre de 2021, la cantidad de micronegocios aumentó 9,5 % comparado con el mismo período de 2020, el personal ocupado aumentó 8,5 % y se observó que el porcentaje de estas unidades productivas abiertas pasó de 77,8 % en el tercer trimestre de 2020 a 92,6 % en el segundo trimestre de 2021.
En cuanto a las ventas o ingresos nominales, aumentaron en 57,5 % en el segundo trimestre de 2021 comparado con el mismo período de 2020. “En este sentido, es importante reiterar que estamos seguros de que el apoyo a los micronegocios reflejará mejores resultados en materia de reactivación, de la mano de la oferta articulada de instrumentos que venimos desarrollando desde el Gobierno”, dijo el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo.
Oviedo aseguró que lo que falta por recuperar en empleo a cifras prepandemia está en el segmento microempresarial. Sin embargo, los micronegocios tienen el reto de la formalización. De acuerdo con cifras del DANE, en 2020 más de cuatro millones de estas unidades productivas no tenían Registro Único Tributario (RUT), 4’823.564 no tenían registro en la Cámara de Comercio y 4’819.565 no hizo aportes a salud y pensión.
“La formalización debe entenderse, más que una obligación de registro o tributación, como un medio de inclusión económica y social de los micronegocios en los mercados y un potenciador para que aumenten su productividad, accedan y generen a empleos dignos y sean más sostenibles”, afirmó Charria.
El sector se apoyará en la Ley de Emprendimiento, y los Conpes de formalización, emprendimiento y educación financiera. Hoyos también dice que es importante que estas unidades productivas queden exentas de pagos de Invima y que se reactiven los cupos de créditos para las microfinancieras rurales, porque es una fuente fundamental para llevar estos servicios a la base de la pirámide.